El 1 de septiembre de 1715, tras una lacerante agonía y 72 años de reinado, murió el rey Luis XIV, el irrepetible "Rey Sol", tan amante del poder como de las artes. Trescientos años después, el Palacio de Versalles lanzó hoy un fastuoso programa conmemorativo.

El "Gran Rey" expiró a las ocho y cinco minutos de mañana, según los Archivos Nacionales franceses, tras haber luchado en público con extrema dignidad contra una fétida y galopante gangrena, que terminó ganando su cuerpo desde el pie izquierdo hasta la cabeza.

Desde el 10 de agosto, día en que hace tres siglos la salud del viejo monarca comenzó a agravarse, el Palacio de Versalles donde vivió sus múltiples pasiones amorosas y artísticas, y donde falleció, rememora con la etiqueta #LouisXIV los detalles de su enfermedad y las circunstancias que le rodearon.

De tuit en tuit la existencia del hijo de Luis XIII y la infanta Ana de Austria -heredero del trono a los cinco años, en 1643- acabó también hoy en la cuenta oficial palaciega @CVersailles, aunque a las 8.15 minutos, a juzgar por la hora que ilustra el doble anuncio de su desaparición, ya con el nuevo hashtag #LeRoiEstMort.

"En directo" y siempre con versión traducida al inglés, los internautas podrán seguir desde esa misma cuenta las emociones, ceremonias, cortejos y preparativos que concluyeron en la Basílica de Saint-Denis, al norte de París, el 23 de octubre, con unos espectaculares funerales.

El Palacio de Versalles, creado por el monarca solar, que en 1660 contrajo matrimonio con la infanta de España María Teresa de Austria, no ha escatimado esfuerzos para recordar cómo terminó el reinado más largo de la historia de Francia y el que dio al país uno de sus momentos culturales y políticos más exultantes.

Una página web y un nuevo dispositivo digital se adelantan ya al coloquio y a la exposición que este otoño desmenuzarán la vida y, muy en especial, la muerte del creador de la Academia Francesa, protector de artistas como Molière, Lully o Racine, que sin embargo desgració su reinado con 33 años de guerra.

Un "rey de apariencias", para algunos críticos de su estrategia absolutista, que comenzó a ejercer el poder en solitario en 1661 y logró hacerlo perdurar en parte gracias a la habilidad con la que transformó la ambiciosa aristocracia de espada en una corte parásita dependiente de él, de sus deseos, prebendas e increíbles festejos.

Un MOOC, curso en línea abierto a todos los públicos, cuya inscripción acaba de abrirse, dará cuenta a partir del 27 de octubre de su vida en Versalles, de sus logros y de sus mayores errores, como la revocación en 1685 del Edicto de Nantes que en 1598 logró pacificar la convivencia entre católicos y protestantes.

Entre tanto, en la Capilla Real del palacio donde fijó su residencia en 1682 sonaron hoy sucesivas interpretaciones de Couperin, Lully, Marchand y otros compositores de la corte.

La misma ante cuyos miembros el "Rey Sol" se exponía cada día públicamente, desde que por la mañana abría los ojos hasta que a medianoche los cerraba, y ante la que -según historió Voltaire- vio venir su fin con un valor "despojado de la ostentación que prodigó a lo largo de toda su vida".

Hasta confesó sus faltas, recordaba el filósofo al recoger en Le Siècle de Louis XIV las palabras que en su lecho de muerte dedicó al futuro Luis XV, su biznieto de cinco años y único descendiente vivo, a quien dijo que lamentaba haber "amado demasiado la guerra" y pidió no imitarle en ello, ni en los excesivos gastos que hizo.

Convencido de la misión divina de su reinado, que tanto disfrutó ejerciendo y modernizó -aunque dejó seriamente endeudado en especial por la Guerra de Sucesión de España- recomendó asimismo a su delfín "no olvidar jamás" las obligaciones para con Dios, a quien "usted debe todo lo que es".

sc

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