Con banda y ópera dan voz a los indocumentados

José Adán Pérez participa en la obra que hace una crítica a la sociedad moderna y busca enviar un mensaje sobre la inclusión cultural
La ópera ¡Fígaro! (90210) es una adaptación de Las bodas de Fígaro de Mozart, y relata la historia de un trabajador indocumentado en una mansión de Beverly Hills. (FOTOS: MARIA BARANOVA. PRODUCCIÓN DE ¡FÍGARO! (90210))
18/04/2017
04:30
Alida Piñón
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El barítono José Adán Pérez se ha convertido en un músico a favor de los migrantes, a quienes les ha dado voz a través de su trabajo, y en un representante de la cultura mexicana en Estados Unidos.

No sólo ha logrado consolidar a la Banda en Nueva York dedicada a la música de banda, con arreglos de Julio Lizárraga, también se ha convertido en un icono gracias a la exitosa temporada de la ópera ¡Fígaro! (90210), adaptación de Las bodas de Fígaro, de Mozart, en la que se aborda la vida de los migrantes indocumentados en la Unión Americana.

La pieza se presentó por primera vez hace cuatro años en la Ópera de Los Ángeles. En ese entonces nadie imaginaba el giro que tomaría la vida política de esa nación. Ahora ha tenido su más reciente temporada en Nueva York y se ha convertido en un montaje con discurso anti Trump, con el que se busca enviar un mensaje acerca de la importancia de la inclusión cultural.

Y es que ¡Fígaro! (90210) aborda la historia de un trabajador indocumentado en una mansión de Beverly Hills y cómo debe enfrentarse a un magnate de bienes raíces que manifiesta una clara aversión hacia los indocumentados. El montaje ha recibido importantes críticas de diarios como The New York Times, en donde han destacado el trabajo del barítono mexicano.

José Adán Pérez, destacado cantante de ópera a nivel internacional que ha trabajado con Plácido Domingo, también ha protagonizado diversas producciones con la Ópera de Bellas Artes y ha sido dirigido por concertadores como Gustavo Dudamel.

El músico habla acerca de Banda Nueva York, integrada por músicos de varias nacionalidades, casi todos de formación clásica que han trabajado en grandes teatros, como el Metropolitan Opera; y de cómo la música ha sido un aliciente para las familias mexicanas a través de la Academia de Mariachi, en la Gran Manzana, donde es maestro.

¿Cómo te ha ido en Nueva York?

Llevo aquí cuatro años y me ha ido bien, ha sido divertido. He trabajado dando clases de canto a miembros de la comunidad hispana, he cantado en óperas, me he relacionado con la Academia de Mariachi y he hecho un par de cosas más. Estoy bien.

¿Cómo llegó a ti Fígaro?

A través de la Ópera de Los Ángeles en donde se estrenó. Ellos buscaban a alguien con las características que yo tenía, es decir, un cantante con un bagaje de cultura mexicana; además yo estuve en el programa de Plácido Domingo durante tres años, así que cuando les llegó la propuesta de llevarla a escena, pensaron en mí. Cuando vi que era una adaptación moderna de Las bodas de Fígaro, lo pensé dos veces, quise revisarlo y les comenté que quería leer muy bien esa aventura.

A la ópera le ha ido muy bien, la crítica y el público han salido complacidos. Ahora es la segunda vez que corre en Nueva York y la gente ha salido contenta. El trabajo del libretista fue muy importante y la crítica ha destacado la manera inteligente en cómo se llevó a la actualidad sin traicionar al título original; además, la música se respeta y está hecha por un quinteto de cuerdas y un piano.

Todos estos elementos han dado un gran espectáculo, gente como Plácido Domingo quedó encantado con la propuesta. Nunca había vivido una recepción tan positiva en un montaje. El propio Plácido ha dicho que este es el tipo de óperas con las que podemos llegar a públicos distintos y más jóvenes.

Esta temporada la ópera llega a Nueva York con Donald Trump como presidente.

¿Ha adquirido otra dimensión?

Sí, definitivamente, la misma audiencia nos lo ha dicho. Al final de la ópera el elenco sale a convivir con el público y nos han dicho que así lo siente.

Creo que la comunidad hispana que vive en Estados Unidos ha reaccionado ante la llegada de Trump en dos sentidos: una, con negación; y la otra, con confrontación, con la búsqueda de sangre. En este sentido, ¡Fígaro! no es una obra que busca la discordia, busca lo mismo que buscó Mozart en su momento. Es una ópera con diferentes discursos, hay enredos y situaciones, pero al final todos terminan en concordia. Es muy interesante lo que ha ocurrido con esta ópera en este contexto, porque cuando se estrenó en Los Ángeles nadie se imaginó que Trump llegaría a la presidencia; por eso se mantiene actual al reflejar esa confrontación de clases.

Al final, creo, ¡Fígaro! es una crítica a la sociedad moderna de cualquier país que vive una inmigración masiva. El ambiente político de los últimos años y este culto a la celebridades han abierto una caja de pandora y ahora muchos individuos sin preparación pretenden ser considerados como candidatos a puestos de representación pública y se sienten apoyados por sus seguidores de redes sociales. Lo que vivimos es un fenómeno muy raro y tenemos que aprender a sobrellevar.

¿Sigues dando clases en la Academia del Mariachi?

Sí, de vez en cuando apoyo a la comunidad. La mayoría de los mexicanos en Nueva York son indocumentados, todos son muy trabajadores, tienen sueños y deseos, y hacen el esfuerzo para que sus hijos puedan aprender música mexicana y vivan las tradiciones mexicanas. Las personas llegan a enfrentarse a otro país, a otra cultura, y poco a poco se va generando un vacío en las nuevas generaciones.

La Academia de Mariachi viene a intentar llenar ese vacío, a ser ese enlace con los orígenes y tradiciones. Pensemos en un joven que nació en Estados Unidos y que cuenta con una gran raíz cultural gracias a sus padres, tiene en la música una de las vías para conectar con esa tradición.

¿Es lo que has aprendido en Estados Unidos?

Sí, es lo que he visto en cualquier parte en donde hay una importante comunidad mexicana. Cuando era joven aprendí a tocar el violín y la guitarra, formé parte de un ballet folclórico, así que cuando viajé a Santa Mónica en California, que es la ciudad hermana de Mazatlán en Estados Unidos, me tocó ser testigo del sentimiento que se genera al estar en contacto con una parte de México, con el baile, la música; es realmente algo muy bonito.

Ahora aquí, en Nueva York, he conocido muchas historias de nuestros paisanos que llegaron hasta aquí y, como actor, he tratado de llevarlas al escenario; por ejemplo, Fígaro es una figura rebelde que atenta contra lo establecido, pero como todos los inmigrantes, es una persona que lucha todos los días por asimilar la nueva cultura a la que se enfrenta.

La obra Cruzar la cara de la Luna y ahora Fígaro son óperas que han contado historias alrededor de la migración. ¿Te parece que empieza a haber más interés en esa comunidad?

Ha habido intentos. En los tiempos de César Chávez hubo intentos por llevar las artes a esas comunidades. Ahora mismo Demián Bichir está protagonizando la obra Zoot Suit, que aborda a los pachucos del pasado. Creo que en el arte deben estar presentes las historias de cualquier grupo social. Para mí es importante darle voz a la comunidad, contar sus historias. Las manifestaciones culturales toman su rumbo y nadie puede pararlas.

En cualquier país hay grupos conservadores que no aceptan lo que consideran diferente, en el caso de Estados Unidos hay gente a la que no le interesa la cultura hispana, pero siempre se impone la multiculturalidad y la libertad. Nuestra responsabilidad es estar de lado de los hispanos y uno de los medios es el arte.

¿Qué tal te va con la Banda?

¡Ahí va! Es un proyecto muy chistoso. No soy el creador de la firma, sino mi vecino, Chris Scanlon, que se enamoró de la música de banda, le gustaban grupos como El Recodo y la Arrolladora Banda El Limón. Es trompetista y consideró que alguien que estudió música clásica podía encontrar en un género como la banda una forma de liberación y de motivación. Él encontró una gran fuerza y un gran poder.

En Nueva York, el uso de los metales es muy frecuente en géneros como la salsa y el merengue, pero aquí hay muchos mexicanos de estados como Puebla, Guerrero, Michoacán, que encuentran en la banda una forma de integración. Sin duda, el mariachi lo tenemos los mexicanos en la sangre, pero la banda está creciendo y está dándonos un sentimiento de unidad a los mexicanos que vivimos aquí. Es muy interesante ver a los paisanos en los bailes, vestidos de vaqueros, con las hebillas y las botas en los bares latinos con música regional.

De modo que la Banda Nueva York ha caído muy bien, no buscamos ser famosos, sólo queremos tocar nuevos estilos. Los músicos de la Banda constantemente tocan en Broadway, en el Carnegie Hall, en el Lincoln Center, algunos incluso han tocado con la orquesta del Metropolitan Opera, así que son grandes músicos que están interesados en esa música.

A mí me invitaron porque saben que soy de Mazatlán y en algún momento les dije que si en México supieran que canto esta música me iban a linchar. Por desgracia, hasta que algo cobra relevancia en el extranjero empezamos a valorarlo en nuestro país; es como el mezcal, que antes nadie lo quería y ahora es tendencia.

 

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