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Jerusalén. El Museo Israel está este año de fiesta por su cincuentenario, pero para Yvonne Fleitman, curadora del Arte de las Américas, siempre hay aquí motivo de celebración. Ello se debe a la riqueza de las colecciones que incluyen “piezas muy calificadas, realmente muy buenas, al profesionalismo con que se trabaja” y en gran medida, especialmente, a la presencia de México en la exhibición, afirma.
“La colección es buena porque es México, porque hay qué mostrar”, asegura.
Llegada hace 37 años de su Montevideo natal, esta arqueóloga uruguaya israelí que trabaja en el Museo Israel desde hace 25 años, se mueve como pez en el agua entre las piezas históricas y domina con soltura la identificación de cada objeto que adorna su sección.
En una entrevista con EL UNIVERSAL, Fleitman cuenta que el Museo Israel tiene 50 años, al igual que el Museo de Antropología de la Ciudad de México. “ Sin duda, la presencia de México está muy bien vista en nuestro museo en la parte de las Américas. Tenemos una colección muy buena de arte precolombino mexicano”, dice.
Destaca la relación entre ambas naciones y recuerda que en 1967 hubo un intercambio de objetos entre el Museo de Antropología de la Ciudad de México y el Instituto de Arqueología de Israel. “No podemos competir con la cantidad tan impresionante de objetos que hay en México, pero aquí también tenemos calidad de objetos”, reconoce.
No es novedad que junto a la riqueza de los hallazgos arqueológicos en diferentes partes del mundo, está la lucha contra la falsificación. Al respecto, Fleitman sostiene que el Museo Israel lidia con este desafío con mucha firmeza.
“Nos preocupamos mucho por ver que los objetos sean auténticos, que la restauración esté bien hecha , trabajando en un laboratorio de gran nivel para cerciorarnos de la calidad del objeto, ya que hay muchas cosas falsas, especialmente en arqueología precolombina; nos preocupa mucho estar seguros de la calidad”, dice.
Y agrega: “Gran parte de la explicación sobre el nivel de la colección es que la arqueología de México es fabulosa, la calidad artística a la que llegaron los diversos pueblos mexicanos precolombinos se ve únicamente en otro lugar más, Perú”.
Pero le da su lugar a México: “Las civilizaciones de ese país son fabulosas. También el arte, en todas las épocas, es fuera de serie. En resumen, la colección es buena porque es México, porque hay mucho qué mostrar”.
Da sólo algunos ejemplos de piezas que destacan, pues, indica, la lista es interminable.
“Tenemos, por ejemplo, dos cihuateotls, que son diosas menores del panteón azteca, que según la mitología acompañaban con sus cantares al Dios Sol Tonatihu desde el mediodía hasta la tarde, hasta la caída de sol. Son piezas bastante raras, de las que hay en todo el mundo más o menos una decena del tamaño monumental que nosotros tenemos”, relata.
También destaca una escultura del dios Xipe-Totec, uno de los cuatro más importantes del panteón azteca, además de un bajo relieve del dios Quetzalcóatl, con las dos caras de la piedra trabajadas. “Al frente, su cara luce pendientes de concha que son parte de su atributo; en la parte de atrás se ven representadas las plumas de su penacho, algo muy inusual”, explica Yvonne Fleitman.
Esto, además de piezas de la cultura maya, dos incensarios del área de Palenque. “Uno de ellos es fabuloso, se ve al rey Pakal, el más famoso de Palenque, de cuerpo completo”. También tienen “algunas tabletas con escritura maya, dos mascarones muy grandes de un rey representando al Dios del Maíz y otro del Dios Viejo”.
Fleitman cuenta que la arqueóloga Linda Manzanilla, autoridad a nivel mundial, ha estado en las salas de su sección en el Museo Israel junto a otros expertos mexicanos . “Le pedí a la profesora que me diga sinceramente si hay objetos que no sean auténticos. Y me confirmó que no los hay. Es que aspiramos al profesionalismo, a hacer las cosas bien”.
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