Historias del lado oscuro de la maternidad

Distintas obras muestran a madres en crisis, asesinas, secas, que nada tienen que ver con el ideal del 10 de mayo
La Compañía Nacional de Teatro presenta en el Teatro Jiménez Rueda la obra "El malentendido", de Albert Camus, que protagoniza Luisa Huertas, quien interpreta a una madre "seca", agotada y sin ilusiones (CORTESÍA SERGIO CARREÓN IRETA / CNT)
09/05/2015
05:44
Sonia Sierra
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En su novela Tras las huellas de mi olvido, Bibiana Camacho no escribió acerca de una madre amorosa sino de una autodestructiva. En su cuento “Campo de fresas”, Liliana Blum inventó a una sobreprotectora que, sin embargo, nunca protegió a la hija en su casa y fue víctima del incesto del padre. Patricia Laurent describió en la novela La giganta a una mujer que piensa en matar a sus 10 hijos y suicidarse. Fabio Morábito, a finales de los 80, creó “Las madres”, un cuento lleno de fantasía donde trazó una visión desacralizadora, una especie de animal “peligroso, acechante, lúbrico”, nada que ver con el ideal de madre que no cambia, cual “efigie perpetua”, proveedora de seguridad constante, un ser al que no se le admiten crisis ni transformaciones. Estos son ejemplos de una literatura que habla de madres en crisis, asesinas, frustradas, secas, con sueños rotos, que no son las venerables imágenes del pasado. En estos relatos los autores recalcan cómo callan o cómo no quieren mirar lo que son o viven sus hijos. Al mismo tiempo, las revelan más humanas.

La psicología, la vida interior, el conflicto de cada una con su condición de madre, la memoria familiar son tema de estos textos. Con sus novelas, cuentos y poemas, y de la mano de la ficción, han propuesto historias que reflejan diversas formas de vivir la maternidad, que nada tienen que ver con el discurso publicitario del 10 de mayo.

Una familia en vilo

Cuando Bibiana Camacho escribió Tras las huellas de mi olvido (Almadía) pretendía que la madre fuera un personaje secundario, sin embargo, sin que pueda explicar por qué, se hizo cada vez más protagonista. La madre de su libro es un ser con conflictos muy fuertes que ponen en vilo a toda la familia. “La protagonista, que retrata lo que ocurre en su casa, al final decide quedarse con su mamá porque se da cuenta de que ha sido un personaje muy solo y que ella misma, como joven, no ha logrado entenderla y compenetrarse con su naturaleza. Pero entonces ocurre un crimen”. Para Camacho, la madre en la cultura mexicana y latinoamericana ha sido una figura venerada y muy querida, a veces intocable, relacionada incluso con la virgen.

La mamá de su novela, interpreta, es un poco la propia Bibiana, y también es su abuela, su tía: “Llevo un diario como desde los 13 o 14 años y fue instigado por mi abuela, que durante años nos cuidó porque mi mamá y mi papá tenían que trabajar; era una alcohólica empedernida, era la más coherente, una mujer con mucho desparpajo”. Camacho, autora también de Tu ropa en mi armario y La sonámbula, considera que no hay muchos referentes de la madre en las letras mexicanas. “Creo que el hombre trata de saldar deudas con el papá mientras que evita hablar de la mamá. Se habla del padre, no de la madre; ella es intocable, ‘haya sido buena o mala a ella no me la tocas’. Pero es importante contar esa historia en la ficción, romper los tabúes de que la mamá es como la Virgen de Guadalupe y el papá siempre es el malo”.

Reflejos

En Pandora (Tusquets) y en cuentos como "Campo de fresas", Liliana Blum se refiere a madres muy diferentes entre sí. El personaje de Pandora es una mujer muy gorda, que se vuelve “mórbidamente obesa”, y que entra en una fantasía. Una revisión de su pasado muestra a una madre súper rígida que siempre estuvo a dieta, con un cuerpo, una casa, una vida donde todo tenía que ser perfecto. “Pandora siente todo el tiempo que está defraudando a esa mamá. Y la mamá dice que lo hace por su bien pero, obviamente, también por sí misma, porque las hijas son un reflejo de ella”.

Lo que le ha pasado a Blum con este libro es que muchas personas se han acercado con ella para expresar su identificación con Pandora. Madre de dos chicos de 15 y 11 años, Blum también participó en el libro Atrapadas por la madre, que coordinaron Ethel Krauze y Beatriz Espejo; escribió además en El libro perdido de Henrich Böll acerca de un personaje femenino que siente que no es lo suficientemente bueno para la madre; en su cuento “Campo de fresas”, del libro No me pases de largo, no sólo habló del incesto sino de que la madre nunca admitió lo que pasaba. El nudo en esta historia, agrega, pasa por “el qué dirán, qué dirán de mis hijos, que dirán de mí”.

Sobre el tema de la madre en su obra, Blum dice que en sus cuentos hay relaciones problemáticas entre madres e hijos: “Son cosas que observo, me baso mucho en lo real”.

A través de la fantasía

En la literatura de Fabio Morábito hay un cuento, “Las madres”, que abre su libro La lenta furia (Tusquets). Es una historia fantástica donde, cuenta el escritor, las madres son vistas como animales que sufren ciclos biológicos que pasan de su naturaleza plácida, protectora y tranquilizadora, a ser unos animales peligrosos. Pero sucede que esa es la estación por la que tienen que pasar periódicamente para poder mantener aquella primera. Entre otros textos, Morábito tiene un poema: Mi madre ya no ha ido al mar, que él mismo describe como un diálogo con una madre inválida, no físicamente, sino porque carece de algo importante: el mar. “No sé qué signifique, pero otra vez es una madre vista no desde la fuerza, como sinónimo epítome de la seguridad, sino más bien una especie de hija que carece de algo que los demás no le han podido dar, que es una salida al mar”.

Para Morábito, el tema de la maternidad siempre ha sido muy importante, pero también el de la paternidad: “He huido de esa maternidad convencional, consagrada, donde es un ser venerado y venerable. Esa idea de la madre nos la ha dejado la publicidad, el día de la madre es un movimiento comercial, aborrecible”.

El escritor considera que afirmar que la figura del padre ausente es lo que predomina en la literatura mexicana no es tan simple: “La figura del padre ausente no puede sino relacionarse con la madre. Es consecuencia de un hecho social que no cambia con el tiempo, hay padres ausentes en todas clases sociales. Es un elemento frecuente empezando desde Pedro Páramo, pero no menos importante que el papel de la madre, uno siente al padre ausente en la medida que siente presentísima a la madre”. Morábito cita una novela contemporánea mexicana donde la madre es fundamental: Canción de tumba, de Julián Herbert, que reconstruye la historia de la madre del escritor, prostituta en su juventud y que se está muriendo de leucemia.

Matar a los hijos

Patricia Laurent es autora de La giganta (Planeta), la historia de una madre “un poco diferente en la tradición mexicana”, una mujer que tiene 10 hijos y siempre está pensando en matarlos y suicidarse. “Su condición es precaria: tiene 10 hijos, toma mucho tequila, es indígena y un francés es el padre de sus hijos. No es aprehensiva, no se siente víctima, simplemente le parece muy difícil estar viva”. Laurent buscó hacer un homenaje a una madre no convencional. Una madre cuyos hijos se sienten como borradores humanos, perdidos, y que se convierten en padres de sus padres.

Una madre en escena

La actriz Luisa Huertas protagoniza El malentendido, de Albert Camus, que en el Teatro Jiménez Rueda con la Compañía Nacional de Teatro (entrada libre). Ella encarna a una madre extraña que describe con una palabra: seca. El personaje ha vivido las dos Guerras. Es una mujer con dos hijos, que vive con su hija, y que asiste un día al regreso del hijo. “Es una mujer muy seca que ha pensado en la sobrevivencia, que se siente ya al final de la vida totalmente agotada y sin ninguna ilusión que la mantenga viva. La hija quiere irse, odia ese lugar, odia el entorno. Ese modelo de madre lo podemos encontrar en muchos lados en la actualidad; madres que se pasan la vida más que pensando en formar, educar a sus hijos, pensando en sobrevivir, y su manera de expresar el amor es lograr que sus hijos coman…”

En la obra de Camus, relata la actriz, para la madre, el tiempo de irse ya pasó. Y la hija se lo dice: “Usted ya es vieja, usted no tiene deseos pero yo sí”. El regreso del hijo a casa marca un cambio y una tragedia familiar. “El hijo es el detonante de la conciencia de esta madre, de darse cuenta de que ha vivido en un limbo, sin amor, sin ilusión, sin esperanza, que es una mujer seca, emotivamente. Con su regreso, descubre el renacer del amor pero de una manera muy dolorosa…  Y entonces dice: ‘El sufrimiento de renacer al amor es lo que resulta superior a mis fuerzas’”.

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