Depresión y suicidio: una dupla tormentosa

De los intentos suicidas en adolescentes de ambos sexos, entre 75% y 90% son realizados por mujeres que pasan por su periodo premenstrual
Los suicidios consumados representan en México sólo la décima parte de los intentos de suicidio. FOTO: ESPECIAL
14/07/2017
00:22
Roberto Gutiérrez Alcalá
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A pesar de las profundas crisis sociales y económicas que hemos padecido en los últimos tiempos, México es uno de los países que sigue teniendo una de las tasas más bajas de suicidios en el mundo. Y es que, así como hay factores de riesgo para atentar contra la vida propia —entre los que destacan la depresión, los rasgos de personalidad conflictiva y la disfunción familiar—, también existen factores protectores.

Uno de estos factores protectores es conocido como confrontación pasiva del estrés, y nos ayuda a afrontar, difiriéndolo, cualquier problema. Este factor protector hace que aumente nuestra tolerancia y, también, nuestro manejo de la agresión.

Y esto no nada más se ha visto en fenómenos clínicos. El psicólogo Luis Lara Tapia lo investigó durante la Guerra Fría en el Instituto de Ciencias del Comportamiento en La Jolla, California, Estados Unidos, en modelos de tensión internacionales.

“Cuando el modelo era estadounidense, podía haber una guerra mundial, porque los estadounidenses tienden a poner en práctica una confrontación activa, representada por la frase to do to make something, ‘hay que hacer algo’, muy usada por ellos. En cambio, cuando el modelo era mexicano, no se corría un riesgo inminente de que estallara un conflicto armado, porque los mexicanos tendemos a esperar para obtener más información antes de tomar una decisión; esta confrontación pasiva del estrés es representada por la típica frase ‘espérate tantito’. Es decir, uno aguanta mucho, y esa forma de aguantar hace que uno se adapte a circunstancias adversas”, dice Héctor Lara Tapia, académico de la Facultad de Psicología de la UNAM, especialista en el tema de la depresión y el suicidio, y hermano de aquél.

Otro factor protector es el afecto de la familia, el cual proporciona mucha contención; por eso, cuando se pierde como resultado de una dinámica familiar mala, la posibilidad de un intento de suicidio se incrementa.

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Héctor Lara Tapia, académico universitario. (JUSTO SUÁREZ)
 

Indefensión aprendida

Para explicar el origen de la depresión clínica, el psicólogo estadounidense Martin Seligman estableció en la década de los 60 su teoría de la indefensión aprendida, según la cual dicho trastorno mental aparece cuando las personas “aprenden” a comportarse pasivamente y asumen que sus “fracasos” se deben a sucesos incontrolables, independientes de sus acciones.

De acuerdo con Lara Tapia, las circunstancias actuales que se viven en el país —inseguridad, violencia, corrupción, impunidad, irritación social— han creado un caldo de cultivo para que una gran cantidad de gente tenga no una depresión clínica, pero sí rasgos depresivos.

“Y si a estos rasgos depresivos se les suma una disfunción familiar o un conflicto emocional, puede haber un intento de suicidio”, añade.

Los suicidios consumados representan en nuestro país sólo la décima parte de los intentos de suicidio.

En menores de edad

Por lo que se refiere a la mortalidad por suicidio en menores de edad (de entre ocho y 12 años), también es bajísima.

De acuerdo con el estudio que Lara Tapia llevó a cabo con una muestra de más de 5 mil pacientes con depresión del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) y que publicó hace cinco años, los intentos de suicidio en menores de edad representan alrededor de 15% de todos los intentos de suicidio registrados.

“Los menores de edad que intentan suicidarse viven en un entorno familiar muy conflictivo que les impide encarar y resolver cualquier problema. Por lo general van mal en la escuela y por ello son castigados o golpeados, en ocasiones de manera brutal. Así, en esas condiciones, hay una predisposición y unos rasgos de personalidad depresivos que, cuando surge una dificultad —por ejemplo, la posibilidad de reprobar un examen o el año escolar—, los empujan a recurrir al suicidio como una forma de evasión, de escape. Por cierto, los problemas escolares son la causa que los lleva a pensar con más frecuencia en el suicidio.”

Por otro lado, no resulta raro que un menor de edad que aprendió a manejar mal sus problemas y ya intentó suicidarse, corra más riesgos de volver a intentarlo al entrar en la adolescencia.

Cabe apuntar que los menores de edad no manifiestan la depresión de la misma forma en que lo hacen los adultos.

Algunos de los síntomas depresivos en los adolescentes son el abandono de sus juegos, el desinterés por todo lo que se relacione con la escuela, el aislamiento...

Periodo premenstrual

Debido a trastornos mentales como la depresión, pero también a otras patologías como las adicciones (al alcohol y a las drogas, principalmente), la incidencia de los intentos de suicidio se intensifica en los adolescentes.

“Con las adicciones se hacen presentes otras conductas disruptivas, incluso de tipo disocial, en las cuales aparece otro elemento: el chantaje familiar o la amenaza. Y, obviamente, la mayoría de los adolescentes en crisis repiten sus intentos de suicidio porque en realidad no quieren morir, sino obtener lo que se llama una ganancia secundaria, la cual consiste en sembrar una gran culpa en los padres, en la novia o el novio, o en quien sea”, indica el académico universitario.

En la adolescencia se agregan otro tipo de factores que inciden en la aparición de los intentos de suicidio, como los problemas emocionales de pareja y, en el caso de las mujeres, la tensión premenstrual.

“En efecto, ante una situación conflictiva, la tensión premenstrual favorece la exageración de la respuesta emocional. Esto es muy común, tan común que prácticamente de los intentos suicidas en adolescentes de ambos sexos, entre 75% y 90% son realizados por mujeres que pasan por su periodo premenstrual.”

Un dato interesante: la tasa de intentos de suicidio es más alta entre las mujeres, pero la de suicidios consumados es más alta entre los hombres.

Aspectos clínicos

En su ya clásica obra El suicidio. Estudio de sociología (1897), el sociólogo y filósofo francés Émile Durkheim intentó explicar el suicidio como un fenómeno social y no como un fenómeno estrictamente individual. Sin embargo, en opinión de Lara Tapia, la explicación del suicidio no debe buscarse sólo en los aspectos sociales, sino sobre todo en los clínicos.

“Una de las conclusiones a las que mis colegas y yo hemos llegado es que en el suicidio no sólo influyen los aspectos sociales; para que se dé tiene que haber un trasfondo psiquiátrico. Las personas que intentan suicidarse ya padecen una psicopatología desde niños”, finaliza Lara Tapia.

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