Cambio climático: Gran ambición, turbia realidad

Ante la salida de EU del Acuerdo de París es necesario el ejercicio de autocrítica. México se muestra con grandes ambiciones en el control de sus emisiones, pero la realidad empaña el reto
Cambio climático: Gran ambición, turbia realidad
(FOTO: ESPECIAL)
12/06/2017
00:21
Berenice González Durand
Ciudad de México
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Alrededor del Polo Norte de la Tierra se dibuja un territorio trazado en blanco y azul conocido como Ártico. En las escenas de osos polares sin alimento, trozos de hielo derretidos a gran velocidad y soles de medianoche sin brújula, los científicos han visualizado el impacto más preocupante del hombre en la naturaleza. Lo que allí se evidencia con más fuerza, tiene eco en todo el mundo.

La huella humana cada vez se hace más evidente en un fenómeno que aún se miraba con escepticismo hace tres décadas, sin embargo actualmente las pruebas se suman mostrando el poderoso impacto que han tenido las actividades humanas para calentar el planeta y provocar el llamado cambio climático. A más de 11 mil kilómetros de distancia de esta gélida área del planeta se encuentra México, cuya situación geográfica contribuye a que sea reconocido como una de las zonas del mundo más vulnerables por este fenómeno y que además ocupa el lugar número 12 del mundo como emisor a nivel global.

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Cambio climático: Gran ambición, turbia realidad

Ante la salida de EU del Acuerdo de París es necesario el ejercicio de autocrítica. México se muestra con grandes ambiciones en el control de sus emisiones, pero la realidad empaña el reto
Cambio climático: Gran ambición, turbia realidad Cambio climático: Gran ambición, turbia realidad

La temperatura de la superficie del planeta aumentó 0.74ºC en el siglo pasado. los especialistas consideran que el aumento del nivel de los océanos es directamente proporcional al calentamiento generado: el nivel de los mares se incrementó a un promedio de 1. 8 mm al desde 1961 y 3.1 mm a partir de 1993. Se calcula las actividades antropogénicas suman a la atmósfera alrededor de 28 mil millones de toneladas anuales de CO2, el gas de efecto invernadero (GEI) más importante en esta ecuación. Estados Unidos y China generan alrededor del 40% de los gases que suben la temperatura global. A pesar de esto, el actual presidente de EU decidió dejar uno de los grandes logros sobre medio ambiente en el mundo: el llamado Acuerdo de París.

El buen juez...

El Acuerdo de París (COP21) es un convenio firmado por 195 países a finales del 2015, que entró en vigor el 4 de noviembre del 2016 bajo la supervisión de la ONU. Su objetivo es limitar el ascenso de la temperatura mundial a menos de dos grados centígrados anuales, mediante compromisos que ayuden a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. El pacto ha sido ratificado por 147 de los signatarios, México entre ellos, que reiteró su compromiso de reducir 22% sus emisiones de GEI.

Para Ninel Escobar, Coordinadora de Adaptación al Cambio Climático de la asociación ambientalista WWF en México, la gran aportación del Acuerdo de París es que una gran cantidad de naciones se han comprometido a realizar acciones de manera nacional para contribuir al control de la temperatura, cuyo límite preferentemente tendrá que estar entre 1.5 y 2 grados, lo que los científicos consideran una cifra aún manejable.

La nueva figura que surge con el acuerdo de París son los INDC´S (Contribuciones Intencionales Determinadas a nivel Nacional). Estos compromisos son establecidos por cada país y mediante una serie de documentos se definen los retos para un periodo en el futuro cercano. “México fue el primer país en desarrollo en presentar sus INDC´S ante la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático. En el país se ha buscado desarrollar una arquitectura institucional al respecto, entre las que destacan iniciativas como la Ley General de Cambio Climático, el Programa Especial de Cambio Climático y la Estrategia Nacional de Cambio Climático”. Para la experta, este es un ejemplo de documentos rectores que marcan la línea sobre cómo el país debe empezar a reducir sus emisiones y empezar a adaptarse a los cambios que estamos viviendo.

Escobar explica que además de la reducción de 22% de los GEI de manera no condicionada, es decir sin recibir ningún apoyo de la comunidad internacional, México se ha comprometido a través de sus INDC´S a subir este porcentaje al 36% si se llega a un acuerdo global que derive en ayuda internacional para cumplir los objetivos.

A nivel global, la mayor fuente de gases de efecto invernadero proviene de la generación de electricidad, pero en México este lugar lo ocupa el transporte. De acuerdo con el Inventario Nacional de Gases de Efecto Invernadero, este sector representa 26% de las emisiones totales. Escobar explica que en el tema de transitar a patrones de movilidad más sustentables hay avances, por ejemplo se espera que tanto a nivel particular como público la apuesta sea eléctrica y explica que actualmente existen iniciativas de empresas privadas y a nivel gubernamental que preparan proyectos para impulsar este uso. Sin embargo, la realidad cotidiana con altos índices de contaminación y el incesante aumento del parque vehicular, parece opacar las buenas voluntades.

“Aunque hay muchos proyectos e iniciativas, claramente son insuficientes para cambiar nuestra forma de vivir y transportarnos en las ciudades. El problema es que las ciudades fueron planeadas hace muchos años justamente priorizando el uso del automóvil y revertir ahora ese modelo es muy complicado, sobre todo en lugares con las dimensiones de la CDMX”.

El otro compromiso fundamental de México plasmado en el Acuerdo de París es reducir sus emisiones del sector industria para generar 35% de energía limpia en 2024 y 43% en el 2030. Las evaluaciones internacionales que se hacen de estos compromisos nos ubican “con un nivel medio de ambición”. Esto significa que aún son esfuerzos insuficientes para mantener la temperatura global según el Acuerdo de París. Explica que en este sentido, lo que intenta la comunidad internacional, no sólo para el caso de México sino de muchos otros países, es que se transite a mayor velocidad a patrones de bajas emisiones con el apoyo exterior. “Si bien la salida de Estados Unidos del Acuerdo representa un reto, considero que la buena noticia es que la tendencia mundial apunta a la transición a tecnologías más limpias”, dice y apunta que estos cambios van a seguir sucediendo con o sin Trump, pues de hecho las energías renovables se están volviendo la mejor opción también desde lo económico y comparadas con la inversión en combustibles fósiles.

La apuesta que falta: desarrollo tecnológico

Nuestra nación representa el 1.67 por ciento de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, porcentaje que se ha incrementado en los últimos años y lo seguirá haciendo hasta 2026. Se gún los compromisos del acuerdo se planea alcanzar la meta de reducción de 2% en 2030.

El doctor Carlos Gay García, coordinador del Programa de Investigación en Cambio Climático de la UNAM (PINCC) afirma que México está tratando de hacer cosas frente al cambio climático e incluso posicionarse con el liderazgo en la región, pero lo que hace falta es que los compromisos que se buscan establecer en el país en este tema vayan de la mano integralmente con todas las políticas que se gestan el país, pues en ocasiones pareciera que cada una de las Secretarías tienen objetivos independientes.

“Pero algo que es muy importante subrayar es que México necesita invertir más en investigación, educación y desarrollo tecnológico”, señala y subraya que mientras dependamos de la tecnología extranjera, México seguirá creciendo por inercia, pero no al ritmo necesario para cumplir con los compromisos ambientales con impacto dentro y fuera del territorio.

Por otra parte considera que esta falta también se refleja en el desarrollo que han tenido las energías renovables. “Por ejemplo, la energía eólica no está siendo negocio para habitantes y propietarios de la tierra. Es negocio para otros y el reto es que todo se mantenga a flote dignamente, que la estrategia climática sea integral”.

También en materia de la llamada “Adaptación basada en ecosistemas”, las ambiciones son altas: México se ha comprometido para el 2030 en alcanzar una tasa cero en deforestación. En el caso de la adaptación al sector social se ha comprometido a garantizar la seguridad alimentaria y acceso al agua, así como reducir 50% el número de municipios vulnerables. A este último respecto, Gay señala que de los alrededor de 2446 municipios que existen en el país han sido contemplados al momento alrededor de 300 para sacarlos de esta vulnerabilidad, pero hace falta que las instancias gubernamentales correspondientes informen con mayor eficacia de las estrategias y resultados en estas comunidades.

Los expertos coinciden que sin embargo establecer compromisos en materia de adaptación es ya un logro, pues durante muchos años los países sólo se concentraron en la reducción de emisiones y estos nuevos compromisos hablan del reconocimiento de las problemáticas. Escobar explica que también están incluidas otras actividades centrales a las que es importante darles seguimientos aunque no se tenga meta específica, como el caso de la gestión integrada de recursos hídricos, la reducción de la vulnerabilidad de especies y lograr la restauración de ecosistemas.

Por sus características geográficas, México es especialmente vulnerable a eventos hidrometeorológicos. “El tema del agua es central, pues una de las principales vías de manifestación del cambio climático en nuestro país es precisamente a través del ciclo del agua. Ya lo vivimos con una sequía muy grave en 2011, contrastando con otros eventos recurrentes como inundaciones y huracanes. En ese sentido, la gestión del agua va a ser vital para la adaptación de la población. Será vital que el gobierno aterrice programas y políticas especificas en el tema o las vincule a las políticas ya existentes de una manera más sustentable”.

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