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Evaluación de recursos hídricos en zonas vitivinícolas, requieren precisión científica para luchar contra el cambio climático
Elaboración de un libro sobre los escenarios del cambio climático. Foto: Archivo
17/08/2015
00:10
Berenice González Durand
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La operación es sencilla: sin agua, no hay vino. En el último siglo, la población mundial se ha cuadruplicado, pero el consumo de agua se ha multiplicado por nueve bajo la demanda de todas las actividades humanas que reclaman su uso. La vid requiere relativamente poca agua, pero la industria vitivinícola requiere optimizar el uso del tesoro hídrico, sobre todo en tiempos en los que los efectos del cambio climático se vuelven más evidentes.

Se considera que la planta puede sobrevivir en temperaturas extremas con precipitaciones de 250 milímetros anuales, sin embargo existen muchas variables que determinan la cantidad de agua que realmente está a  disposición de las plantas, como la capacidad de almacenamiento de los suelos. La producción y calidad del vino también dependerá de cómo se logre hacer más eficiente el recurso hídrico.

La región noroeste de México es una de las más importantes en la producción vitivinícola nacional, pero su clima semidesértico le impone ciertos retos a la industria que debe resolverlos con mayor precisión para no tambalearse en un mercado de por sí complicado.

A pesar de que se ha elevado su consumo en nuestro país en la última década, México se encuentra en el lugar 42 de la lista de países consumidores de vino en todo el mundo, según datos de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV). Alrededor del 17% de la población de 20 a 65 años lo consume, pero sólo la quinta parte bebe producto nacional.

A pesar de todo, las bodegas nacionales luchan en los mercados internacionales por posicionar productos de calidad y la alianza con los científicos cada vez cobra más importancia.

“Para la industria vitivinícola la parte más importante es tener suficiente agua, sin el recurso hídrico no hay riego y no hay cosecha. Es indispensable  hacer su uso más eficiente y realizar la búsqueda de fuentes alternas”, señala el Doctor Thomas Kretzschmar, Jefe del Departamento de Geología  del Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (CICESE).

Durante tres años Kretzschmar encabezó un proyecto apoyado por el Fondo Institucional de Fomento Regional para el Desarrollo Científico, Tecnológico y de Innovación (FORDECyT) que tuvo como finalidad la evaluación de la disponibilidad y uso eficiente del agua en el desarrollo sustentable de la vitivinicultura en la región noroeste de México. 

A unos meses de haberlo finalizado, uno de los resultados más importantes es la instauración de un laboratorio de campo permanente para estudios en hidrología en el corazón del Valle de Guadalupe, ubicado a 30 Kilómetros de Ensenada, al interior de la península de Baja California.

Esta zona de viñedos al sur de la línea fronteriza, que se extiende en nuestro país desde Mexicali hasta Ensenada, es favorecida por su posición perpendicular al Océano Pacífico que propicia  un clima mediterráneo ideal para los cultivos. Particularmente el Valle de Guadalupe es considerado por los expertos como un paraíso botánico que concentra algunas de las mejores variedades de uva del mundo.   

“Este laboratorio es un proyecto a largo plazo, mínimo 20 años, para que pueda haber datos continuos. La idea es iniciar algo que permanezca", señala el especialista y agrega que toda el agua que se usa en esta región es  subterránea.

"Lo que analizamos es qué pasa con la recauda porque la disponibilidad del agua en esta región depende directamente de la precipitación. La pregunta principal es cómo funciona en estas condiciones climatológicas de semi desierto el proceso de infiltración pluvial, hasta dónde tiene que llegar el nivel del agua para aportar a los mantos subterráneos y en qué nivel”.

Efectos del cambio climático

El laboratorio ya está montado al interior de los terrenos de la vinícola Mogor y actualmente se realizan tesis de maestría y doctorado para fortalecer estos estudios.

“También en este laboratorio podremos observar cómo es que el cambio climático afecta la disponibilidad de agua”, señala el especialista de la División de Ciencias de la Tierra del CICESE.

En este aspecto Kretzschmar agrega que  actualmente están contribuyendo con sus  investigaciones  para la elaboración de un libro sobre los escenarios del cambio climático en la industria vitivinícola de Baja California. El documento que se contempla quede listo antes de finalizar el año, es realizado por un equipo interdisciplinario coordinado por la Doctora Teresa Cavazos, investigadora del Departamento de Oceanografía física también del CICESE, y fue impulsado por la Cámara de Senadores y el instituto Nacional de Ecología (INECC).  

A pesar de un aumento estimado entre 1.5 y 4 grados para finales del siglo, se considera que estas tierras aún podrían seguir siendo aptas para los cultivos durante un siglo. El investigador explica que los escenarios se realizan basados en ciertos modelos climáticos.

“Hay ciertas incertidumbres, pero existe la posibilidad de disminución de precipitaciones de alrededor de un 10% dentro de 20 o 30 años”, señala y agrega que estas aproximaciones probablemente tampoco se traten propiamente de una disminución, sino de una redistribución del recurso: que haya más lluvia en menos tiempo.

El experto subraya que en este modelo no está contemplado el efecto del fenómeno meteorológico de El Niño que podría cambiar el panorama a corto plazo.

“El problema de las regiones vitivinícolas de Baja California es que estos acuíferos tienen una respuesta muy rápida: si hay poca precipitación, se nota inmediatamente en la bajada de los niveles. Hay otras regiones del norte del país, como Chihuahua, donde el tiempo en que llega el agua de la superficie al acuífero es de muchos años, hasta siglos. En cambio en esta región se trata de meses o incluso días”.

Es por esto que los especialistas trabajan con los vitivinicultores para lograr hacer captaciones pluviales mediante los llamados “bordos de retención”, estructuras que bajan la velocidad de la caída del agua y aumentan la infiltración del agua. Este tipo de técnicas son ancestrales y  se aplican en otras regiones desérticas del planeta como África, pero la intención es revalorarlas, adaptarlas y aplicarlas adecuadamente en las zonas y  contextos específicos.

“Actualmente las técnicas de riego son muy sustentables, no se puede disminuir más la cantidad de agua. Tienes que aplicar cierto estrés hídrico. Todas las vinícolas ya están regando por goteo, no hay desperdicio de recurso hídrico, pero esta técnica también requiere una inversión significativa”, comenta Kretzschmar.

Herramientas científicas

Aunque se trata de ahorrar el recurso de manera óptima, es importante conocer su variabilidad para detectar con claridad las áreas de mayor infiltración y las que requieren más protección por su poca captación. Una de las principales herramientas científicas para el diagnóstico geohidrológico son los satélites especializados en climatología.

“Las imágenes satelitales son esenciales para hacer el balance hídrico. Tenemos que ver cuánta agua entra a una cuenca y cuál es la cantidad de agua que sale. En base a esto se hace el balance y se nota la disponibilidad, la meta es saber qué cantidad podemos tener disponible”. 

Estos balances están acompañados por el estudio de todos los componentes del ciclo hidrológico en el valle, como: evaporación, recarga, escorrentía, infiltración, flujo subterráneo, transpiración y extracción con estudios  hidrogeológicos, geofísicos, hidrogeoquímicos e isotópicos.

Ante la escasez del agua, también se buscan alternativas de riego. En este sentido, durante el proyecto apoyado  por el FORDECyT  también se trabajó el tema del reuso del agua.

“Colegas de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) utilizaron agua tratada para ver si tenía un impacto en el rendimiento y calidad de las vides. Los resultados son que sí se puede utilizar estos recursos, pero con ciertas precauciones. Se tiene que evaluar su calidad, tiene que haber una medición y control continuo de estas fuentes. Todos estos resultados se presentarán el mes entrante en un foro con las vinícolas de la región”, apunta.

“Algo muy importante es también la colaboración con las otras áreas. Para enfermedades en las plantas  trabajamos con especialistas en microbiología; en el estrés hídrico (cuando la demanda de agua es mayor a la disponibilidad) con los agricultores; para el estudio de los efectos del agua tratada trabajamos  con los vitivinicultores. Es un constante trabajo interdisciplinario”, señala y apunta que finalmente  todo está conectado.

Un ejemplo es cómo  el estrés hídrico de las vides está relacionado con algunas enfermedades , como algunas  que tienen que ver  con hongos. 

“Nadie es un todólogo, la aportación es de varios. Es muy importante trabajar en conjunto, se hace pero no al máximo. Actualmente tenemos muy buena relación con las casas vinícolas, nos escuchan. Hay que lograr que industria, autoridades y científicos trabajen juntos para lograr sustentabilidad a mediano y largo plazo”.

 

kal

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