De sol a sol: kilómetros de libertad

Desde el puerto de Veracruz hasta Acapulco, cerca de 1,200 motociclistas coparon las carreteras para poner a prueba su capacidad de resistencia y de gozo por la vida. Es la rodada Sol a Sol. Allí estuvimos para contarlo.
03/06/2017
16:00
Motorette
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Mucho se habla de las sensaciones de libertad y de la peculiar manera de ver la vida que obtienes cuando viajas en motocicleta; se habla menos de la gran camaradería que nace en el interior del grupo con el que recorres miles de kilómetros. De eso se trata este emblemático desafío: cruzar el país en un día entero, desde que aparece el sol en el horizonte hasta que se oculta del lado contrario. Es como si todos los integrantes, cada quien en su motocicleta, persiguieran al Astro rey y al mismo tiempo, compitieran contra sí mismos, en una carrera de resistencia para el cuerpo. 

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El premio no es la medalla que te dan o la foto en la playa, sino lograr el objetivo de vencer el hambre y el calor; de divertirte montando tu motocicleta con los amigos. Podríamos hacer muchas metáforas. Evocaríamos, por ejemplo, a caballeros de la Guerra santa que, montando sus corceles, conquistaban territorios. O a tribus nómadas en búsqueda de caza. Lo cierto es que cada minuto, cada kilómetro, cada gota de sudor es bien recompensada cuando te acercas a la meta,  más cuando alguien en tu grupo ponchó un neumático y, mientras era reparado, todos esperaban con optimismo; mucho más cuando la gasolina en el tanque disminuía y la distancia a la próxima estación parecía abismal; todavía más cuando uno de tus compañeros decía que ya estaba cansado y recibía el aliento comunal. Señoras y señores, esta es la rodada Sol a Sol.

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Curva tras curva. Ciudades, pueblitos, las pausas en las gasolineras, las tienditas, manejando de día, de noche, con lluvia. El viernes es un día tranquilo, pues simplemente llegas al hotel Diligencias, sede del Sol a Sol, a recoger tu kit de bienvenida para el reto del día siguiente. 

El sábado todo comenzó muy temprano. A partir de las 5:00 am nos preparamos, desayunamos algo, amarramos todo a la motocicleta y no dirigimos a la tradicional foto oficial para recibir al sol, que guiaría todo nuestro trayecto cual exploradores que buscan nuevas tierras. Aquel momento fue impresionante: 850 motocicletas estacionadas frente a los enormes buques, cerca de 1,200 participantes listos para disfrutar un día de aventura. Algo digno de recordar.

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Así arrancamos y poco a poco dejábamos atrás el estado de Veracruz para entrar a Puebla. Los organizadores proponen tres rutas diferentes, pero cada quien elige la suya dependiendo de qué tanto quiera divertirse. Nuestra elección: autopista primero y carreteras federales después pasando por una infinidad de pequeñas comunidades, topes, baches, caminos muy accidentados, caballos, burros, perros, carretas, camiones que transportaban cañas quemadas de un ingenio a otro y, en todos lados, gente sorprendida de ver a tantos motociclistas juntos. 

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Por fin llegamos a Atlixco a desayunar/comer y recargar fuerzas para lo que restaba del camino, poco más de la mitad del recorrido. Así continuó nuestra travesía, hasta que dijimos adiós a Puebla. Las carreteras sinuosas de Izúcar nos recibieron, luego Cuautla y de ahí hasta Chilpancingo por el Cañón del zopilote y sus interminables curvas. Llegamos a Acapulco a las 6 pm, 11 horas después, poco más de 700 km en el cuerpo y una sonrisa de oreja a oreja.

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Así concluyó esta increíble experiencia de poco más de 1,300 km durante tres días, a bordo de una motocicleta, viajando de sol a sol y haciendo una de las cosas que más nos gusta: rodar con nuestros amigos. Para quienes ya lo han hecho, saben de lo que estamos hablando. Quienes quieren experimentarlo, podemos decirles que es una de las mejores aventuras, similar a la carrera que concluye un maratonista tras meses de entrenamiento. Ya nadie te lo cuenta, sino que el relato sale de ti. Y si agregas el nombre Moto Guzzi, el reto se hace más grande, pues mientras todos viajan con sus motocicletas doble propósito, nosotros lo hicimos en una V9 Roamer, al más puro estilo old school, sin toda la tecnología y de las GS o Multistradas. Sí, nos gusta la adrenalina

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