Se encuentra usted aquí

30/05/2018
02:14
-A +A

Previo al primer debate presidencial argumentaba en este espacio que si bien era más que evidente que la política exterior no decantará la elección de 2018, no por ello era tema irrelevante para el futuro de nuestro país (http://eluni.mx/bgnrro8u). El segundo debate, que debía de haberse dirimido en torno a la visión de México en el mundo —y a si los candidatos conciben una nación abierta o cerrada al sistema internacional y a la economía global— sólo ratificó lo poco que pesa la política exterior, así como las lecturas anquilosadas que impiden que México deje de nadar de muertito en la arena internacional. Que además las interacciones pos-debate en redes sociales cuestionaran el que se hubiera “gastado tanto tiempo” en el tema de la migración apunta a un problema de fondo que sociedad y Estado mexicano nomás no acaban de procesar: el papel de nuestra diáspora en EU.

En México somos proclives a pontificar sobre la importancia de apoyar a nuestros migrantes en EU. Pero como suele suceder, de la formulación de buenas intenciones, de dientes para afuera —sobre todo en tiempos electorales— y recetas mágicas de solución, generalmente no pasamos. Por ello preocupa que Andrés Manuel López Obrador ratificara en el debate su propuesta de transformar los Consulados en “Procuradurías de defensa”. Que bien que el candidato de Morena conciba que la administración Trump representa hoy, con sus posturas xenófobas, un punto de inflexión y peligro real para la diáspora mexicana en EU. Pero de arranque, y sin que contemos aún con más detalles acerca de la propuesta, en el mejor de los casos ésta peca de ser una visión voluntarista y simplista de la labor consular, que además se queda corta. En el peor de ellos, sería una ocurrencia, un autogol mayúsculo para la diplomacia mexicana, la agenda bilateral con EU y la misión de nuestra red de 50 consulados en esa nación, la más grande que país alguno tiene en otro.

Si la propuesta es ahondar las labores de protección que nuestros Consulados llevan a cabo como uno de sus ejes prioritarios de acción, fortaleciendo lo construido en los últimos 12 años, bienvenida sea. Ya en 2017, gracias al apoyo del Congreso y una partida extraordinaria de emergencia ante la embestida antiinmigrante de Trump, se ampliaron horarios de atención del Centro de Información y Asistencia a Mexicanos las 24 horas, 7 días a la semana; se reforzaron consulados móviles y el Programa de Asesorías Legales Externas con el cual despachos de abogados locales litigan en cortes a favor de nuestros connacionales; y se potenció la línea telefónica de emergencia Mexitel, activándose una aplicación, MiConsulmex. Pero no es sólo con estas herramientas que se modificó nuestro paradigma de protección. En 2010, la Embajada firmó acuerdos con el Departamento del Trabajo de EU para proteger derechos laborales de nuestros paisanos, indistintamente de su condición migratoria y, en una decisión inusitada, en 2009 acompañó a ONG estadounidenses en procesos de litigio bajo la figura de “amigo de la corte” (Amicus Curiae) para revertir leyes estatales antiinmigrantes en Arizona y cuatro estados más. Todo esto ha hecho de la red consular mexicana un modelo a seguir por otras naciones.

Pero si la propuesta enunciada por López Obrador es una transformación radical de la naturaleza jurídica del consulado convirtiéndolo en instancia de acción legal, y reduce o cercena sus otras funciones como la vinculación comercial, tecnológica y empresarial, la promoción cultural y turística, el cabildeo político y el empoderamiento de nuestra comunidad en EU, tenemos un problema en ciernes. De entrada, convertirlos en procuradurías como tal no sólo rebasaría lo contemplado en la Convención de Viena sobre Relaciones Consulares, sino que violaría los límites que el propio derecho estadounidense coloca a la acción legal de Consulados en su territorio. Pero además, en momentos en que la agenda mexicana —en el contexto de una sacudida de la relación bilateral— requiere alianzas con gobernadores y alcaldes, ignorar la banda ancha diplomática que nuestros Consulados otorgan a la Embajada sería suicida. No cabe duda que persisten carencias en nuestra red consular y que la infraestructura de protección puede y debe ser mejorada. Pero si tomamos a pie juntillas la propuesta tal y como ha sido articulada, sería como deshacernos de un auto de F1 para sustituirlo por un Tsuru.

Consultor internacional

Arturo Sarukhán es Embajador de carrera del Servicio Exterior Mexicano y consultor internacional basado en la ciudad de Washington, en Estados Unidos.
 

COMENTARIOS

MÁS EN OPINIÓN