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¿Es lícito ayudar a morir por enfermedades no terminales?

10/09/2017
02:14
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Holanda legalizó la eutanasia en 2002. Bélgica, Luxemburgo, Suiza y Canadá también han procedido en el mismo sentido. Colombia, se dice, sólo se ha publicitado un caso, también la legalizó en 2016. El suicidio asistido es lícito en Suiza y en cinco estados de Estados Unidos: California, Vermont, Oregón, Washington y Montana. Entre 2002 y 2017 median 15 años. Muchos años transcurridos, pocos países incluidos reflejan la complejidad de la situación. En varias naciones se habla del tema; en los próximos años, no lo dudo, seremos testigos del derecho a la muerte digna en países europeos. Seguir el ejemplo colombiano en Latinoamérica tomará tiempo.

En octubre 2016, miembros de los Ministerios de Sanidad y Justicia en Holanda sometieron al Parlamento una propuesta para regular la ayuda a morir a personas mayores cansadas de vivir, sin enfermedades terminales ni sufrimientos insoportables, ambos, requisitos indispensables contemplados en la Ley de Eutanasia (2002); asimismo, incluyeron en la discusión a personas víctimas de enfermedades no terminales cuyo sufrimiento, moral la mayoría de la veces, era intolerable. Esta iniciativa amplia enormemente el panorama de la eutanasia. Dilucidar las razones a favor o en contra de la iniciativa en el Parlamento, y conocer la opinión pública reforzará, o no, el abanico sobre la eutanasia. Aunque aún no se cuenta con el dictamen final, la prensa informa ocasionalmente casos de enfermos no terminales a quien se les aplicó eutanasia. El caso de Mark Langedijk, recientemente publicitado, es parteaguas, sobre todo, para quienes no vivimos en Holanda.

Hace unos días la prensa publicó la historia de Langedijk. Copió y comparto los puntos sobresalientes del affaire Langedijk: En julio de 2016, a la edad de 41 años, Langedijk, divorciado y con dos hijos, alcohólico y deprimido, solicitó eutanasia. En un intento por superar su alcoholismo, se internó en 21 ocasiones. Los fracasos profundizaron su depresión. Su médico de cabecera consideró que su sufrimiento anímico y su dependencia al alcohol eran insuperables, por lo que consideró valida la eutanasia. Falleció en casa, acompañado por sus padres, sus hermanos y su mejor amigo, un párroco. Antes de recibir la inyección letal, los compañeros de Langedijk comieron y bebieron. El caso suscitó muchas polémicas, ya que Mark no era paciente terminal.

Razón fundamental de la propuesta es evitar que las personas se quiten la vida por su cuenta; el médico de Mark colaboró con él de acuerdo a las iniciativas en estudio, de ayudar a morir a personas cansadas de vivir. El proyecto persigue varios objetivos: aminorar el dolor y el temor implícitos en el acto y disminuir la alta tasa de fracasos cuando el acto lo lleva a cabo el afectado, sin ayuda médica. Es más humano y más coherente ayudar a morir con fármacos que recoger cadáveres en el metro o en las aceras.

“No hay salida para los que ya no desean vivir porque estiman completo su ciclo. Han perdido a seres queridos y a amigos, y caen en la apatía y el cansancio vitales. El gobierno piensa que su búsqueda de ayuda para acabar con todo es legítima”, señala la propuesta. Agrego: la tasa de suicidios en viejos, sobre todo en países europeos, es “alta”.

Los holandeses emulan, con seriedad, el estudio de la iniciativa tal y como lo hicieron con la eutanasia: piensan crear una especialidad que combine destrezas médicas, psicológicas y de enfermería, y, a la vez, aseguran que antes de aprobar la petición, el encargado de proveer el fármaco deberá sostener varias conversaciones con el solicitante, amén de buscar una segunda opinión. Las pláticas en el Parlamento han sido arduas: la eutanasia sigue considerándose último recurso, no un derecho de la población.

No se trata de “estar a favor o en contra” de la eutanasia. El meollo del asunto es discutir las fronteras de la vida, los límites de la autonomía y los significados de la dignidad. El brete es interesante e inmenso: ¿qué hacer con personas mayores sin enfermedades que han perdido el interés en la vida?; ¿acompañarlos y apoyarlos?; ¿denegar su petición?, ¿orillarlos a suicidarse?

Cada ser es único. Individualizar es un arte complejo. Responder a las preguntas previas exige entrar en la persona, saber quién es la persona que solicita morir. Si se parte de la premisa de que cada ser es único, la respuesta afirmativa o negativa a la nueva propuesta holandesa exigirá conocer la geografía íntima de la persona. Faena inmensa, necesaria, compleja.

 

Notas insomnes. Morir en la clandestinidad, solo, sin apoyo, con el riesgo de fracasar en el intento, es una de las peores pesadillas para quien busca morir y para su allegados.

 

Médico

Médico. Profesor de la Facultad de Medicina, UNAM. Miembro del Colegio de Bioética. Colabora mensualmente en la revista Nexos. En 2013 publicó "Decir adiós, decirse adiós" (Mondadori).

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