“Computing is not about computers anymore. It is about living.” —Nicholas Negroponte

Las semanas sin clases fueron un espacio de preparación ante la ansiedad y para nuestra capacidad de reacción. Aunque no todos son parte del regreso a clases , la gran mayoría vive el impacto de las clases remotas ante la situación sanitaria actual. Hemos visto videos de alumnos frustrados, profesores creativos y muchos hemos escuchado de las conversaciones en grupos de padres de familia buscando soluciones más que apoyo y consejos de resiliencia.

¡Estamos en un excelente momento de la humanidad! La situación no es óptima y muchos hemos hablado de la transformación digital pero pocos hemos tenido la delicadeza de considerar lo que implica liderar dicho cambio en una forma tan apresurada. Nunca antes la humanidad soñó en tener esta capacidad de conectividad y cercanía a la distancia.

Las opciones tecnológicas sobran, también el #ruidoblanco alrededor de su seguridad , privacidad y compatibilidad. Pero la principal preocupación sigue siendo la accesibilidad , la facilidad de uso y algo central: la pedagogía detrás de la implementación. Me he estado preguntando qué habría pasado si como sociedad, no solo como padres o familiares, si el programa OLPC una computadora por niño se hubiera llevado a un debate serio y con fondos. La gran maravilla de este programa no se trataba del dispositivo y su costo, se centraba en profundos estudios para utilizar la tecnología en la educación.

Pensar a futuro y para los prometedores futuros es parte del labor del presente, aunque podamos reclamar hacia el pasado. La adopción de modelos remotos de educación solo indican su adopción híbrida hacia el futuro, incluso con la necesidad clave de socializar y dar estructura a las futuras generaciones. Para todo esto tenemos que analizarnos y ver qué herramientas tenemos unos y carecen otros.

Empatía, esa pieza clave que deberíamos de bienvenir cada mañana al amanecer, es clave para esta nueva situación. Familias buscando internet gratuito, organizaciones sin fines de lucro pidiendo equipos de cómputo para educación especial, profesores acondicionando sus espacios personales para dar la bienvenida a los alumnos y familias decidiendo brincarse un año. Empatía a todas las decisiones, empatía a uno mismo ante la situación, ser cercanos a cada etapa de desarrollo; el desarrollo del futuro del país y de la humanidad.

La necesidad individual de los padres por seguir generando ingresos para afrontar la situación económica mientras que existe una nueva demanda de tiempo para educar a los niños coexisten en nuestra nueva normalidad. Es muy diferente la demanda y espacio de atención que implican diferentes edades, eso es algo que una tecnología no va a resolver, esto es un tema para expertos en educación . La pandemia nos hace afrontar muchos retos, pero también se tienen que fomentar discusiones más profundas, la resiliencia y adopción de las herramientas que tenemos a la mano nos permiten avanzar, pero no son una solución final.

La tecnología está aquí y su integración hacia el futuro de la educación se va a mantener. Hay modelos académicos que ya han considerado las habilidades digitales en niños, jóvenes y adultos. La televisión sirve para transmitir pero Internet permite ese punto clave y tan importante de la comunicación: la retroalimentación, el poder ver, escuchar y en cierta forma sentir. Ser empáticos requiere de esa retroalimentación y en ese modelo está la parte clave en la que se requiere fomentar la penetración de la conectividad y la disponibilidad de equipos para la educación.

Muchos nos podemos preguntar si la penetración de teléfonos celulares es suficiente y hasta ahora mi respuesta es que aunque podría ser un gran paso, depende más de capacitar a los adultos. Se puede tener un perfil para niños en algunos celulares, en donde uno se asegura de que no puedan abrir aplicaciones que no deben o realizar compras, pero antes de eso debe haber un modelo académico de lo que debe incluir en ese espacio y como ese espacio va a mantener a las diferentes franjas etarias interesadas con cada aplicación y lo que aprenden en ella.

Es por eso que le veo tanto valor y aprecio lo que los desarrolladores de los modelos académicos de OLPC han hecho y siguen haciendo. Vendrán momentos más claros, pero mientras tanto ajustarnos también tiene que incluir aprecio por el esfuerzo de las instituciones académicas, empatía por parte de educadores y padres, comprensión entre empleadores y trabajadores, diálogo entre autoridades y especialistas en educación.

Mientras, nos seguiremos cuidando, porque es lo correcto. Hacia adelante, ojalá podamos ponernos en varios zapatos de otros y lo hagamos con un sentido de retroalimentación positiva.

white-noise

Nota: La opinión de Ricardo Blanco es personal y no refleja la del medio ni la de la empresa para la que trabaja.

ricardo [at] mrwhite.world

Google News

TEMAS RELACIONADOS