Al sonoro rugir del Covid

Pedro Rangel

¡Oh Patria querida!, el día de hoy el pueblo de México te celebramos, inmersos en una nueva lucha de independencia… la guerra por liberarnos de la invasión del Covid-19. Mucho ha sucedido desde que este extraño enemigo profanó con sus plantas tu suelo en el 2020.

Al inicio, ante la amenaza de su ataque, partimos al encierro. Como aquel soldado que mandan a la guerra sin fusil, nos llenamos de ansiedad ante la incertidumbre; sentimos miedo por nuestras vidas, pero especialmente por las de nuestros seres queridos. Los insomnios y la angustia se hicieron de pronto algo común en nuestro día a día. Y ahí, en medio de ese caos, nos encontramos y nos reencontramos con nosotros mismos, con nuestras parejas, amistades y familias. Las máscaras se cayeron y lo que se sostenía con alfileres, se derrumbó; pero lo que debía estar junto, se cohesionó más que nunca.

Irónicamente, aún en el país de las catrinas, veíamos a la muerte como algo lejano, pero esta invasión nos enseñó de golpe un dolor que nunca imaginamos sentir; comprendimos hasta los huesos el verdadero significado del dolor en el alma. Hoy estamos de luto por los más de doscientos cincuenta mil seres queridos que hemos perdido. Nos encontramos en duelo, con el corazón roto; muchos se nos fueron sin siquiera haberles podido decir adiós, y ahora vivimos atrapados en el laberinto del hubiera. Hoy sólo nos queda resignarnos a continuar con la vida. Sin ellos.

El extraño enemigo también atacó a nuestros bolsillos. El ocaso llegó para miles de empresas, que colocaron candados en donde antes había puertas abiertas. Las plagas del desempleo y los recortes de personal se esparcieron durante varios meses, cuando la preocupación y la desesperación invadió hasta el último rincón de nuestra mente.

Pero el tuyo, ¡oh Patria!, es un pueblo guerrero, que no se quedó de brazos cruzados. Y cada una de tus hijas e hijos se transformaron en soldados que el cielo te dio. Y así, armados de gel antibacterial y cubrebocas, comenzamos a intentar contener la expansión del extraño enemigo.

En esta lucha diaria se manifestaron las expresiones más sublimes del alma, reflejadas en la solidaridad y la responsabilidad compartida de protegernos de forma colectiva mediante el cuidado de nosotros mismos. También vimos el polo opuesto, expresado por el egoísmo y la falta de empatía de aquellos que no les importó cuidarse y por lo tanto poner en riesgo a todos los demás.

Al sonoro rugir del Covid, nos cayeron muchos veintes. El más importante… que el verdadero gran héroe durante esta invasión ha sido la familia; la auténtica red de soporte ante la enfermedad y el desempleo. Esos antes desconocidos con los que por fortuna y azar nos tocó coincidir para llamarles padres, madres y hermanos, ahora son nuestra familia. Hoy aprendimos a amarlos, a aprovecharlos y a reconocer el papel que juegan en nuestras vidas. Nietzsche decía que lo que no te mata, te fortalece, y hoy está muy claro que en pleno siglo XXI, la institución de la familia… no ha muerto.

¡Oh Patria!, durante esta invasión, por el dedo de Dios se escribió que cambiáramos nuestras prioridades. Hoy sabemos que mañana puede ser demasiado tarde y por lo tanto aprendimos a dejar de postergar las cosas importantes por estar atendiendo las urgentes. Ahora le hemos dado la justa dimensión de valor a cada segundo de la vida, a la salud, el trabajo, el tiempo, la libertad y al contacto físico. Entendimos que hay que demostrarles con hechos y palabras a nuestros seres queridos, lo importantes que son para nosotros… y también nos hemos liberado un poquito del egoísmo, para preocuparnos y ocuparnos por el otro.

Mexicanos luchando en pandemia, nos convertimos en un pueblo más sabio. Hoy comprendimos que las cosas más importantes de la vida son gratis, y que ni todo el dinero del mundo puede salvar a unos pulmones agonizantes. Entendimos que lo único que tenemos seguro en esta vida es la muerte, y que no por ello hay que dejar de vivir; que hay que ofendernos menos y aprender a perdonar, porque no sabemos cuándo nos toque partir. Aprendimos que un pueblo sin unión es extremadamente vulnerable, y que sólo mediante la solidaridad, la empatía y la resiliencia, podremos salir adelante.

¡Patria!, ¡Patria!, tus hijos te juramos, exhalar y mantener nuestro aliento; lidiar con valor esta enfermedad y terminar de vacunarnos. El extraño enemigo ya no está lejos de ser vencido.

Hoy en tu fiesta, ¡oh Patria!, recordamos a todos los que perdimos… un sepulcro para ellos de honor. ¡Que vivan por siempre en nuestro corazón! ¡Que viva la familia! ¡Que viva la empatía! ¡Que viva la salud!

¡Oh Patria querida!, al sonoro rugir del Covid, hoy tu pueblo es más sabio, más fuerte, más unido, más solidario, más agradecido, más humilde y más grande…… ¡Que viva México!

https://scholar.harvard.edu/pedrorangel

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