El señor Justo era un trabajador de la construcción de Acapulco. Era analfabeta pero su grado de escolaridad no obstaba para que pudiera hacer cálculos sobre las áreas que iba a pintar, cuánto material iba a utilizar y cuánto iba a cobrar. Tenía la capacidad de “matematizar” sin haber pasado por un proceso educativo formal. Su esposa era quien le ayudaba escribiendo los presupuestos en papel. Un día, al estar trabajando en casa, lo vimos somnoliento y mi tío Rubén le preguntó que tenía y respondió: “ah, es que me acaba de picar un alacrán, pero al rato se me pasa”. Uno como chilango hubiera salido corriendo al hospital con un caso como éste. Siendo entonces niño pensé que había gente que aprendía y poseía conocimiento sin ir a la escuela. ¿Cómo entendió el señor Justo que no se iba a morir?

Junto a esta lección, hay otras más actuales pero también igual de valiosas sobre la importancia de contar con información para actuar y salvar vidas. Por reportes periodísticos y fuentes internacionales, pareciera que tanto el gobierno estatal de Evelyn Salgado como el de Andrés Manuel López Obrador a nivel federal, o carecieron de evidencia suficiente sobre el peligro que representaba el paso del huracán Otis por las costas del pacífico, o actuaron tarde y mal cayendo en una cruel omisión. Esta última posibilidad se refuerza cada día más si se toma en cuenta la información generada por el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos, sus tuits, y las cronologías que han hecho periodistas como Sandra Romandía Vega y Peniley Ramírez.

Ante el devastador huracán, había que alertar en cadena nacional el peligro que significaba. Había que actuar rápido con todos los recursos disponibles para prevenir a la población acapulqueña. Con información veraz, un gobierno eficaz y humanista, hubiera podido advertir a la población y resguardarla. Pero hubo “desgobierno” y al momento de escribir estas notas hay, tristemente, 43 personas muertas y 36 no localizadas. Aún desconocemos el número de damnificados, viviendas dañadas y escuelas destruidas.

Es muy probable que la emergencia causada por Otis en Acapulco vuelva a poner en riesgo el derecho a la educación de miles de niñas, niños, adolescentes y jóvenes. Ante esta emergencia educativa, ¿qué ha dicho Leticia Ramírez, la actual secretaria de Educación Pública? Hasta el momento, no ha asumido pública y oficialmente una posición clara sobre los daños en las escuelas del puerto, ni tampoco ha propuesto acciones para que, junto con el gobierno estatal, se enfrente esta nueva interrupción escolar.

En Guerrero, habitan 3,540,685 personas y para el ciclo escolar 2021-2022, un poco más de un millón de personas estaban matriculados en el sistema educativo. De este total, 8 de cada 10 cursa la educación básica. Había también un poco más de 62 mil maestros y 11,542 escuelas (SEP). Acapulco, pese a ser un lugar que genera riqueza y símbolo del turismo mundial, no ha podido incluir a 18,363 personas de entre 3 y 14 años a su sistema educativo. 12 por ciento de su población de 15 años y más no tiene escolaridad y el número de analfabetas es de 34,065 (Censo INEGI 2020).

Con la tragedia de Acapulco, quedó claro que cuando un gobierno es autoritario, falla. Fue incapaz de usar información eficazmente y en lugar de cooperar, desacredita a la oposición y ataca periodistas. Éstos mostraron que la 4T fue lenta y omisa y ahora también constatamos que no les interesa el derecho a aprender en uno de los estados más pobres del país. Aprendamos la lección. Con conocimiento, se pueden salvar vidas como el señor Justo; pero en la ignorancia y sin democracia, hay caos y muerte.

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