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Francisco Toledo III y último

10/10/2019
02:00
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Llegó la carpeta con los aguafuertes de Francisco Toledo. Salvador, emocionado, los desplegó en el sofá de cuero de la sala. Vivíamos, como ya he contado a mis lectores, en un pequeño departamento frente al Parque México. Fue un deleite para ambos admirar su obra durante un par semanas.

Salvador Elizondo se puso a analizar los aguafuertes para inspirarse y comenzar su escrito para el catálogo de la exposición que tendría lugar en la Galería Juan Martín.

Del texto publicado en 1974 en el catálogo y en una lujosa carpeta con los grabados originales seleccioné para esta entrega algunos fragmentos:

Salvador Elizondo escribió
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…Al haber podido convivir durante algunas semanas con estas asombrosas obras, tuve la ocasión de mirar detenidamente y gozar a mis anchas; convivencia y contemplación de las que las presentes líneas hubieran debido ser el fruto: un juicio crítico formulado estadística y comparativamente con recurso a los nombres de otros grabadores del presente y del pasado, que ayudara a situar dentro del panorama de los conocimientos de cada quien, el valor de este artista. Pero resulta que en este caso la enumeración de esos valores sería lo mismo que repetir lo que ya todos sabemos: que estamos ante las obras de un gran artista, lo que no es decir gran cosa. Más que los valores me interesa el funcionamiento de esas enigmáticas construcciones que si bien podía atribuir en la primera instancia a la gran destreza de Toledo, en la última, cuando las tenías ante mis ojos, no suscitaban en mí más que silencio: un silencio poblado de seres, figuras, de cosas silenciosas; un silencio tan profundo que ya no generaba ninguna palabra para expresar su naturaleza, para sondear su magnitud, para explicarlo, en fin.

En la esterilidad de ese silencio que la visión repetida aumentaba cada vez que veía los grabados, analizados obsesivamente, de frente, ante el espejo, de revés, al trasluz, a la lupa, brotaba a veces la intuición de vagas conjeturas, de hipótesis efímeras, de revelaciones equívocas. Tal vez por deformación profesional concebí una teoría literaria acerca de ellos. Me parecía que Toledo se instauraba en narrador de historias, en inventor de circunstancias sin sentido, en hacedor de fábulas sin discurso y sin lección, el minucioso constructor de un mundo ilustrado de hechos en los que la fantasía y la realidad se manifestaban y se conjugaban en una expresión que trascendía la experiencia de los sentidos y cuyo significado era el de ser esencialmente visible y fenomenalmente silenciosa, tal vez legible. El juego de las imágenes parecía formar un texto: el texto que guarda el registro de una situación de cosas y de seres en un momento dado, al margen por completo de las tediosas leyes de la naturaleza. Los hechos acontecen en un ámbito de ingravidez, de levitación y están vistos todos desde el punto de vista más insólito…
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Aguafuerte del pintor Francisco Toledo, titulado 8 Sapos, 1974. CORTESÍA PAULINA LAVISTA

Paulina Lavista nació en la Ciudad de México en 1945. Documentalista, investigadora y fotógrafa.