Perspectivas 2022

Pablo Álvarez Icaza Longoria

Una vez hecho un balance sobre 2021, lo lógico sería intentar esbozar algunas perspectivas sobre el año nuevo. Siempre va junto con pegado y la prospectiva se hace más como un ejercicio para planear el futuro considerando las tendencias que para hacerle al adivino, aunque la profecía también pudiera considerarse como un don.

A finales o principios de año, las revistas, universidades, consultorías, bancos, entre otros, plantean sus perspectivas considerando el entorno externo, interno y el contexto político. Entre las más conocidas destacan el seminario que los egresados del ITAM organizan a principios de año, que esta vez fue desairado por las autoridades hacendarias y del banco central.

No faltan quienes, jugando a la espectacularidad, nos hablan de riesgos, oportunidades o cisnes negros, aunque se abuse del término, porque resulta apantallador. Ejemplo de uno hubiese sido que en octubre de 2019 algún analista haya previsto que habría una pandemia por un coronavirus en 2020. Tampoco hay que confundir la elaboración de escenarios con predicciones. En 2010, el Instituto Nacional de Salud Pública planteó uno donde por una enfermedad infecciosa moriría medio millón de personas en México, como fatalmente sucedió.

En ocasiones se trata de un ejercicio de actualización de pronósticos, que implica incorporar las noticias y acontecimientos en la elaboración de predicciones. Hace dos días el Bank of America (BofA) recortó el pronóstico de crecimiento del producto interno bruto (PIB) mexicano para 2022 a 1.5% desde el 2.5%, lo que resulta lógico si pensamos en que las tasas de interés han subido y se espera que lo sigan haciendo en respuesta al alza esperada en Estados Unidos (EU) y ante las presiones inflacionarias dentro de México que marca la tendencia de la inflación subyacente.

Con un panorama económico más volátil e incierto, el Fondo Monetario Internacional (FMI) acostumbra actualizar en enero las perspectivas de la economía mundial que produce habitualmente en abril y octubre. Habrá que ver cuál será el sello que le dé el próximo economista en jefe, Pierre-Olivier Gourinchas (Universidad de California-Berkeley).

En el plano internacional, la guerra comercial entre Estados Unidos y China ha generado un ambiente más proteccionista que ha provocado menor crecimiento y más inflación, al restringir los volúmenes de comercio y encarecer la producción. Esta tendencia continuará a lo largo de todo el año, aunque ya no sea ninguna novedad.

La pandemia de Covid-19 seguirá afectando la cadena de suministros, por la escasez de semiconductores, chips y demás insumos estratégicos. Aunque los cuellos de botella se han ido aligerando, no desaparecerán del todo. Ómicron ha afectado al sector productivo al generar una mayor rotación de personal, ausentismo laboral y mayores costos de producción por las medidas de protección sanitaria que han tenido que habilitar las empresas.

Como lo reportó el martes EL UNIVERSAL, el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) consideró que el cambio climático y la crisis social se presentan como los riesgos más relevantes para 2022. Tampoco se descartan otros riesgos como la presión a las finanzas públicas provocadas por el endeudamiento, la ciberseguridad, la desigualdad y el estallido de burbujas de activos.

Respecto al Covid-19, si bien hay un moderado optimismo y se cree que la cuarta ola generada por la variante ómicron se disipará en marzo, continuará el riesgo de la aparición de nuevas variantes o mutaciones por los bajos niveles de vacunación en los países de menores ingresos. Los organismos internacionales no se han cansado de señalarlo, pero las medidas efectivas de apoyo de países desarrollados han sido limitadas, a pesar de los discursos de los dirigentes mundiales.

La intensificación de conflictos geopolíticos a nivel mundial podría provocar vertiginosas alzas del precio del petróleo con su efecto inflacionario y de crecimiento. El precio del gas en Europa ha subido como parte de la presión rusa por el asunto de Ucrania.

Por su parte, la crisis turca, provocada por intentos populistas del manejo de la política monetaria, lo único que ha ocasionado es una mayor depreciación de la lira, inflación que cerró 2021 en 36%, y una recesión económica que amenaza con extenderse generando una crisis financiera y de deuda externa. Paradójicamente, no han faltado académicos que han propuesto ese modelo de bajar las tasas de interés para estimular el crecimiento, cuando el experimento ha resultado un desastre.

La implementación del T-MEC está resultando mucho más complicada. México ya pidió formalmente un panel de controversia para resolver la interpretación de las reglas de origen en la industria automotriz. Por su parte, EU no ha modificado su intención de continuar con su política de subsidios a las empresas que produzcan vehículos eléctricos en su territorio, a pesar de los reclamos de Canadá y México.

Sin embargo, la reforma eléctrica anunciada el pasado 1 de octubre podría cambiar radicalmente las perspectivas económicas, no sólo porque nos metería en un conflicto con la Unión Europea, Estados Unidos y Canadá por las implicaciones derivadas de los tratados de libre comercio, sino porque encarecería y generaría un fuerte desabasto de electricidad. El gobierno ha prometido tarifas más bajas con la reforma eléctrica, pero con costos más elevados inevitablemente afectará las finanzas públicas. Los apagones se irán generalizando, afectando la actividad productiva y cotidiana de la gente.

La eliminación de facto del esquema de productores independientes de electricidad elevará los costos de algunas empresas. En este nuevo esquema, General Motors ya advirtió que reconsideraría sus planes de inversión en México, especialmente en el segmento de autos eléctricos.

Aunque el senador Monreal hizo un llamado a moderar la reforma constitucional, el respaldo que le ha dado el presidente a los radicales no es un buen augurio, a pesar de que la mayoría de los analistas sigue pensando que la reforma original se modificará.

En conclusión, se espera un año con menor crecimiento en México (1.8%) y con inflación elevada a final de año (6.8%), a pesar de una ligera mejoría al principio, respaldada por precios administrados del gobierno, y no es porque sea año de males por ser de pares, como dice la conseja popular.

 

Catedrático de la EST-IPN
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