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Viruela y sarampión, los otros aliados de la Conquista

Durante la Conquista enfermedades virales viajaron con los españoles. Las plegarias y las procesiones de la Iglesia no lograron frenar las epidemias; más tarde, otras surgieron en las zonas más pobladas por la acumulación de basura, agua, cadáveres y excremento
Imagen del Códice Florentino donde se representan los brotes de viruela en América durante el siglo XVI
06/04/2020
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Texto: Yessica Torres

La llegada de Hernán Cortes al territorio mexica terminó con la caída de Tenochtitlan. García Bernardo, en La época colonial hasta 1760, afirma que aquella guerra militar había sido desigual, los españoles fueron superiores al usar armas de fuego y caballos; sin embargo, se puede decir que en México hubo tres conquistas: la militar, la espiritual y la bacteriológica.

En las primeras embarcaciones españolas, los conquistadores no viajaron solos. Aliadas, y sin saberlo  ellos, varias enfermedades llegaron también al continente americano. Bastó con que los europeos pusieran un pie en tierras de Mesoamérica para que, en cuestión de días y meses, se registraran numerosas muertes luego de fiebres y extraños síntomas nunca vistos en lo que hoy llamamos México.

Aquellos que no habían dejado la vida en la guerra, sufrían de enfermedades como la viruela que les causaba una muerte incomprensible, silenciosa y lenta, que en los primeros años los naturales llamaron Huey záhuatl, que significa “grandes granos”.
                                                                                                                            
Llegó con los primeros viajes y, de acuerdo con las crónicas, la enfermedad brotó en la Villa Rica de la Vera Cruz, aproximadamente en el mes de mayo de 1520 a través de un esclavo negro que venía en la tripulación de Pánfilo de Narváez y que por su rápida propagación se convirtió en una epidemia.

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Durante la Conquista los españoles contaron con armas de fuego y caballos. La insalubridad de los primeros viajes facilitó enfermedades. Óleo sobre tela, siglo XVII. Cortesía INAH.

Peter Gerhard, en Geografía Histórica de la Nueva España 1519-1821, estima que la población de Nueva España en 1519 fue de 15 millones de personas nativas y para el año de 1550, después de la aparición de la epidemia de viruela, había solo 3 millones de individuos no nativos.

A parte de una crisis demográfica, las consecuencias eran evidentes entre la población que había sobrevivido a elevadas fiebres y delirios, algunos quedaban ciegos, otros desfigurados.

Viajar con ratas, chinches y excremento

De acuerdo con José Luis Martínez, en Cruzar el Atlántico, las personas que querían vivir la aventura de conocer América necesitaban llevar comida aproximadamente para tres meses, empacar sus ajuares domésticos en baúles, viajar con muebles, libros, animales y todo lo que ellos creían necesario para comenzar una nueva vida.

El viaje no era fácil, menos sin conocimientos científicos en cuestiones marítimas. Había días calurosos, otros con lluvias y temperaturas de frío insoportables. La marea subía tanto que provocaba mareos y vómitos en la tripulación y esto a su vez suciedad y malestar en la embarcación.

Los navíos se convertían en corrales flotantes por los animales que llevaban para alimentarse durante aquellos meses. Los caballos tenían como único espacio para defecar el interior del barco y a falta de letrinas lo mismo hacían los pasajeros.

Viajaban entre pulgas, piojos, chinches, ratas, que asediaban a los pasajeros mordiéndolos mientras dormían. Los pasajeros no se bañaban durante el viaje, algunos fallecían en la travesía y los demás se daban cuenta por el mal olor que los delataba. Los cuerpos se arrojaban al mar.

Las condiciones higiénicas del viaje facilitaron la propagación de enfermedades, mismas que se contagiaban al contacto con los naturales y fueron causas de epidemias.

La muerte en Mesoamérica antes de la viruela

En entrevista, la doctora en Historia del Arte Maricela Dorantes explica que de acuerdo con las crónicas, desde mediados del siglo XV, la población padecía inundaciones, plagas de langostas, sequías, heladas y, como consecuencia, escasez de cosechas que derivaba en hambruna y enfermedades.

Las sociedades del México antiguo no eran inmunes a las enfermedades, pero la viruela era completamente desconocida en el nuevo mundo. La rapidez de su propagación se debía a  cambios de hábitos en la higiene.

La doctora nos comenta que el baño diario y el cambio de ropa dejó de ser una costumbre al llegar los españoles, por lo que proliferaron piojos y pulgas que habitaban en la ropa, eran trasmisores de enfermedades.

La historiadora refiere que la acumulación de residuos fecales, basura, cadáveres de animales y el anegamiento de las aguas enrarecían el ambiente.
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Imagen de microscopio del virus que provoca la viruela, 1849. Crédito:  Centers for Disease Control and Prevention's Public Health Image Library.

Los principales focos de infección, después del año de 1521, eran las zonas urbanas en que se concentraban los mercados, puestos de comida y letrinas; en los obrajes, recintos cerrados cerca de las corrientes de agua en las que se arrojaban desechos; también las tocinerías, que lanzaban los sobrantes a la calle y permitían que los cerdos deambularan por las calles propagando piojos.

No solo eran los hábitos de los españoles quienes contribuían al contagio de las epidemias, algunos cronistas como Fray Gerónimo de Mendieta, escribió sobre los indígenas: “Muy particularmente por la costumbre que ellos tienen de bañarse a menudo, sanos y enfermos, en baños calientes, con lo cual se les inflama más la sangre, y así morían infinitos por todas partes."

Es así que los naturales que se encontraban sanos se volvían vulnerables cuando se bañaban con los que ya se encontraban infectados. El constante contacto y el desconocimiento de la enfermedad favoreció la rápida transmisión. 

Bernardino de Sahagún describía un panorama devastador: “Muchos murieron de hambre porque no había quien pudiese hacer comidas; los que escaparon de esa pestilencia quedaron con las caras ahoyadas y algunos ojos quebrados. Duró la fuerza de esta pestilencia sesenta días y después que fue aflojando en México, fue hacia Chalco”.
 

Con hospitales especializados trataban de contener las epidemias

Ante la expansión de la viruela y otras epidemias, la especialista menciona que las principales medidas estaban a cargo de la Iglesia. Se hacían peticiones espirituales realizadas través de procesiones o plegarias.  

La doctora y docente narra que la Iglesia creó los primeros hospitales dedicados a tratar ciertas enfermedades, como el nosocomio del Amor de Dios, que tenía como santos patrones a San Damián y a San Cosme para tratar las bubas o el mal francés (hoy conocido como la sífilis) llamado también gálico. Fue fundado por Juan de Zumárraga.

También se hacían actos religiosos de carácter público, procesiones, liturgias y novenarios,  en honor de imágenes religiosas como la Virgen de Guadalupe, la Virgen de los Remedios, San Roque, San Lorenzo, San Cosme y San Damián.

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Lámina que ilustra la epidemia de matlalzahuatl en 1735.La Iglesia organizaba actos religiosos públicos como procesiones, liturgias y novenarios en honor a imágenes religiosas como a la Virgen de Guadalupe y otros santos para terminar con las epidemias. Crédito: Cortesía Carlos Viesca

Las plegarias se hacían para liberarse de los males de la viruela, pero también de otras epidemias como cocoliztli o lepra. Una manera de sanarse era a través de la oración dedicada al santo de su devoción.

En el Hospital Real de Naturales se hacían autopsias para identificar en los cadáveres el origen de la epidemia. El encargado fue Francisco Hernández, quien recibió el cargo de “Protomédico general de todas las Indias, islas y tierra firme del Mar Océano”, de manos de Felipe II.

Él afirmaba que los cuerpos presentaban el mal conocido como “veneno” que se manifestaba por la alteración de los órganos y por la acumulación de purulentas.

Entre otras medidas sanitarias se implementó el abastecimiento de agua potable a la población, la purificación del espacio con el uso conveniente de letrinas y con luminarias con pólvora, azufre o la quema de plantas aromáticas, entre las que estaban el romero, laurel o ciprés.

Entre los centros especializados destacaba el Hospital de San Lázaro para leprosos. En 1573, Felipe II ordenaría que los hospitales de enfermedades contagiosas fueran construidos a las afueras de la ciudad junto con los cementerios para evitar la propagación de epidemias.

Otras enfermedades virulentas

Después de la viruela, otra epidemia que causó baja demográfica fue el sarampión, conocido como tepitonzáhuatl o “pequeños granos”. Otra fue el cocoliztli, término con el que se identificaba a las enfermedades de carácter epidémico.

Por último la doctora en Historia del Arte hace referencia al matlazáhuatl que se manifestaba por granos en la piel, acompañados de fiebre, vómito, hemorragias, bubones inguinales y dolor de cabeza, entro otros.

En Las pestes que asolaban a la Nueva España, también se escribía que el matlazáhuatl, desarrollaba como primer síntoma un fuerte dolor de cabeza, venía después la altísima calentura que enloquecía a los infelices y al terminó de nueve días, después de una abundante hemorragia por las narices, llegaba la muerte irremisible.

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Representación escrita y gráfica de las enfermedades que afectaban a los naturales de la Nueva España. Aquí una imagen tomada del Códice Aubin que da cuenta de la epidemia cocoliztli en 1576. Crédito: Cortesía Carlos Viesca.

La enfermedad apareció de nuevo en 1736. Según los registros, el primer caso se desarrolló en un peón que trabaja en una construcción, en el pueblo de Tacubaya y de igual manera se propagó con rapidez. También se sufrió de paperas, tifo, tosferina y fiebre amarrilla.

Durante siglos la viruela fue un terrible mal que cobró la vida de miles de personas en todo el mundo. En el México colonial se convirtió en un aliado inesperado de los conquistadores.

El siglo XIX fue de suma importancia en materia de salud por el descubrimiento de varias vacunas. Así, a principios del siglo XX durante el gobierno de Porfirio Díaz, se vacunaron 717 mil 289 personas, pero hasta 1952 se declaró erradicada la viruela en nuestro país.

La imagen comparativa antigua es una fotografía de los años 30 de una campaña de vacunación, donde la gente hace fila para que el doctor se las aplique. Archivo EL UNIVERSAL. Diseño web: Miguel Ángel Garnica. 

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Imagen de enfermos de viruela en los años 30 en la capital. Archivo: EL UNIVERSAL ILUSTRADO, abril de 1930.

La foto principal es una imagen del Códice Florentino donde se representan los brotes de viruela en América durante el siglo XVI. Crédito: Wikimedia Commons.

Fuentes:

  • Archivo EL UNIVERSAL
  • Entrevista a Maricela Dorantes Soria, Doctora en Historia del Arte por la Universidad Nacional Autónoma de México, FFyL e IIE o Facultad de Filosofía y Letras e Instituto de Investigaciones Estéticas.
  • García Bernardo, “La época colonial hasta 1760” en Nueva Historia mínima de México ilustrada, México, El Colegio de México, 2008.
  • Martinez Jose Luis, Cruzar el Atlántico, México, Fondo de Cultura Económica, 1999.
  • Mendieta, Gerónimo, Historia eclesiástica indiana, México, CONACULTA, 2002.
  • Gerhard Peter, Geografía Histórica de la Nueva España, 1519-1821, México, UNAM, 1986.
  • Sahagún, Bernardino de, El México antiguo, Caracas, Fundación Biblioteca Ayacucho, 1981