El arte de restaurar edificios históricos y sus responsables

Mochilazo en el tiempo

La capital cuenta con decenas de inmuebles que han sido testigos de su historia. Es gracias a ciertos personajes que residentes y visitantes podemos conocer cómo eran edificaciones y monumentos en su época original.

Texto: Carlos Villasana y Ruth Gómez.
Fotografía actual: Google Maps.
Diseño web: Miguel Ángel Garnica.

En la ciudad existen personajes que contribuyen para que, tanto residentes como visitantes, podamos seguir admirando la belleza de zonas o edificios, cuya construcción puede tener cientos de años aunque estas modificaciones no sean del todo perceptibles.

México tiene dos organismos encargados de preservar el patrimonio arqueológico y artístico, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL).

El primero -INAH- se creó el 3 de febrero de 1939 por mandato del presidente Lázaro Cárdenas y de acuerdo al sitio oficial de la dependencia, tenían “la misión de investigar, conservar y difundir el vasto patrimonio cultural de México con la vocación de iniciar un estudio científico de los pueblos indígenas”, así como dar mantenimiento a los sitios arqueológicos y realizar la restauración de monumentos históricos. Su primer director fue Alfonso Caso.

El INBAL por su parte surgió en 1946 durante la presidencia de Miguel Alemán y su primer director fue Carlos Chávez. Su función principal es la de fomentar el “cultivo, fomento, estímulo, creación e investigación de las bellas artes en las ramas de la música, las artes plásticas, las artes dramáticas y la danza, las bellas letras en todos sus géneros y la arquitectura”.

También se cuenta con una tercera instancia, la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural -creada en el 2000- , encargada de la conservación y restauración del patrimonio nacional.

La ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos  -expedida en 1972 cuando era titular del Ejecutivo Luis Echeverría-, se refiere a los monumentos artísticos, así como a la actividad de conservación y restauración de la siguiente manera:

Artículo 28.- Son monumentos arqueológicos los bienes muebles e inmuebles, producto de culturas anteriores al establecimiento de la hispánica en el territorio nacional, así como los restos humanos, de la flora y de la fauna, relacionados con esas culturas.

Artículo 33.- Son monumentos artísticos los bienes muebles e inmuebles que revistan valor estético relevante. Para determinar el valor estético relevante de algún bien se atenderá a cualquiera de las siguientes características: representatividad, inserción en determinada corriente estilística, grado de innovación, materiales y técnicas utilizados y otras análogas. Tratándose de bienes inmuebles podrá considerarse también su significación en el contexto urbano. Las obras de artistas vivos que tengan la naturaleza de bienes muebles no podrán declararse monumentos artísticos.

Artículo 36.- Por determinación de esta Ley son monumentos históricos: I.- Los inmuebles construidos en los siglos XVI al XIX, destinados a templos y sus anexos; arzobispados, obispados y casas curales; seminarios, conventos o cualesquiera otros dedicados a la administración, divulgación, enseñanza o práctica de un culto religioso; así como a la educación y a la enseñanza, a fines asistenciales o benéficos; al servicio y ornato públicos y al uso de las autoridades 7 de 14 civiles y militares. Los muebles que se encuentren o se hayan encontrado en dichos inmuebles y las obras civiles relevantes de carácter privado realizadas de los siglos XVI al XIX inclusive.

Asimismo, menciona en su Artículo 6 que “los propietarios de bienes inmuebles declarados monumentos históricos o artísticos, deberán conservarlos y, en su caso, restaurarlos en los términos del artículo siguiente, previa autorización del Instituto correspondiente” y en el Artículo 44 y 45:

En materia de competencia: “El Instituto Nacional de Antropología e Historia es competente en materia de monumentos y zonas de monumentos arqueológicos e históricos” y que el “Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura es competente en materia de monumentos y zonas de monumentos artísticos”.

Para los efectos de competencia, el carácter arqueológico de un bien tiene prioridad sobre el carácter histórico, y éste a su vez sobre el carácter artístico.  
 

La restauración inició en el siglo XVIII

De acuerdo con información del portal de la Secretaría de Cultura - dependencia a la que están adscritos ambos institutos-, la restauración a nivel mundial empezó a plantearse científicamente en el siglo XVIII, teniendo en cuenta únicamente el rescate de monumentos arquitectónicos y tiempo después se extendió a zonas arqueológicas.

Fue hasta el siglo XX que se comenzó a considerar la restauración para objetos artísticos.
El patrimonio de la Ciudad de México ha sido restaurado y/o remodelado en varias ocasiones, ya sea por su relevancia, por consecuencia de algún fenómeno natural, para darle mantenimiento o porque el paso del tiempo lo ha puesto en peligro: tal ha sido el caso de, por poner algunos ejemplos, de “El Ángel de la Independencia”, la Catedral Metropolitana o el Hemiciclo a Juárez .

El trabajo requiere de personal con preparación profesional o algún oficio especializado en la materia ya que, como se hace constar en la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, cada uno de estos trabajos tiene que estar aprobado o supervisado por la dependencia correspondiente.
 

Las voces los expertos

Una experta en esta profesión es María Bustamante Harfush, quien tiene más de 20 años de experiencia y ha participado en importantes proyectos de intervención de inmuebles de relevancia histórica durante su carrera.

Ella comparte a El Gran Diario de México que este proceso consiste en reconocer cuáles son los valores que le otorgan la categoría de bien artístico, histórico y/o patrimonial: “Identificar sus características intrínsecas, puede ser por un hecho sucedido en el lugar, pero también por la unicidad de sus elementos arquitectónicos, el uso particular de un material, la distribución, los espacios, el trabajo en la fachada. Hay que hacer una radiografía antes de intervenirlo, con un adecuado uso que le permita perdurar en el tiempo con dignidad.”

Explica en entrevista diversos términos que se utilizan para el trabajo sobre el patrimonio: la restauración es, generalmente, preservar o devolver el inmueble a su estado original, es decir, reconstruir un muro, reforzar partes debilitadas por su estructura o por el tiempo, procurando distinguir la parte intervenida de la original.

La remodelación o renovación se refieren a utilizar el inmueble existente para transformarlo en algo nuevo, actual, ya sea modificando por completo su esencia o estructura, distribución, modificando muros, o simplemente materiales y acabados e instalaciones para actualizarlos.

Recuerda que el primer mueble que intervino en el Centro Histórico fue una casa de 780 m2, en la calle de Motolinía #35, “cuya última intervención había sido de estilo francés con mansarda metálica en la parte superior”.

El Fideicomiso del Centro Histórico fue el que le abrió la oportunidad de conocer al dueño para platicar sobre el trabajo. En este caso, el propietario quería “devolverle su dignidad”, porque como había sido rentada como sucursal bancaria, se le habían hecho adaptaciones que no respetaron los materiales, su uso ni se pensó en la distribución del espacio. Una vez liberado de las paredes que habían sido añadidas, se logró que la casa fuera rentada a un giro que aprovechara sus proporciones y belleza.

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Casa Borda Salón Rojo inicios siglo XX. Colección Villasana - Torres.

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Casa Borda en la calle de Madero en los años setenta. Colección Villasana - Torres.

María ha sido parte de otros proyectos de intervención en el Centro, ya sea como líder o como asesora; como ejemplo la Casa Borda, la sede de Justicia en la calle de Bolívar y el Palacio de Hierro. En éste último empezó por restaurar la marquesina perimetral que da a la banqueta de 20 de Noviembre y Venustiano Carranza, que se estaba desmoronando y los transeúntes corrían peligro.

De ahí, se solicitó que se continuara con la restauración de todo el inmueble incluyendo herrería, latón, mármoles, pinturas, vidrios, domos interiores, las cúpulas en ambas esquinas y pintar los interiores con sus decorados; inaugurándose a la par de los festejos del Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución Mexicana en 2010.

Este inmueble fue construido en el siglo XIX y tuvo gran notoriedad debido a su estructura hecha completamente en hierro, “desafortunadamente ese edificio no corrió con buena suerte y fue destruido a causa de un incendio, debido a ello, el edificio que en la actualidad encontramos en 5 de Febrero y Venustiano Carranza, es una propuesta realizada en 1921 por Paul Dubois” narró la arquitecta.

Cabe señalar que éste es uno de los edificios de estilo Art Nouveau más distintivos del país y que lo realizado por Dubois conservó las proporciones del primer edificio  e implementó una estructura en acero pero cubierta en concreto para evitar que sufriera la misma suerte que su antecesor.

El Palacio de Hierro en 1946 y en la actualidad. Colección Villasana - Torres.

El trabajo de recuperación consistió en la restauración de las marquesinas con letreros y decoración en mosaico veneciano; la reparación de cancelería en fachada y pintura general, la reposición de elementos arquitectónicos, la decoración en mosaico veneciano de ambas cúpulas retomando el diseño original –que habían perdido su ornamentación desde el temblor de 1957-, iluminación para enfatizar sus elementos decorativos; y al interior, la pintura de muros, arcos decorados y barandales, así como la limpieza y restauración del vitral realizado por Jacques Grober para Tiffany.

Este proyecto mereció el reconocimiento como “Obra Ícono del año” y tanto María como su equipo recibieron la invitación a presentar el proceso de restauración-intervención en el Palacio de Bellas Artes.

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cortesia_maria_bustamante_6.jpgcortesia_maria_bustamante_2.jpgFotografías del proceso de restauración de El Palacio de Hierro, cortesía de María Bustamante Harfush.

Para María, los retos más importantes a los que se ha enfrentado durante alguno de estos procesos de intervención está relacionado con todo aquello que no se ve a primera vista en un inmueble:

 “Lo que está oculto y aparece conforme estás en obra y te hacer reconsiderar la intervención. Al hacer calas en los muros, puedes encontrar  vestigios de sistemas constructivos, materiales, forma de colocar mosaicos o capas de pintura que antes no habías considerado y que te hace replantear decisiones del proyecto. Además, todos los inmuebles patrimoniales requieren de conocimiento especializado en varias áreas, históricas, de materiales, de procedimientos y saber de tramitología para poder intervenirlos”.

Para finalizar comenta que lo más gratificante que le ha dejado su trabajo es poder emplear a personas de calidad y festejar con ellos -su equipo y los propietarios del inmueble- cómo lograron devolverle la vida a un edificio.

Fotografía principal es una imagen del proceso de restauración de El Palacio de Hierro, cortesía de María Bustamante Harfush. La imagen comparativa antigua es el mismo edificio pero en 1946. Colección Villasana/Torres.

Fotografía antigua: Colección Villasana - Torres.

Fuentes:
MArq. María Bustamante Harfush, Directora de María Bustamante Arquitectura.
Página oficial del Instituto Nacional de Antropología e Historia.
Artículo “Breve historia de la restauración” parte I y II, de Magdalena Castañeda y Jennifer Bringas, INAH - Secretaría de Cultura.
 

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