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Así se censuraban las cintas consideradas "inmorales"

La relación entre el cine y la libertad de expresión no siempre fue buena. Se recorrió un largo camino para que en México a los cineastas no se les prohibiera exhibir cierto contenido por cuestiones morales y políticas
Cine Lago
18/08/2019
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Texto: Gabriel Sánchez Pozos
Diseño web
: Miguel Ángel Garnica
 

Faltan 15 minutos para las 10 de la mañana. La fila no es muy larga en el Cine Morelos, en Tepito, y sigues sin saber qué quieres ver. Recuerda que serán tres filmes seguidos y con suerte habrá largos besos, mucha sangre, y oirás alguna grosería. Bienvenido al cine de los años 50.

Sí, digo con suerte porque estás en un cine barato y ubicado en el barrio, de los llamados “piojito” en los que las grandes producciones llegan tarde y se estrenan películas que los adinerados y más religiosos no quieren ver.

En esos años, la industria cinematográfica vivía momentos complicados: no podías exhibir con libertad tus ideas porque si lo hacías, tu película podría ser mutilada, mal criticada por la iglesia, estrenada en cines de segunda o en el peor de los casos jamás saldría a la luz, pero, ¿cómo empezó la censura?

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El cine Aurora de la Ciudad Nezahualcóyotl anunciaba la película La furia del karate en la década de los setenta, hoy en este sitio vemos una famosa tienda de autoservicio. ARCHIVO/EL UNIVERSAL.

Los primeros registros de censura fueron en 1913 cuando Victoriano Huerta emite la primera ley de censura en el Reglamento de Cinematógrafos, en la cual se estableció que los cineastas debían mostrar a un inspector del gobierno su trabajo para darle el visto bueno.

Desde entonces, para no correr riesgos, los contenidos cinematográficos no debían tener escenas como: delitos, a menos que se mostrara el castigo; ninguna difamación o calumnia a la autoridad o imágenes de bodas o servicios fúnebres sin el consentimiento de los parientes.

Durante la etapa más complicada de la Revolución, el tema se dejó a un lado y regresó en 1919 cuando en el gobierno de Carranza se decretó el Reglamento de Censura Cinematográfica, que estableció un orden sobre la circulación para las imágenes exhibidas del conflicto armado.

Tras las políticas de intolerancia religiosa promulgadas en el gobierno de Plutarco Elías Calles, grupos católicos comenzaron en 1926 la llamada Guerra Cristera, misma que perdieron en 1929. El poder católico en México no era tan fuerte, pero la Iglesia no se quedaría así.

En 1929, en un intento por amalgamar toda acción religiosa se formó la Acción Católica, la cual dejó a cargo de los Caballeros de Colón, un grupo de gente de élite nombrado así en honor a Cristóbal Colón, la tarea de moralizar a México.

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Ataviados con el uniforme de gala de la Orden, los Caballeros de Colón escuchan al entonces Arzobispo Primado de México en la Basílica de Guadalupe en 1966. ARCHIVO/EL UNIVERSAL.

De manera simultánea, en Estados Unidos, el cine se vio obligado a seguir una serie de normas morales llamado Código Hays, en honor a William H. Hays, presidente de la Asociación de Productores y Distribuidores de Cine de América (MPPDA) según el sitio ENFILME.

Estas reglas incluían la prohibición de besos más largos de tres segundos, groserías, mostrar el ombligo o la aparición de actores completamente desnudos. Para verificar esto, una persona conocida como censor quedó a cargo de dar el visto bueno.

 

El famoso director Alfred Hitchcock se burló en su obra Notorious (1946) de la duración de los besos en el Código Hays al hacer una escena de más de dos minutos.

Guillermo Zermeño en su ensayo Cine, Censura y Moralidad en México expone que “sospecha” una influencia del Código Hays en México porque se trata de “mexicanizar”, es decir, de adaptar reglas morales no exclusivas del país.

Esto provocó el primer gran golpe de los Caballeros de Colón el 20 de diciembre de 1933, al sacar el primer boletín de crítica de películas exhibidas en la Ciudad de México. Para este grupo, el acto de censurar consistía en hacer saber su apreciación sobre los largometrajes.

De la misma forma que en Estados Unidos, se formó por orden de la Acción Católica, el primer órgano censor denominado Legión Mexicana de la Decencia; a esta se le trasfirió la tarea de moralizar y en enero de 1934, publicaron su primera hoja de apreciaciones, aunque durante toda esa década no tuvieron gran efecto.

En 1940, Manuel Ávila Camacho entró al poder y comentó que las políticas anti religiosas se reducirían pues él era creyente. Esto provocó que la Legión tuviera más poder y el 10 de octubre de 1941 fue institucionalizada, con lo que ya apoyaba al gobierno con la censura, según el investigador Guillermo Zermeño.

Es en este sexenio cuando se determinó que las letras A B C y D definirían la clasificación de películas. Así que la tarea de la Legión era mostrar a la gente sus boletines de comentarios y una forma de hacerlo fue pegar afiches afuera de las iglesias, como refiere en entrevista el cronista Alfonso Hernández.

“La D estaba prohibida por la moral cristiana. Hubo ocasiones que la Legión criticaba la película sin verla. Esto hacía que la gente tuviera más ganas de verla, aunque algunas veces salía decepcionada como cuando se estrenó Pasión de los Fuertes en las que sólo había vaqueros” señaló en entrevista el historiador Alfredo Ruíz Islas.
 

Los vaqueros filmados por John Ford se enfrentan a balazos en Pasión de los Fuertes.

Por su parte, Zermeño refiere que tras investigar en el Archivo de la Acción Católica Mexicana encontró un documento que pudo ser guía para la revisión del cine en esa época denominado Código de Producción Cinematográfico, el cual se dividía en 16 apartados.

Algunas de las reglas de ese Código eran: la desnudez estaba prohibida, el baile no debía enfocar las caderas de las bailarinas, los besos sólo deben darse en cara y manos, sin mostrar lengua, ni la boca de los actores, la religión no podía ser objeto de burlas y en escenas violentas la sangre sólo aparecía si era necesaria y sin mostrar la herida.

Para hacerle frente a este problema, los cineastas mexicanos optaron, como refiere el profesor Francisco Peredo-Castro en su texto Inquisition shadows: politics, religión, diplomacy and Ideology iin Mexican Film Censorship, por usar metáforas como truenos, grandes olas de mar, y tormentas eléctricas para hacer entender al público que se hablaba de sexo.

Sin embargo, es la década de los 50 la que cambia el rumbo de la censura moral. Para 1955, refiere Péredo-Castro, la presión económica hizo que los censores nacionales se relajaran frente a la competencia de la televisión y la industria estadounidense.

Esa fue la razón por la cual, La fuerza del deseo exhibe por primera vez a una mujer desnuda el 22 de julio de 1955, la cual fue Ana Luisa Peluffo. “Después de los 50 a había desnudos gratuitos que no le aportaba nada a la trama” opinó Alfredo Ruíz Islas.

Sin embargo, el escritor Francisco Sánchez refiere en su obra Luz en la Oscuridad: crónica del cine mexicano 1896-2002 que en las películas, La mujer del puerto de 1933 y en La Mancha de Sangre de 1937, ya habían aparecido desnudos, pero las escenas fueron cortadas y los filmes exhibidos después de mucho tiempo.

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Ana Luisa Peluffo fue la primera actriz en aparecer desnuda en la cinta La fuerza del deseo, en 1955. ARCHIVO/EL UNIVERSAL.

 

En palabras de Francisco Sánchez, La Mancha de Sangre, dirigida por el pintor mexicano Adolfo Best Maugard, fue uno de los títulos que sufrieron los peores estragos de la censura moral.

La película fue filmada en 1937, pero su estrenó llegó hasta 1943 en “el Cine Politema, uno de segunda” refiere la Filmoteca UNAM en su sitio.

La trama muestra la vida de una chica que se hace cabaretera y termina enamorada de un chico de provincia. A lo largo de sus 70 minutos, se retrata la normalidad nocturna de la Ciudad de México. Esto fue motivo suficiente para que se censurara y quedara perdida por 50 años.

En 1993 la Filmoteca UNAM recibió un nitrato de celulosa incompleto, sin el rollo 6 de sonido y sin el penúltimo de la imagen, pero esta es la copia más completa que existe sobre el largometraje. 
 

La Mancha de Sangre tiene clasificación “A” en la Cineteca Nacional.

Es tras la década de los 50, que los censores comienzan a relajarse y cines como el Savoy, inaugurado en 1943 o el Teresa que abrió en 1924 y llegó a ser reunión para las élites en 1942, se convirtieron en pornográficos. Además, para la década de los 70, las ficheras fueron el atractivo de la pantalla grande mexicana con actrices como Lyn May.

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La vedette Lyn May, protagonista de películas llamadas "de ficheras" en los años 70. ARCHIVO/EL UNIVERSAL.

El Gran Diario de México en 1959 publicaba una nota de Lucio Mendieta y Nuñez quien al respecto de la censura moral escribía: “un hombre honrado no se transforma en asaltante por ver películas de gangsters, pero una joven decente corre el riesgo de dejar de serlo si repite con su novio el beso que acaban de darse en las pantallas sus luminarias favoritas”.

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Lucio Mendieta y Nuñez escribía en 1959 que una mujer decente podría dejar de serlo, si se besaba como lo hacían sus luminarias favoritas. Colección Villasana-Torres.

Sobre la censura política,  La Sombra del Caudillo, que relata la transición presidencial en la Revolución Mexicana, es uno de los casos más sonados. Esta película se basó en la novela homónima de Martín Luis Guzmán y fue dirigida por Julio Bracho. El 17 de julio de 1960, EL UNIVERSAL anunciaba un estreno privado en el Cine Versalles.

Habían pasado ya tres años desde que se tuvo que estrenar la película y Julio Bracho comentaba a EL UNIVERSAL que su obra se mantenía en las sombras por “presión de algunos militares que no alcanzan a ver la parte constructiva de esta película”.

Su exhibición al público se dio 30 años después, un 25 de octubre de 1990, en el gobierno de Carlos Salinas de Gortari. El director, Julio Bracho, murió dos décadas antes del acontecimiento.
 

Tráiler de La Sombra del Caudillo de Julio Bracho, cinta de los años 60, tomado de Youtube.

En 1992, con el presidente Carlos Salinas de Gortari, se publicó la Ley Federal de Cinematografía en la que la mutilación, cortes o abstención en la exhibición de alguna obra quedaban prohibidas, salvo que se presentara algún delito.

Actualmente la Dirección General de Radio, Televisión y Cinematografía (RTC) perteneciente a la Secretaria de Gobernación, es la encargada de la clasificación de los largometrajes en México, las cuales son: AA para todo público;  A para mayores de seis años; B para mayores de 12 años, B15  no recomendada para mayores de 15 años; C para adultos mayores de 18 y D sólo para adultos por el contenido explicito; sin embargo en la práctica, al menos en la capital, esto no se lleva a cabo.

En este 2019 las cosas han cambiado. Ya no tienes que espantar ratas de tu asiento, tampoco te caen orines desde arriba e incluso puede que ya ni visites la iglesia; ahora tienes libertad de elegir qué ver en el cine con pagar tu boleto, pero el camino recorrido no ha sido corto.

Aún cuando las cintas están clasificadas, en la práctica no hay medidas rigurosas en las salas cinematográficas para el ingreso del público por edades, por lo que en realidad en muchos casos el que menores vean o no ciertas cintas queda bajo criterio de los padres.

La imagen principal muestra El Cine Lago ubicado en Ciudad Nezahualcóyotl que en su marquesina anunciaba las cintas Sor Tequila y Traficantes de pánico. La foto es de la década de los 70. Hoy en este lugar vemos una popular tienda de electrodomésticos y muebles para el hogar.

En el caso de las fotografías de nuestras comparativas, ambas fueron obtenidas de planas de EL UNIVERSAL. La primera es una crítica de la Legión Mexicana de la Decencia sobre la película Yo Pecador con la que se trataba de combatir a las cintas moralmente “malas”, publicada en 1959. La segunda es una nota de 1981 sobre Lyn May quien entonces ya era una estrella del cine de ficheras.

Fotos: Archivo EL UNIVERSAL

Fuentes:

  • Hemeroteca EL UNIVERSAL
  • Peredo Castro, Francisco, “Shadows of Inquisition. Censorship in Mexican Cinema”, en Daniel Biltereyst y Roel Vande Winkel (editores / coordinadores), Silencing Cinemas. Film Censorship Around the World, Nueva York, Palgrave Macmillan (Global Cinema Series), 2013, 321 pp. ISBN: 978-0-230-34081-7.
  • Peredo Castro, Francisco, “Catholicism and Mexican Cinema. A secular state, a deeply conservative society and a powerful Catholic hierarchy”, en Daniel Biltereyst y Daniela Treveri Gennari (editores / coordinadores), Moralizing Cinema: Film, Catholicism, and Power, Londres, Routledge / Taylor and Francis, 2015. ISBN: 9781315883823.
  • Zermeño, Guillermo. “Cine, censura y moralidad en México. En torno al nacionalismo cultural católico, 1929-1960.”. Historia y Grafía 8, no. 8, 1997: 67-102.
  • Sánchez Francisco. “Luz en la Oscuridad: crónica del cine mexicano 1896-2002”. CONACULTA, 2002: 124-147.
  • Entrevistas: Cronista Alfonso Hernández y al investigador Alfredo Ruíz Islas.


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