Así fue el viaje en el Mexique, el barco que trajo a niños refugiados españoles

Mochilazo en el tiempo

Hoy hace 84 años cientos de niños españoles tuvieron que dejar su país y viajar solos, muchos para nunca volver, con destino a otras naciones que los libraran de los horrores de la Guerra Civil Española. Hoy narramos cómo fue el viaje de más de 460 pequeños que arribaron a México en un antiguo barco de guerra francés adaptado para transportarlos

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En memoria del natalicio de Federico Linares Petit de Murat (7 de junio 1997- 30 de diciembre del 2016), de su infinita bondad, alegría y eterna sonrisa.

Texto: Angélica Petit de Murat

Con la esperanza de que tuvieran un mejor destino, pensaron en ellos para ser los primeros en huir de la inminente guerra civil española. Eran 164 niñas y 292 niños, en total 456 menores de entre 6 y 16 años, forzados entre miedo y llanto a dejar los brazos de sus padres, quienes estaban convencidos de que el exilio, aunque doloroso, era lo mejor para sus hijos.

Históricamente está marcado 1939 como el principio del exilio republicano español, pero la salida de estos pequeños españoles, en 1937, fue lo que dio inicio a un exilio masivo que duró más de una década por la guerra y posterior dictadura militar en España.

Durante más de 10 años llegaron a tierras mexicanas cerca de 20 mil personas buscando refugio. Surgieron grupos humanitarios a nivel mundial para salvaguardar a los niños de España mientras continuara el conflicto bélico.

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Escenas del exilio motivado por la guerra civil española. La fotografía es una reproducción. Archivo EL UNIVERSAL.

El origen de la guerra

El palpitar de España a finales de la década de 1920 era el de una nación que estaba lista para dejar atrás a la monarquía reinante y los viejos estatutos gubernamentales que la regían, esto permitió la proclamación de la  II República el 14 de abril de 1931, según Gabriel Jackson en  La república española y la guerra civil.  
  
Sin embargo, el joven gobierno fue incapaz de solucionar los problemas heredados y él mismo creó nuevas problemáticas sociales, provocando inestabilidad y desorden que dividieron tanto a los españoles que ni las nuevas elecciones en 1936 lograron cerrar la brecha entre la izquierda y la derecha, con los anarquistas o con la Iglesia.

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La intervención del Ejército para restablecer el orden se convirtió en un golpe de Estado, dando origen a revueltas en toda España y a una inevitable guerra civil.

El gobierno de la II República en España, o lo que quedaba de éste, logró organizarse con algunos gobiernos simpatizantes en lo que llamaron Socorro Rojo Internacional.

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El gobierno de Lázaro Cárdenas recibió a los niños españoles el 7 de julio de 1937. Foto: Archivo General de la Nación.

Francia, Suiza, Bélgica, Dinamarca, Rusia y México abrieron sus puertas para que niños en riesgo fuesen a radicar en su territorio, con la promesa de repatriarlos cuando las condiciones de seguridad y paz volvieran a su país de origen, según los registros de las diversas organizaciones internacionales que prestaron apoyo, recursos y ayuda humanitaria en este proyecto que se conoció como “Niños de la Guerra”.

Los “Niños de la Guerra”, identificados en México como “Los Niños de Morelia” fueron traídos a nuestro país a petición del Comité Iberoamericano de Ayuda al Pueblo Español con sede en Barcelona.
 
Desde México, se instituyó el Comité de Ayuda a los Niños del Pueblo Español, presidido por María de los Ángeles A. de Chávez Orozco y como parte de la comitiva, Carmela Gil de Vázquez Vela, Matilde Rodríguez Cabo de Mújica y Amalia Solórzano Bravo, esposa del entonces presidente Lázaro Cárdenas, quienes firmaron un convenio de apoyo con el que se logró concretar la expedición hacia la nación mexicana.

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Una reproducción fotográfica de los años 30, donde se observan gráficas del exilio. Archivo EL UNIVERSAL.

Francia, la primera parada rumbo al exilio  

Transcurrían los primeros días de mayo de aquel 1937 cuando se logró concentrar en el puerto de embarque de Barcelona al grupo de niños que se irían.

El vapor español, El Marqués de Comillas, había sido requisado por el gobierno de la II República para funcionar como buque-hospital y en esa ocasión sería el transporte que llevaría a Francia a los pequeños pasajeros para abordar un barco llamado Mexique.

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Buque español de vapor El Marqués de Comillas en una fotografía de los años 30. Cortesía.

Irónicamente para este vapor esa fue su última misión como barco republicano antes de pasar a manos del bando nacional.

Para los infantes, el puerto de Barcelona fue el último adiós de sus familias que, imposibilitadas para acompañarlos, se precipitaban en el muelle entre abrazos y lágrimas.

Para muchas madres fue desgarrador ver partir a los hijos a un destino tan lejano e incierto como lo era el continente americano, sin más garantía que la promesa mexicana de acoger y cuidar de sus niños hasta que la guerra terminara para volverlos a ver, si es que ellos, sus padres, salvaban la vida durante el conflicto bélico. 

Con la intención de concretar con éxito este primer éxodo masivo infantil se hizo una lista con sus nombres, edad, sexo y lugar de procedencia, pero se tuvo que improvisar un nuevo listado y organización ya que en el grupo final, conformado por 462, había varios que rebasaban la edad o eran menores a lo estipulado para calificar en el viaje.

Por hermandad y parentesco se hicieron muchas excepciones y así chicos mayores y niñas pubertas quedaron a cargo de los más pequeños que no podían valerse tanto por sí mismos.

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Además, desde Barcelona, los guardianes asignados para cuidar del grupo infantil en el viaje, maestros, enfermeras y un médico, aprovecharon para llevar consigo a sus propios hijos y familiares, situación que los llevó a no poner la atención ni cuidados adecuados, narra Emeterio Paya Valera en su libro Los niños españoles de Morelia: el exilio Infantil en México. La responsabilidad pasó a los mismos niños que desde entonces se cuidaron entre sí.

Este primer exilio a México fue por mucho el más difícil de todos los que provocaría la guerra civil española, ya que se trataba de niños viajando solos, salvaguardando su seguridad por etapas coordinadas entre tres países, España, Francia y México. En este tenor y con rumbo al puerto de Burdeos, Francia, zarpó el Marqués de Comillas el 25 de mayo de 1937.

El viejo barco de guerra que los llevó a México

En el Puerto de Burdeos esperaba ya el Mexique, un buque recién reconvertido a consumo de combustible que pertenecía a la flota de semi lujo de la Compagne Générale Transatlantique (CGT).

Era un barco viejo, botado desde 1914, que con el nombre de Lafayette entró en  servicio de paquetera y pasajeros en noviembre de 1915 con ruta de Burdeos, Francia, a Nueva York, la que generaba mayores ingresos a las líneas navieras debido a que en esos años había grandes y constantes migraciones de europeos a Estados Unidos.

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El transatlántico CGT Lafayette como buque hospital entre 1917 y 1919, en la Primera Guerra Mundial, luego cambió de nombre a Mexique. Tomada de Wikimedia Commons.

En enero de 1917, el gobierno francés había requisado el Lafayette a la CGT para dar servicio a la armada francesa como Hospital durante la Primera Guerra Mundial cuando contaba con mil 400 camas. Transportó tropas y repatriados hasta enero de 1919, cuando fue devuelto a la CGT French Line, que se limitó a acondicionar el mobiliario original, regresarlo al servicio de pasajeros y a la ruta de antes de la gran guerra.

En 1928 la naviera francesa dio de baja el barco Espange (España), vapor que originalmente cubría la ruta España -México con escala en Cuba y asignó al Lafayette para cubrir el mismo trayecto, pero ahora con el nombre de Mexique.

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El Mexique fue elegido entre la extensa flota de la CGT por ser el barco más experimentado en la ruta Francia- México desde 1928, ya entonces lucía anticuado y lento ante los nuevos transatlánticos ultra modernos de la competencia y de la misma French line, que era propietaria del barco más maravilloso del mundo, el Normandie.

En 1930 la CGT tomó la decisión de retirarlo de circulación durante dos años para una profunda remodelación, hacer la conversión de vapor a combustible y modernizar el área de pasajeros acondicionándolo con espacios de recreación y servicios que no había tenido hasta entonces.

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Una postal del Mexique en 1933, recién remodelado, para inaugurar sus servicios como transatlántico de lujo.  

El Mexique fue dotado de grandes comedores, bares, teatro, salones de juego, salones infantiles, gimnasio y elegantes salas de escritura, de lectura y para fumadores. Para agilizar el movimiento de pasajeros entre los servicios y las atracciones a bordo se instaló un ascensor que sirvió para definir los niveles del barco por clase social.

Para 1937 había sido contratado por el Comité Iberoamericano de Ayuda al Pueblo Español, con fondos del Comité de Ayuda a los Niños del Pueblo Español, la cooperación humanitaria del Partido Comunista francés, la Internacional Comunista y la naviera más importante de Francia, la Compagnie Générale Transatlantique (CGT), la cual asignó este buque para llevar a los niños a México

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Anuncio del vapor Mexique en 1937, donde se promocionaban viajes directos de sólo 13 días de Veracruz a St. Nazaire, Francia. Archivo EL UNIVERSAL.

Lo que hicieron en el viaje de 12 días

Antes de abordar el Mexique, los menores de edad fueron divididos en dos grupos: en el primero quedaron las niñas y los pequeños más dependientes; en el segundo, los varones de entre 6 y 16 años que podían hacerse cargo de sí mismos. 

El grupo llegó mejor organizado al Puerto de Burdeos, a cada niño de los más grades y capaz de cargar se le asignó una pequeña maleta personal con una muda de ropa, calzado cómodo, productos básicos de higiene, algún recuerdo querido de la casa, de la familia y unas líneas escritas en un trozo de papel de los padres con la promesa del pronto reencuentro.

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Reproducción de una fotografía del exilio español. Archivo EL UNIVERSAL.

El precario equipaje permitido facilitó el manejo de los niños entre los trayectos de un país a otro, pero para muchos de ellos la limitación de la diminuta maleta significó el despojo de la identidad personal y la pérdida de sus raíces.
 
El 25 de mayo de 1937, en el flamante muelle francés de la CGT, inició el abordaje de los 456 niños españoles y sus cuidadores. En el barco venían pocos viajeros que habían comprado pasaje previamente, ocupando la primera y tercera clase.

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 Tomada del Catálogo de viaje temporada verano de 1933, promoción del Barco Mexique.

Se asignó al grupo de niños toda la segunda clase que contaba con cómodas y seguras instalaciones, equipamiento de muy buena calidad, amplias zonas públicas y elevador para el disfrute de los pasajeros.

El capitán puso al cuidado de los niños y niñas más pequeños al personal femenino y de habla hispana que había en el barco, camaristas, cocineras y niñeras se abocaron a cuidar de los indefensos chiquillos.

Con el grupo de los varones puso a cargo a los marineros más jóvenes para mantener el orden sin intimidarlos.

Previendo el natural comportamiento de los infantes toda la tripulación estaba atenta a ver que ningún niño se perdiera en el barco. 
 
Según testimonios de los viajeros, uno de los salones de la segunda clase se acondicionó para ser el dormitorio en donde, según los cálculos del éxodo infantil esperado, originalmente se colocaron 500 de las mil 400 angostas camas que se habían utilizado en este barco cuando fue  hospital durante la Primera Guerra Mundial.

Al mediodía el barco zarpó rumbo a Cuba, donde se reabastecería de combustible y de lo que los niños requirieran, como atención médica y otras necesidades.

De acuerdo con las memorias que se han compartido en distintos homenajes celebrados cada año, la primera noche había sido terrible, luego de la cena en el gran comedor de la segunda clase, el llanto infantil brotaba y se generalizaba, el desconcierto, la nostalgia y el miedo que imperaba entre los niños aunado al vaivén natural de la nave en movimiento, aun cuando se registró buen tiempo, hicieron imposible el sueño.

Parecía que los 12 días de trayecto que restaban para llegar a México serían una pesadilla pero no fue así, niños al fin, pronto aprovecharon la falta de supervisión y vigilancia de sus guardianes y los más avispados se lanzaron a descubrir el mágico espacio en el que viajaban.

Compara el antes y el después deslizando la barra central (clic aquí para ver más grande)

En la imagen antigua, una fotografía de los “Niños de Morelia”; en la del 2007 algunos de ellos durante un homenaje rendido en el 70 aniversario de su partida a México. Fotos: EFE. Diseño web: Griselda Carrera.

Por las fotografías que permanecen en el Acervo del Museo de la Ciudad de Nueva York, postales publicitarias y catálogos de viaje, sabemos que el Mexique era enorme. Pronto los españolitos improvisaron juegos entre salones, viajeros y tripulación, que hacían que su situación fuese más llevadera.

Chicos y grandes correteaban en las cubiertas del barco distribuidas varios niveles y por clase, jugaban en las mesas de pimpón de adultos, entre los aparatos del gimnasio y con todo cuanto encontraran al paso, puesto que ni las repetidas funciones de títeres en el pequeño teatro infantil de a bordo eran suficientes para calmar la inquietud y la incertidumbre.

En los salones infantiles de la primera y segunda clase, los juguetes no alcanzaban para todos y una vez que algún niño tomaba uno, no los compartía ni soltaba el resto del día.

El Mexique era muy largo y con un peralte al centro que no permitía ver el fin del barco de punta a punta, lo cual era un disfrute para los jóvenes que, acalorados y con la camisa remangada, tomaban los camastros de la cubierta exterior para reposar o pasar el rato, mientras el clima y la cálida cercanía de las tierras mexicanas podía sentirse en el ambiente. Sin darse cuenta este numeroso grupo se fue haciendo una gran familia. 

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Foto: Archivo General de la Nación.

Obsequios y flores en el puerto de La Habana

Fue enorme la sorpresa que sintieron al llegar al puerto en La Habana, Cuba y, aunque no bajaron del barco, en el muelle había cientos de personas saludándoles con pequeños obsequios y flores que no pudieron recibir. La prensa del mundo estaba al pendiente del viaje de los “Niños de la Guerra”.

EL UNIVERSAL publicó una nota expresando preocupación porque pudieran atentar contra la integridad de los niños que huían de la guerra en España o del barco mismo.
 
Luego de pasar la noche en el muelle cubano, el Mexique zarpó al amanecer rumbo a su destino final: Veracruz, México.

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Postal turística del Puerto de Veracruz.  

Si la llegada a Cuba fue sorprendente por la cantidad de gente que alegre saludaba a los niños españoles en el muelle, lo que vieron al llegar a tierras mexicanas fue extraordinario.

La visión primera del Puerto de Veracruz fue el imponente fuerte de San Juan de Ulúa y el recién modernizado muelle que permitía albergar los enormes transatlánticos de entonces, se describió en la primera plana de este diario el martes 8 de junio de 1937, al día siguiente de la llegada de los pequeños.

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Luego la mirada llegaba al edificio de Faros y al de la Escuela Naval, inmueble que había sido fotografiado para la primera tarjeta postal de Veracruz que algunos afortunados habían visto antes.

Esta imagen corroboró el incierto futuro que les esperaba, los niños más grandes supieron que la separación de sus padres, de su país y de todo cuando habían vivido era definitiva, aun así se dejaron contagiar de la alegría de los menores ante el cálido recibimiento. 
                                                                                                            
La multitud se congregó en el muelle y aun cuando estaba planeada la llegada de los niños refugiados, a los marinos mexicanos encargados del orden les fue difícil controlar la emoción de tantas personas deseosas de acoger a los chiquillos.

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Nota del 13 de junio de 1937 donde se observa a Amalia Solórzano de Cárdenas, esposa del  presidente, Lázaro Cárdenas, en la visita que hizo a la Escuela Hijos del Ejército Número 2, donde saludó a los niños españoles y les hizo entrega, en sencilla pero imponente ceremonia, de la bandera mexicana. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.

Y es que la prensa nacional e internacional había seguido el trayecto a detalle, despertando el deseo de todo un país de proteger a estos desolados que habían dejado lejos a sus familias. Se les llamó “Los Niños de Morelia” porque fueron alojados en dicha ciudad de Michoacán, en una vieja escuela adaptada especialmente para ellos como vivienda y aulas de estudio.

El Mexique que los trajo a nuestro país terminó sus días en 1940, mientras navegaba como barco auxiliar para la marina francesa cuando fue alcanzado por una mina que lo hizo explotar y hundirse en las profundidades del Océano Atlántico.

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El hundimiento del Mexique el 19 de junio de 1940 tras hacer ezplosión una mina magnética en el puerto de Le Verdón, Francia. Fotografía tomada del libro La Compagnie Générale Transatlantique, Historia de la Flota, de Ludovic Trihan. Editorial Glenat 1993, Francia.

Mientras “Los Niños de Morelia” se incorporaban a las costumbres nacionales y a ser de este país, México rompió relaciones con la España de Franco, lo que dificultó su repatriación para reunirse con los padres sobrevivientes, pues se vieron atrapados en una dictadura que duró más de 30 años.  

Así, la mayoría de los niños olvidaron poco a poco de dónde venían al tiempo que fueron eternos extranjeros en el país que los recibió, el grupo buscó mantenerse unido.

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Caravana que acompañó a los niños españoles a Morelia en 1937. Foto: Archivo General de la Nación.

Han pasado más de ocho décadas desde que los españolitos pisaron tierra mexicana, para ellos cada 7 de junio es una celebración, fecha exacta en que desembarcaron del Mexique en el Puerto de Veracruz huyendo de los horrores de una guerra y donde todo un país los esperaba con los brazos abiertos. 

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La fotografía principal es una postal promocional del Mexique en 1932, luego de su renovación. Cortesía.

Fuentes:

  • Hemeroteca EL UNIVERSAL
  • Los niños españoles de Morelia: el exilio Infantil en México, de Emeterio Payá Valera,
  • Mexique el nombre del Barco, de Ma. José Ferrada
  • Sitio web de la CGT
  • Acervo histórico de Línea naviera Francesa  Compagne Genérale Transatlántique
  • Sitio Web del Museo Naval de Burdeos Francia
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