Hagamos balance

Miguel Carbonell

Es un lugar común decir que las elecciones intermedias suelen ser una especie de referéndum sobre lo bien o lo mal que lo está haciendo un gobierno. A la luz de esa comprensión, hay quienes han dicho que lo que se juzgará en las urnas el próximo domingo 6 de junio es la valoración que la ciudadanía tiene del desempeño de López Obrador.

Me parece, sin embargo, que el mensaje que saldrá de las urnas será mucho más matizado y complejo. La exposición pública de AMLO en estos casi tres años de gobierno ha sido tan intensa que seguramente todos tenemos una opinión sobre el tipo de presidencia que está llevando a cabo. No debe haber muchos mexicanos que no se hayan formado un criterio propio sobre las verdades y las mentiras que hemos escuchado en su homilía matinal, sobre las vidas que se han perdido por la pésima gestión de la pandemia, sobre las amenazas contra los órganos constitucionales autónomos y contra algunos jueces federales, sobre las descalificaciones a organizaciones de la sociedad civil y a centros públicos de investigación tan prestigiosos como el CIDE, sobre la falta de apoyos para mujeres víctimas de violencia de género, sobre los recortes a la educación inicial y a la que deberían estar recibiendo los niños con discapacidad, sobre la preocupante tasa de abandono escolar (más de cinco millones de niños han salido del sistema educativo nacional), sobre las cifras de incidencia delictiva que no remiten, sobre el galopante aumento de la pobreza, sobre las tristes cifras de la debacle económica, etcétera. Junto a esos datos negativos habrá quienes pongan como saldo positivo el aumento al salario mínimo, los apoyos clientelares a adultos mayores, jóvenes y madres cabeza de familia, la estabilidad en el tipo de cambio del peso frente al dólar, la supuesta lucha contra la corrupción, etcétera. Todo eso ha sido detalladamente analizado y de sobra comentado. Nadie puede ignorarlo o negarlo, a menos que tenga algún interés en hacerlo o quiera que le vaya mal al país.

Lo interesante del ejercicio democrático del 6 de junio me parece que no va a ser el examen al gobierno de AMLO, sino la valoración que estaremos llamados a realizar sobre el desempeño de los gobiernos locales. La realidad cotidiana de los ciudadanos en relación con el poder público tiene que ver con sus circunstancias más cercanas. Los gobiernos municipales y si acaso los estatales son los que impactan en la vida cotidiana de las personas, de forma directa. El gobierno federal puede parecer lejano para los habitantes de la sierra de Puebla, para los de Baja California Sur o los del interior de la Península de Yucatán. Pero nadie puede evitar el contacto con su policía local, con sus ayuntamientos, con lo que decida su congreso local, etcétera. Ese va a ser el parámetro bajo el cual muchos votantes decidirán el sentido de su derecho de sufragio cuando estén frente a la boleta electoral.

México es un país enorme y afortunadamente es muy plural en lo político, en lo económico y en lo social. La realidad de Nuevo León es muy diferente a la de la CDMX. Si las encuestas no fallan, los regiomontanos se inclinarán por un gobierno estatal encabezado por Movimiento Ciudadano, pero le renovarán el mandato en un municipio tan relevante como San Pedro Garza García al candidato independiente Miguel Treviño de Hoyos, quien ha tenido un desempeño excelente en su primer periodo como Presidente Municipal. En Querétaro arrasará al PAN con su candidato Mauricio Kuri. En la CDMX seguramente repetirá algunos triunfos Morena, aunque el PAN conservará su liderazgo en la alcaldía de Benito Juárez y la alianza opositora dará una buena lucha en zonas de las alcaldías de Miguel Hidalgo y Cuauhtémoc. Nayarit quedará en manos de Morena y así por el estilo.

Veremos un México más plural, que está atento a las realidades locales y cuyos ciudadanos quieren gobiernos efectivos, más allá de la cháchara con las que nos distraen a diario desde Palacio Nacional. Contarán mucho los perfiles de las y los candidatos, lo cual debe representar una poderosa llamada de atención para el próximo ciclo electoral y sobre todo para la gran cita de 2024. Ojalá los partidos tomen buena nota y eleven el perfil de sus propuestas. Es demasiado lo que está en juego. En todo caso, estimado lector, no dejemos de acudir a nuestra cita con las urnas. Eso será, al fin y al cabo, lo más relevante de todo: la participación ciudadana que es indispensable en todo régimen democrático.

 

Investigador del IIJ-UNAM.
@MiguelCarbonell

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