En lo general, para los hacedores de política pública, el análisis y conceptualización de problemas económicos y sociales son actividades en extremo complejas por varias razones, que van desde la carga ideológica y la formación académica de los tomadores de decisiones, hasta información insuficiente o con desfase temporal, que impiden profundizar con la agudeza que se requiere. Este año, no será la excepción; sin embargo, sí hay marcadas diferencias respecto de lo que se ha observado en años anteriores.

Los primeros nueve meses de la administración del Presidente López Obrador ha representado un periodo complejo, pleno de aprendizajes y ha debido permitir un diagnóstico profundo y de primera mano de la situación del País, más allá de simples números, indicadores y variables económicas. Este tiempo permitió un trabajo de campo para tener claridad sobre la percepción de los diferentes actores económicos y sociales, principalmente sobre lo ya realizado y las expectativas para el resto del sexenio.

El pasado 1 de septiembre, tuvimos la oportunidad de conocer el Primer Informe de Gobierno de esta administración, en el que también pudimos tener certeza del diagnóstico que se ha realizado el Ejecutivo. No sorprendió que se identificaran como principales problemáticas del país la falta de democracia, de Estado de derecho, el gasto excesivo de los diferentes aparatos gubernamentales y otras en las que se está trabajando como la pobreza y la inseguridad como variables correlacionadas.

Celebramos los enormes esfuerzos que se están realizando en estos temas, así como en aquellos relacionados con rezagos sociales, ya que sin duda requieren atención y coincidimos, no hay forma de un cambio verdadero sin atención a ellos. No obstante, en lo que se ha denominado “Nueva Política Económica”, sorprende el argumento de desechar la obsesión de medir todo en función del crecimiento económico.

La evidencia empírica, resultado del análisis histórico en el mundo sugiere que el crecimiento del PIB deriva principalmente de la productividad, la que a su vez implica menores costos de producción, mayores salarios reales, menores precios, mayor competitividad, atracción de inversiones y generación de empleos.

Esto no implica, bajo ningún esquema, que el crecimiento económico sea la única variable que deba monitorearse, ni siquiera la más importante, pero no puede ni debe desestimarse. Sectores económicos de alta relevancia para el País han venido padeciendo bajas considerables en su dinámica con fuertes impactos directamente para la población, tales como la construcción, la industria petrolera, el turismo, entre otros.

Para 2020, según el documento de criterios de política económica, se espera un crecimiento del PIB entre 1.5% y 2.5%. Por su parte, la recaudación tributaria total, se estima en 2% respecto a la recaudación estimada al cierre de 2019. Destaca justamente que el paquete económico 2020 tenga entre sus principales destinatarios de recursos a Pemex, empresa a la que se le continuará invirtiendo seguramente en el resto del sexenio. Se estima que los ingresos petroleros sean de 945 mil millones de pesos, 4.5% más que el estimado al cierre de 2019, pero 8.8% menos que lo estimado en la Ley de Ingresos de 2019.

Por supuesto, el sector social, a través de los diferentes programas ya conocidos será uno de los más importantes. Se observa que el gasto programable en desarrollo social sería de 2 mil 800 millones de pesos, 2.8% más que lo presupuestado en 2018.

En dicho documento a la letra puede leerse: “El 17.5% de los recursos de los ramos administrativos se concentra en: Seguridad y Protección Ciudadana, para promover la adopción de modelos de justicia transicional, la cultura de paz y la recuperación de la confianza en la autoridad, recuperar el control de los penales, coordinar la ejecución del Programa para la Seguridad Nacional del Gobierno, por medio del Consejo de Seguridad Nacional y, establecer un Sistema Nacional de Inteligencia.”

Tenemos claro en que se trata de un cambio de paradigma, un diagnóstico diferente, que como mencionamos antes, asociada a un posicionamiento ideológico y a una lectura específica del contexto. En su caso, celebramos este gran esfuerzo por mejorar la condición social de los grupos más vulnerables; sin embargo, consideramos que, es imperativo entender que lo único que puede repartirse es la riqueza, la cual se tiene que generar y no se debe pensar por temas ideológicos en distribuir la pobreza, ya que cancelará cualquier posibilidad de desarrollo del país, por esto, es necesario que se brinde la atención que requiere el sector productivo de este país, porque es parte esencial de la ecuación para un mayor desarrollo social.

Vicepresidente de Consultores Internacionales S.C.

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