A raíz de una serie de reportes de prensa y a raíz de una “alerta” emitida por el gobierno estadounidense respecto al intento de ciertos “terroristas” de llegar a EEUU desde Nicaragua a través de nuestro país, el tema de la potencial presencia de Hezbollah en México ha estado rondando la agenda informativa las últimas semanas. Sin embargo, a la hora de efectuar los comentarios y reportes, frecuentemente se cometen errores de conceptualización y análisis al respecto de quién es esta agrupación, cuáles son sus objetivos, quiénes son sus aliados y quiénes sus enemigos, o se mezclan estos reportes con los de otras organizaciones como ISIS o Al Qaeda. El texto de hoy busca aportar algunas notas de contexto con el propósito de entender mejor los riesgos que nuestro país corre en torno al tema.

Hezbollah es el “Partido de Dios”, una organización política islámica libanesa de denominación chiíta, que tiene una rama paramilitar, la cual ha sido fundada, armada, entrenada y financiada por Irán para contribuir a avanzar los objetivos estratégicos de Teherán tanto en Líbano como en otras partes de la región. En los años ochenta y noventa, Hezbollah luchaba contra la intervención israelí en el Líbano, así como en contra de los intereses estadounidenses y, en general, occidentales. No obstante, el retiro israelí de Líbano en el año 2000 no detiene la lucha de Hezbollah en contra de ese país, o en contra de sus intereses en distintas partes del mundo. Tampoco detiene su lucha en contra de cualquiera de los enemigos de Irán, entre quienes se encuentra por supuesto Washington.

Además de tener una impresionante capacidad armada en Líbano (lo que representa un poder militar más fuerte que el propio ejército de ese país), Hezbollah cuenta con presencia en Siria y en otras partes de Medio Oriente, siempre combatiendo a lado de Teherán y sus aliados. Adicionalmente, el ala política de Hezbollah compite en las elecciones en Líbano y se ha ganado una importante participación en el parlamento de ese país. En la actualidad, la coalición política de la que forma parte, controla la mayoría de dicho parlamento.

Efectivamente, células de Hezbollah han cometido distintos ataques suicidas y otros tipos de atentados terroristas tanto en Líbano como en otros países del mundo desde hace décadas. Uno de los más sangrientos atribuidos a esa organización fue cometido en 1994 en Buenos Aires en contra de la Asociación Mutual Israelita Argentina, el cual causó 85 muertes y cientos de heridos. Eso es lo que le ha ganado la denominación de agrupación terrorista por parte de EEUU y de otros gobiernos. Pero como hemos comentado, el terrorismo no es sino una táctica de violencia que busca fines específicos, y Hezbollah no únicamente se ciñe a esa táctica.

De modo que estamos hablando de una organización compleja, que además de utilizar el terrorismo, cuenta con una base electoral, política, económica y militar en Líbano y en otras partes de Medio Oriente, cuyas fuerzas de combate están entrenadas en tácticas de guerra frontal y en tácticas de guerrilla, que cuenta con un poderoso arsenal de misiles y a quienes pocos pueden restringir incluso en su propio país. Las prohibiciones de Naciones Unidas en cuanto a las transferencias de armamento de Irán y Siria a esta organización han sido imposibles de llevarse a efecto. Hezbollah ha sostenido distintos enfrentamientos con Israel, el mayor de ellos en 2006, año en el que incluso a pesar de haber penetrado Líbano nuevamente, el poderosos ejército israelí fue incapaz de derrotar a la agrupación islámica.

Ahora bien, como dije, Hezbollah es una organización chiíta, aliada de Irán y del presidente sirio Assad, a quien ayudó a combatir en la guerra interna que éste ha librado desde el 2011. Por consiguiente, a medida que la pugna entre musulmanes sunitas y chiítas ha crecido en diversos frentes, Hezbollah, naturalmente, como parte del eje chiíta, se ubica posicionado directamente en contra de organizaciones sunitas como Al Qaeda o como ISIS. Por tanto, cuando se filtran reportes en la prensa acerca de la presencia de “miembros de ISIS” o “Al Qaeda” en nuestro continente, estamos hablando de otra cosa, no de Hezbollah. Esto no significa que dicha agrupación no haya colaborado con Al Qaeda en el pasado, pero sí que su competencia, y directo enfrentamiento en sitios como Siria o el propio Líbano, desde al menos 2011, son factores que hoy no favorecerían su cooperación.

Lo que sí es cierto es que Hezbollah lleva años intentando buscar aliados y establecer redes globales, lo que incluye a nuestro continente. Considere usted lo siguiente: en una entrevista reciente con el New York Times, el exjefe de inteligencia de Venezuela, Hugo Carvajal, relata cómo Tareck El Aissami, entonces ministro del interior de Venezuela, había buscado acercamientos con Hezbollah e Irán desde la década pasada. Ya desde entonces, las visitas venezolanas a la región que incluían Damasco y Teherán, buscaban también establecer contactos con la milicia libanesa. De igual modo, desde entonces se documentó la presencia de Hezbollah en Venezuela buscando financiamiento para sus actividades a través de tejer redes y contactos en distintas partes de América Latina. Por ejemplo, hubo varios reportes acerca de que Hezbollah y organizaciones criminales latinoamericanas utilizaban las mismas redes de lavado de dinero. Carvajal indica que El Aissami llegó a proponer un plan para que militantes de Hezbollah vinieran a Venezuela para trabajar en colaboración con combatientes de las FARC.

Más allá de Venezuela y Colombia, una y otra vez han emergido reportes de la presencia o actividades de Hezbollah en otros países latinoamericanos, el nuestro incluido. Al respecto, es importante entender el actual contexto de 2018-19, el cual incluye al menos los siguientes elementos: (a) Tras la salida de EEUU del acuerdo nuclear con Irán en 2018 y tras la escalada en las sanciones impuestas por parte de Washington a Teherán, así como el aislamiento diplomático que Trump ha intentado imponer sobre Irán, ese país está echando mano de todas las estrategias con las que cuenta para intentar contraatacar. Se sabe que una de esas estrategias incluye el uso de sus aliados, precisamente como Hezbollah, estrategia que no excluye la posibilidad de planear atentados terroristas; (b) Adicionalmente, a lo largo de los últimos años, Israel ha llevado a cabo cientos de bombardeos en Siria en contra de posiciones de Hezbollah, de Irán y del ejército sirio, procurando evitar el afianzamiento de sus enemigos en sitios más cercanos a su frontera y por tanto más favorables para atacarle, además de intentar evitar que Hezbollah reciba armamento sofisticado. Irán solo ha respondido directamente contra Israel en una ocasión y lo hizo de manera muy limitada. Así que, nuevamente, una de las estrategias que se estima Teherán podría utilizar para vengar los bombardeos israelíes, podría ser atacar intereses israelíes o judíos en distintas partes del mundo. Como ha sucedido antes, las células de Hezbollah podrían ser ideales para lograrlo.

En suma, como vemos, el contexto internacional actual sí podría favorecer el que Hezbollah esté pensando en penetrar a EEUU por la vía que sea, incluso por la frontera con México. Dicho lo anterior, sin embargo, los reportes existentes hasta hoy, han sido demasiado vagos y no proveen evidencia de que esa agrupación ya haya conseguido ese objetivo, o lo esté intentando conseguir en este momento. Mucho menos cuando varios de esos reportes confunden la actividad de ISIS con la de Al Qaeda y con la de Hezbollah, tres enemigos que no solo no cooperan, sino que se enfrentan en distintas partes del mundo en este momento. En cambio, estos son datos que sí tenemos: De acuerdo con la agencia de Aduanas y Protección Fronteriza, la mayor parte de sospechosos de terrorismo que intenta ingresar a EEUU lo hace desde Canadá. De los sospechosos de terrorismo que han intentado ingresar a EEUU desde México recientemente, muy pocos son extranjeros, la grandísima mayoría son estadounidenses. Más aún, de todos los atentados cometidos en EEUU desde el 12 de septiembre del 2001 a la fecha, el 100% ha sido perpetrado por ciudadanos estadounidenses. El propio Departamento de Estado indicó en su último reporte de amenazas terroristas globales (septiembre, 2018) que “no hay evidencia creíble” de que algún grupo terrorista haya enviado operativos para penetrar la frontera desde México o se haya asociado con algún cártel mexicano para tal efecto. La clave está en el lenguaje: no rumores o sospechas, sino evidencia creíble. No la hay, hasta ahora.

Esto puede cambiar, en efecto, pero debemos ser sumamente cuidadosos con las afirmaciones que hacemos, especialmente en un entorno en el que Trump argumenta que “personas de Medio Oriente” y “terroristas” están buscando colarse entre los grupos de migrantes que proceden de Centroamérica. Tendríamos que tener los conceptos bien claros y evidencia mucho más sólida antes de darle la razón.

Analista internacional.
Twitter: @maurimm

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