El uso de mercenarios sirios en Libia y ahora en Azerbaiyán contra Armenia

Mauricio Meschoulam

Hace algunas semanas se empezó a reportar que Turquía estaba enviando combatientes sirios a Azerbaiyán para pelear a favor de ese país, aliado de Ankara, en contra de Armenia. Turquía, por supuesto, lo negó. Las acusaciones por parte de actores políticos no se hicieron esperar. Los gobiernos de Francia y Armenia lo denunciaron. Turquía lo siguió negando. Luego fue el propio presidente sirio, Assad—quien sigue luchando una guerra en su país contra una rebelión en buena medida apoyada por Turquía—y claro, Ankara lo siguió negando. Pero la presencia de combatientes sirios en el Cáucaso se ha seguido documentando, algo que en realidad sigue una misma lógica que Turquía ha empleado en Libia. Lo que pasa es que no es solo Turquía quien ha estado contratando combatientes sirios para luchar en Libia. Rusia también lo hace, al igual que las monarquías del Golfo han empleado combatientes extranjeros (incluso colombianos) para la guerra de Yemen. El uso de mercenarios no es algo nuevo, en lo absoluto. Pero vale la pena echar un ojo a lo que está ocurriendo en el presente. Coloco algunas notas al respecto:

1.  Primero, algunos datos. Más de 45 mil sirios se han registrado en la base rusa ubicada en Latakia, Siria, para combatir en Libia (Bar’el, 2020). La compañía rusa que mueve estas operaciones es mundialmente conocida, el Wagner Group, una contratista privada que, como sostiene el Institute for National Security Studies de la Universidad de Tel Aviv (2020), podría tener también inversión por parte de la GRU, la inteligencia militar rusa. El Grupo Wagner ha operado a favor de los intereses del Kremlin en sitios como Ucrania o la propia siria, entre otros. Ese mismo grupo, por ejemplo, envió contratistas para proteger la seguridad de Maduro cuando Guaidó se autoproclamó presidente con el respaldo de Washington.

2. En Libia, Rusia apoya al general Haftar, quien lucha en contra del gobierno reconocido por la ONU, el denominado Gobierno del Acuerdo Nacional. Haftar es también apoyado por otros países como Egipto, EAU o incluso Francia. El Gobierno del Acuerdo Nacional (GNA) es apoyado por Qatar, y principalmente por Turquía.

3. Entonces, además de Rusia, Turquía también ha estado enviando a miles combatientes sirios a Libia, pero para luchar a favor del GNA, el bando contrario al que apoya Moscú. En el caso turco, no todos los mercenarios son reclutados directamente de territorio sirio, sino que forman parte de los más de 3 millones de refugiados sirios que hoy viven en Turquía (Bar’el, 2020).

4. Lo que pasa es que muchos de estos contratistas se registran pensando a veces que sus únicas funciones van a ser de logística, o para resguardar instalaciones petroleras. Como una especie de guardias de seguridad. Otros sí se registran con labores de combate. Sin embargo, el involucramiento de los “guardias” en labores de combate se ha ido incrementando. Varios miles han perdido la vida. Además, en un sitio como Libia, lo que ocurre es que mercenarios sirios contratados por la compañía rusa están combatiendo contra mercenarios también sirios pero contratados por Turquía. Como resultado, muchos de estos últimos, han elegido cambiar de bando y hoy están operando bajo las órdenes del Grupo Wagner pues les ofrece mejores condiciones y, sobre todo, menos riesgos a su vida.  

5. La lógica que mueve a estos combatientes para vender sus servicios no es muy difícil de entender. Ya sea porque viven en Siria, un país destrozado por una larguísima guerra, cuya economía se encuentra en cenizas, o bien, porque habitan en campos de refugiados en condiciones infrahumanas, el ingreso que les ofrece Ankara o el Grupo Wagner—que puede variar entre mil y tres mil dólares mensuales, dependiendo la función para la que se les contrata—es un ingreso que puede hacer toda la diferencia para ellos y para sus familias. Tanto así que deciden arriesgar su vida con el fin de obtener ese ingreso.

6. Para Rusia, el interés en el uso de este tipo de estrategia ha sido enorme desde la crisis de Ucrania. La utilización de contratistas permite al Kremlin al mismo tiempo avanzar intereses estratégicos y respaldar al bando que considera debe prevalecer en un conflicto dado (como Assad en Siria, o Haftar en Libia), sin tener que enviar formalmente personal militar o bien, limitando al mínimo indispensable el personal militar que envía. Esta estrategia también permite a Moscú deslindarse de responsabilidades. Por ejemplo, no es el Kremlin quien está cuidando la seguridad de Maduro, sino una compañía privada que contrata personal para tal efecto. Esto, además, por supuesto, de evitar costos humanos de su personal militar, o el tener que justificar internamente intervenciones en el extranjero.

7. Para Turquía, también es crucial avanzar sus intereses estratégicos en una cada vez más amplia esfera de influencia. En Libia, por ejemplo, además de apoyar a un gobierno compuesto mayoritariamente por islamistas, Ankara necesita asegurar el acuerdo de fronteras marítimas que firmó con el GNA, el cual le permitirá explotar el gas natural que se ha descubierto en esa zona del Mediterráneo. Por tanto, la utilización de combatientes sirios le permite ir empujando todos esos intereses sin la necesidad de expandir demasiado su despliegue de personal militar en ese país, sin tener que derramar sangre turca y sin tener que enfrentar a un sector de su opinión pública que se opone a este tipo de aventuras en el extranjero.

8. El caso de Azerbaiyán-Armenia no es muy distinto. Turquía tiene una añeja rivalidad con Armenia, una rivalidad que en el pasado culminó incluso en un genocidio de armenios a manos turcas. Pero más allá de esa rivalidad, Turquía considera a Azerbaiyán un aliado estratégico para solidificar sus intereses actuales en toda la región del Cáucaso y para competir con Rusia (y con otras potencias) por influencia en esa zona. Ankara apoya a Bakú diplomáticamente, argumentando que el territorio de Nagorno Karabaj (un enclave en Azerbaiyán que es mayoritariamente poblado por armenios) es internacionalmente reconocido como parte de Azerbaiyán, que no hay nada que discutir al respecto, y que, para poder entrar en conversaciones serias, Armenia debería desocupar las zonas que ocupa militarmente desde el conflicto de los años noventa. Asimismo, Turquía ha empujado al presidente azerí, Aliyev, a ser más firme en sus reclamos, ofreciéndole el respaldo militar que estamos viendo. En ese sentido, la estrategia de emplear mercenarios sirios resulta conveniente toda vez que permite a Ankara evadirse de tener que reconocer su involucramiento directo en las hostilidades, tanto para su opinión pública interna como ante los actores internacionales, pero al mismo tiempo empujar sus intereses estratégicos.

9. En resumen, no estamos ante algo desconocido o poco utilizado en la historia. Sin embargo, bajo las condiciones actuales y las formas híbridas que han ido adoptando las campañas militares, vale la pena revisitar este tipo de estrategia y adaptar el análisis a las particulares circunstancias de los conflictos en la actualidad.

Twitter: @maurimm
 

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