Breve Diccionario Lopezobradorista (II)

Maite Azuela

La austeridad no ha tenido efectos de crecimiento en el ahorro público. Se ha desmantelado a varias instituciones. Se hace imperante conocer el destino de esos recursos

Para continuar con los conceptos a los que el oficialismo ha intentado robar el significado, agrego aquí un listado de algunos. No está de más señalar que las repercusiones no se limitan a una confusión interpretativa, sino que, en su ansiedad por justificar la falta de resultados, caricaturizan la situación actual hasta convertirse en un reflejo exponencial de sus propias descalificaciones.

Feminismo.- Para López Obrador el hecho de que se haya incrementado el interés y la participación social en movimientos que exigen condiciones igualitarias para hombres y mujeres a partir de una teoría política y una perspectiva filosófica que postula el “principio de igualdad de derechos” no tiene valor alguno. Incluso le estorban brutalmente las causas que promueven la eliminación de la violencia y los feminicidios, el derecho al acceso al aborto legal, gratuito y en el hospital. Para él y su gobierno, incluyendo a mujeres que abanderaron el feminismo en campaña, todo se reduce a un movimiento creado por el neoliberalismo que busca distraer la atención de la gente sobre la corrupción de sus adversarios.

Austeridad.- La austeridad en el gasto público que López Obrador ha emprendido con su gobierno, no ha tenido efectos de crecimiento en el ahorro público, sino que se ha utilizado como estrategia depredadora de la capacidad de gestión gubernamental. Se han dejado desmanteladas a varias instituciones al grado de que financiera y humanamente no sean capaces de operar. Se hace imperante conocer el destino de esos recursos y los costos de la disfuncionalidad en la que dejará a instancias responsables de garantizar servicios públicos fundamentales para la ciudadanía.

Bienestar.- Esta administración federal y sus aliados en los gobiernos locales, obvian la idea de que el bienestar implica un estado de la persona cuyas condiciones físicas y mentales le proporcionan un sentimiento de satisfacción y tranquilidad. Creer que la percepción que aprueba al presidente representa el estado de bienestar de la ciudadanía, es ignorar las cifras oficiales y reconocidas por su propio gobierno, sobre inseguridad, violencia, pobreza, desempleo, salud y prospectiva para las futuras generaciones.

Pobreza.- Es el resultado de fallas estructurales del Estado que generan pobreza y desigualdad: carencia en educación, acceso a servicios de salud, acceso a la seguridad social, calidad y espacios de la vivienda y acceso a la alimentación. Sin embargo, la traducción oficialista engrandece la pobreza y la aprovecha como un estandarte de identidad virtuosa que no solo sacrifica a la ciudadanía que la padece, sino que con ese estereotipo de sacrificio alimenta el resentimiento y la polarización social con la que ha dicotomizado el discurso público.

Desigualdad.- Acotar la desigualdad a pobres y ricos le permite a López Obrador simplificar su narrativa, ya que no consigue desarrollar elocuentemente un discurso apegado a la realidad que incluya los problemas estructurales que hay que atacar para eliminarla. No se trata solo de riqueza y pobreza, sino de la facilidad que tienen las personas para acceder a los servicios de salud, la educación de calidad o los servicios públicos, o también, la expectativa de vida. Hay desigualdades entre los géneros y entre los grupos sociales. Ante la incapacidad de generar políticas públicas que estrechen la distancia entre las desigualdades, no le queda más que hacer una caricatura en blanco y negro.

Fifís.- La palabra Fifí sale de un cuento de 1882 del escritor francés Guy de Maupassant. En Mademoiselle Fifí se hace referencia a un personaje varón con actitudes y atributos afeminados. En el libro de las malas palabras de Rius, fifí significa “afeminado”. Aquí podemos ver otra manera machista de insultar de López Obrador. Es un artificio discursivo que resulta exitoso cuando se trata de estigmatizar y despertar odios, pero no resuelve nada de fondo.

Su narrativa es como un dibujo de trazos infantiles que no considera dimensiones, que evita matices, que ignora precisiones.

Este uso político del lenguaje parte de un posicionamiento que asume que la audiencia, en este caso la ciudadanía, es ignorante, sumisa y manipulable. Nada más alejado de un proyecto honesto, incluyente y comprometido con los resultados.

 

@MaiteAzuela

TEMAS RELACIONADOS
Guardando favorito...

Comentarios