La indiferencia gubernamental frente a la crisis

Luis Herrera-Lasso

La pandemia nos ha afectado a todos, de una u otra manera; en el empleo, el ingreso y en el menor de los casos, en las consecuencias del confinamiento. La caída del crecimiento económico se explica por el confinamiento al que obliga la pandemia; la desesperanza surge de la ausencia de perspectivas.

El presidente López Obrador no cree en la necesidad del tapabocas; pero tampoco en la necesidad asegurar el ingreso de los mexicanos vía el empleo o de endeudarse para evitar que el confinamiento haga estragos sociales. Con sus decisiones el presidente compromete el futuro del país.

Entre abril y mayo 12 millones de mexicanos dejaron de percibir ingresos. Son cifras oficiales. Sin embargo, el presidente está convencido de que no es obligación del gobierno intervenir en una situación de crisis. Su argumento es muy simple. Los defensores de la libre empresa argumentan que el Estado debe intervenir lo menos posible en la economía. Sin embargo, esperan que lo haga en tiempos de crisis. Él no va a caer en esa trampa. De acuerdo con su lógica, los gobiernos en el mundo que lo hicieron, que fueron la mayoría, se dejaron engañar. Él es más listo que ellos.

Cuando le hablan de la necesidad de las inversiones para reactivar la economía, el presidente argumenta que la economía y el empelo no dependen de las inversiones nacionales o extranjeras. Su argumento es simple. La economía mexicana habrá de reactivarse de abajo hacia arriba. El dinero que se destina a los más pobres incrementa la demanda agregada y dinamiza la economía. No es necesario estar bien con los empresarios ni preocuparse por conservar empleos o generar otros nuevos. Todo se resolverá de abajo hacia arriba.

Además de que la teoría del presidente de cómo reactivar la economía no tiene evidencia científica o sustento histórico, por la forma en que están concebidos y estructurados sus programas sociales no generan empleos formales y su contribución al crecimiento económico vía la demanda agregada es mínima. Para documentar nuestro optimismo, esta semana el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) presentó los resultados de la evaluación de los 17 programas sociales en los que el gobierno federal ha concentrado su atención y recursos. De los 17 programas evaluados, 15 registran incongruencias respecto del diagnóstico del problema; 13 no plantean los mecanismos para medir los resultados que obtendrán los beneficiarios y cinco no tienen claros sus objetivos.

Según los economistas que sí fueron a la universidad, entre los efectos de la pandemia y los desaciertos presidenciales, la recesión económica fácilmente podría llegar hasta 2024. Todo el sexenio.

Un articulo reciente de José Casar, economista de la UNAM, aparecido en la revista NEXOS, señala que de febrero a mayo de 2020, el número de personas en condición de pobreza extrema por ingresos pasó de 22 millones a 38 millones, esto es, del 17% al 30% de la población. Lo más preocupante -señala el autor- es que no existe hasta ahora ningún programa o esfuerzo del actual gobierno federal para contrarrestar esta situación.

El escenario económico y social se antoja aterrador. Sin embargo, para el presidente todo se resolverá con el combate a la corrupción, sus programas sociales y sus proyectos emblemáticos. Dicen los que dicen saber, que en realidad lo más importante en su agenda es mantener su popularidad para que su partido gane las elecciones en 2021 y su poder se mantenga incólume al menos hasta el 2024. ¿Será esto posible?

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