La conferencia de prensa del 24 de mayo de los dirigentes de los tres partidos que componen la coalición “Va por México” -PRI, PAN y PRD- permitió una foto que debe valorarse como símbolo de la naturaleza y proyecto de la oposición partidista hoy. El atril, centro de la imagen, todo furia y fuego denunciando una corrupción que según él está destruyendo a México, lo ocupa el dirigente del PRI; a su izquierda y justo bajo el logo del PRD -supuesto símbolo de una oposición de izquierda- aparece el dirigente del PAN en tanto que a la derecha del priista y bajo el símbolo de la derecha tradicional -el PAN-, se ve al líder del PRD. Los tres con rostro ceñudo que pretende expresar, a la vez, preocupación profunda por las circunstancias nacionales y determinación de salvar a una patrie en danger de la dictadura antineoliberal encabezada por Andrés López Obrador .

El contexto inmediato de la foto son los varios audios de conversaciones telefónicas del dirigente priista que, con un lenguaje tan obsceno como elemental, implica la exigencia y aceptación de transferencias de recursos bajo la mesa de empresarios al PRI en coyunturas electorales o castigos a periodistas no amigables. También es parte de ese contexto la difusión de encuestas que pronostican para las próximas elecciones estatales derrotas en las urnas a “Va por México”, ( El Financiero [09/05/22]).

Finalmente, la foto es también un resumen de la evolución histórica de tres partidos en la última etapa del régimen autoritario que creció a la sombra de la Revolución Mexicana, una etapa de transformación retardada por el PRI hasta donde le fue posible a veces de manera violenta y otras mediante “concertacesiones” con los opositores de entonces, ahora sus aliados.

El PRI no nació para competir electoralmente, las elecciones estaban ganadas de antemano por las buenas cuando simplemente no había oposición o se le cooptaba y por las malas cuando la oposición actuaba como tal como, por ejemplo, el almazanismo, el henriquismo o el navismo potosino. Cuando la sociedad mexicana ya fue capaz de generar opciones partidistas con base social significativa como el PAN o el PRD, entonces el PRI recurrió al fraude masivo y a la “concertacesión” con el opositor menos amenazante. Fue así qué se le reconocieron al PAN sus primeras gobernaturas y finalmente, al cambiar el siglo, su pleno derecho a cogobernar.

El PRD surgió de una amalgama de grupos de izquierda con raíces en el Partido Comunista Mexicano con un desprendimiento de la izquierda del PRI cuando este adoptó la ideología neoliberal como respuesta a la crisis de su modelo económico. El PRD con Cuauhtémoc Cárdenas a la cabeza y con un proyecto anclado en la memoria del cardenismo original, generó una base social popular y resistió el embate de la represión y de una sucesión de fraudes electorales y se consolidó Entonces debió ser admitido en las cámaras federales y reconocido como ganador del gobierno local más importante: el de la Ciudad de México. Sin embargo, la dupla PRI-PAN pudo cooptar a las dirigencias de un PRD que, por otra parte, nuca logró fundir en un todo homogéneo la amalgama de intereses y proyectos que le dieron origen. En 2011 quienes dentro del PRD rechazaron la idea de que el cogobierno PRI-PAN y en menor medida PRD fuera la cristalización de la transición mexicana a la democracia, dieron forma a Morena y en 2018 ganaron la presidencia con la bandera de llevar adelante el cambio del régimen.

Volvamos a la foto ¿qué puede unir tan férreamente a tres partidos que nacieron de proyectos incompatibles? No un proyecto de fondo y que contenga la esencia de sus tres historias sino algo que no alcanza la categoría de proyecto nacional: echar a Morena del poder. Pero ¿para remplazarla por qué? ¿Cuál es su utopía compartida? Aún no la encuentran.

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