Mi casa está en otra parte/Home is Somewhere Else está en IDFA, el festival de documentales más grande del mundo. Es una obra de animación dirigida por dos cineastas de nuestro país: Carlos Hagerman y Jorge Villalobos.

El largometraje cuenta las historias de niños y jóvenes mexicanos con estatus migratorios distintos en Estados Unidos, en riesgo de ser separados de sus familias. Los directores consolidan una variada paleta emocional a partir del respeto a la voz y el punto de vista de quienes viven tres modos distintos de diáspora. La película nos permite pasar de la risa, a la lágrima y de regreso. Teje suspenso, desata indignación, amasa esperanza. Los sentimientos con los que se emitieron esas voces vuelven a vivir en nosotros. El viaje es directo, sin estadística, sin academia.

Conocemos a Jasmine, una niña que inició su activismo a los once años. Nacida en Estados Unidos, Jasmine nos comparte su sabiduría antes de su discurso frente a la Casa Blanca: “lo malo del activismo” nos dice, “es que no sabe uno cuándo parar”. Además, vivimos el amor a distancia de Elizabeth y Evelyn. La paradoja de las hermanas es tener pasaportes cuyo color no empata con sus sueños: quien nació en México quiere vivir en Estados Unidos, pero le es imposible obtener trabajo formal o iniciar su negocio; la que nació en Estados Unidos quiere vivir con su abuela y convertirse en la primera doctora de su pequeña comunidad en Yucatán. Finalmente, El Deportee, un artista de spoken word (poesía en voz alta), cuenta su infancia entre las montañas de Utah. Narra también el incidente que lo regresaría a suelo mexicano, un país que se ha vuelto ajeno.

Carlos Hagerman cuenta cómo Deportee pasó de ser un sujeto documental a un colaborador esencial en muchos aspectos; sus poemas, que mezclan fluida y rítmicamente el español y el inglés, son usados como hilo conductor en la obra.

Brinca Taller de Animación coordinó el oficio de los artistas que arroparon brillantemente las crónicas en otros tres estudios de animación mexicanos: Casiopea, Llamarada y Virus Mecánico. Cada historia tiene su propia estética visual, todas con imágenes bellísimas, confeccionadas sin prisa. A pesar de la multiplicidad de elementos, la destreza de los directores logra consolidar un mensaje sin costuras.

La alta calidad de Mi casa está en otra parte nos muestra la importancia de tener Eficine, el estímulo fiscal destinado a la producción de cine en nuestro país desde el Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine). En una industria bajo presión de generar contenido como si fuese comida rápida, fondos como los del Imcine permiten la creación de películas mexicanas que necesitan espacio, tiempo e independencia. Estas producciones muestran perfectamente cómo se sufren problemáticas sociales con más eficacia que una gráfica o una encuesta.

Directores y productores han diseñado una campaña de impacto para llevar la película a lugares donde se puedan iniciar diálogos transformadores. En Washington DC la historia de Jasmine, fue mostrada a 100 estudiantes de once años mientras que, las historias de Evelyn, Elizabeth y Deportee se compartieron con 200 estudiantes de preparatoria. La película tuvo el efecto esperado de conmover y provocar el debate. La meta final del viaje que sigue la película por localidades en ambos lados de la frontera, es compartir la cinta con congresistas del Hispanic Caucus para inspirar una urgente reforma migratoria.

Investigadora en justicia penal.
@LaydaNegrete

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