En el año 2008 la película de animación Wall-e planteaba un escenario futurista de la humanidad, en el que el hombre, después de haber inutilizado el planeta tierra al llenarlo de basura y desechos tóxicos y agotar los recursos naturales, habita en una nave espacial en la que la vida se desarrolla en un ambiente meramente digital; con personas obesas conectadas permanentemente a sus computadoras, alimentadas por robots y viviendo de manera virtual.

Lo cierto es que aún nos falta para vivir en el espacio; sin embargo, debemos reconocer que hoy en día las nuevas tecnologías son indispensables para realizar nuestras actividades diarias; si bien antes de la pandemia por el COVID19 el internet y los desarrollos tecnológicos ya eran utilizadas por un sector muy amplio de la sociedad, el virus SARS-COV2, que surgió en el año que recién concluyó, aceleró el proceso de digitalización de la humanidad. El 2020 pasará a la historia como el año en que todo cambió.

En ese contexto, de este nuevo mundo digital, que nos obliga a la interconexión y al empleo de plataformas y aplicaciones tecnológicas para llevar a cabo las actividades necesarias y esenciales para nuestra supervivencia, los retos y desafíos en lo que se refiere al tratamiento de nuestros datos personales son considerables, pues, a través de éstas, se registra, utiliza, almacena, difunde, transfiere, entre otros, información que nos concierne y que nos identifica o nos hace identificables como personas.

Todos los seres humanos sin excepción, independientemente de nuestra edad, sexo, raza, o circunstancia de vida, tenemos datos personales, por lo que cualquiera puede ser víctima de un tratamiento indebido por el solo hecho de conectarse a internet y utilizar una app o una plataforma; desafortunadamente la necesidad de obtener un bien o servicio o simplemente comunicarnos nos incita a proporcionar nuestros datos de manera discriminada y sin control alguno, por ello, los ciberataques, los fraudes electrónicos y la violencia digital son cada vez más frecuentes, pero más allá de este tipo de delitos, en la mayoría de las ocasiones, las nuevas tecnologías propician el tratamiento de los datos sin el consentimiento consiente o informado de su titular. Estoy segura de que muchos hemos recibido alguna llamada o mensaje de correo electrónico, para ofrecernos bienes o servicios por parte de alguien a quien nunca proporcionamos nuestro nombre y teléfono. El mercado negro y la venta de los datos personales es evidente.

De acuerdo con lo dispuesto por nuestra Constitución, la información que se refiere a la vida privada y los datos personales será protegida en los términos y con las excepciones que fijen las leyes; no obstante, aun y cuando en México contamos con una Ley Federal y una Ley General en materia de Datos Personales; la observancia de estas por parte de responsables y sujetos obligados dista mucho de ser una realidad.

Por supuesto, al INAI, como órgano autónomo encargado de garantizar el ejercicio del derecho a la protección de datos personales, le corresponderá tomar acciones para ello y para lograr el cumplimiento de las leyes de la materia; sin embargo, ningún esfuerzo vera frutos si en primera instancia los titulares de los datos no reconocen su importancia y toman las medidas básicas y necesaria para protegerlos como es el no proporcionarlos o no aceptar todas las políticas de privacidad. Cuidemos nuestros datos.

Comisionada del INAI.
@JosefinaRomanV 

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