Pandemia Covid19, ¿cambio de rumbo?

José Newman Valenzuela

En los últimos días, semana y media cuando mas, está ocurriendo una muy importante reorientaciòn en el modo de entender y abordar la enfermedad Covid19 producida por el contagio global del virus SARS2-Coronavirus. Esta reorientaciòn surge en Italia a partir de estudios histopatológicos post mortem llevados a cabo en Bérgamo y Milán: hay indicios de que el modo como el virus afecta mortalmente al organismo NO es, como se pensaba, una obstrucción alveolar neumónica, sino una diseminación trombòtica arterio-venosa, más específicamente, una Coagulación Intravascular Diseminada (DIC). 

A estos hallazgos se suma la recientísima experiencia del Dr. Hooman Poor en el pabellón de pacientes Covid19 del Hospital Monte Sinaí a quienes, empezando por una mujer moribunda conectada al ventilador, suministró un anticoagulante obteniendo alentadores resultados. Fue más allá y administró un compuesto denominado tPA que no solo previene los coágulos sino que los rompe. 

Esta presunción va tomando forma, afinando la observación, sumando evidencia, modificando el abordaje clínico en pacientes hospitalizados y críticos y ganando verosimilitud lo que, de confirmarse, derivaría en un cambio de óptica, de rumbo y de perspectiva. 

En meses pasados los médicos chinos habían hecho notar la presencia de coágulos en las arterias pulmonares sin quedar claro si se trataba de consecuencia o causa de la neumonía en curso. Los hallazgos referidos han movido la interpretación de la presencia de dichos coágulos, no son consecuencia de la infección pulmonar sino su causa y no es la enfermedad pulmonar la causa del agravamiento y deceso de los enfermos de Covid19, sino una álgida reacción del sistema inmunológico ante la presencia del virus la que produce hiperinflamación del endotelio de los vasos sanguíneos y entorpecimiento de la circulación y esta la causa de la formación de esos coágulos que al taponar la irrigación sanguínea producen trombosis mortales.

Este importantísimo hallazgo significaría una revolución en el manejo de la enfermedad a base, ya no de antivirales, sino de antibióticos,anticoagulantes y antinflamatorios, destacadamente corticoestetoides. 

Todo cambiaría en un santiamén. El manejo antitrombótico no requeriría ya tanto de ventiladores, ni ucis, ni hospitales sino cama, reposo y medicamentos precisos y oportunos. La vacuna sigue urgiendo pero cabe la espera pues el acertado manejo de la enfermedad evita la muerte. Continúa el combate al contagio pero disminuye la congestión en la solicitud masiva y apremiante de atención hospitalaria y de suficiencia de camas de terapia intensiva, ventiladores y equipos humanos de médicos intensivistas experimentados. Se replantea el regreso a la normalidad. Se recalcula el costo de la pandemia, de los estragos económicos de la desmovilización social y de la reactivación de la economía. Se está ante la posibilidad más a la mano de dejar atrás una epidemia atroz para incorporar un padecimiento endémico mas. ¡No es poca cosa!

TEMAS RELACIONADOS
Guardando favorito...

Comentarios