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Nuevos paradigmas (II)

José Antonio Lozano Díez

En nuestra columna anterior comentábamos que la pandemia ha acelerado los cuestionamientos que muchos intelectuales se hacen alrededor del mundo sobre las limitaciones de los modelos sobre los que hemos construido los sistemas económico y político.

Planteábamos también que llevamos muchos siglos insistiendo en el individuo como centro de la sociedad. Por eso no encontramos salidas a la situación por la que estamos atravesando, todos los modelos parecen ser rebasados y no podemos encontrar en ellos una solución plausible de largo plazo, lo que nos lleva a la necesidad de encontrar nuevas vías.

En la época actual, en distintos foros de pensamiento están surgiendo propuestas novedosas de salida. En nuestras participaciones de estas semanas expondremos algunas de las más importantes.

Hoy hablaremos del comunitarismo, corriente de pensamiento político surgida del pensamiento de distintos autores a finales del siglo pasado como Charles Taylor, Amitai Etzioni, Alasdair Macintyre y José Pérez Adán, entre otros.

Aunque cada uno de estos autores tienen propuestas distintas, todas ellas presentan el común denominador de centrar su interés en las comunidades (entendidas como soberanías intermedias) y sociedades, y no en el individuo.

Los comunitaristas sostienen que a las comunidades no se les da la suficiente importancia en las teorías liberales de la justicia y comprometen las posibilidades de que la ciudadanía participe activamente en el debate público.

Sostienen –por otra parte- que al no estar establecida en nuestras sociedades una manera de decidir entre distintas ideas, las disputas morales se vuelven interminables. Por ello defienden la necesidad de una común concepción del bien compartida por todos los ciudadanos, cuyo propósito es poner el interés colectivo por encima del individual.

La comunidad no solo se establece desde su ubis geográfica, sino de acuerdo a una identidad cultural definida. Por ello, el tipo de justicia que surge desde esta óptica justifica su validez desde ámbitos restringidos y no desde el universalismo.

La tensión entre los derechos individuales y las corresponsabilidades sociales, es un punto esencial para analizar la mayor parte de los problemas éticos de nuestro tiempo: sistema sanitario, multiculturalismo, libertad de expresión, etcétera.

En términos generales, el comunitarismo se considera de izquierdas en lo social y de derechas en lo económico. Defiende la idea de que la verdadera democracia se ejerce desde las comunidades, partiendo de la idea de que el hombre es un ser social por naturaleza, un Zoon Politikón, no un individuo.

Una forma extendida de comunitarismo es el denominado sensible propuesto por Amitai Etzioni, a través de la denominada regla de oro que defiende simultáneamente los derechos comunitarios e individuales de forma equilibrada en una sana tensión: Respeta y defiende el orden moral de la sociedad de la misma manera que harías que la sociedad respetara y defendiera tu autonomía.

Así pues, el comunitarismo es una corriente de pensamiento que se ha extendido en algunos ámbitos durante los últimos años que propone soluciones distintas a las que hemos utilizado para resolver los grandes problemas sociales y políticos contemporáneos. Una propuesta que -como veremos- “se sale de la caja” planteando soluciones distintas a problemas hoy no resueltos.

Se trata de una postura interesante para ser estudiada por distintos actores sociales y políticos.

 

Rector de la Universidad Panamericana/IPADE.
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