¿Un PASO contra la simulación?

Jorge Egren Moreno

El gobernador de Chihuahua envió una iniciativa al Congreso del estado para celebrar elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias para que los partidos políticos elijan a sus candidatos. Según las palabras de Javier Corral, “es una propuesta para darle fuerza y cauce a los que quieren ser parte efectiva de las decisiones de los partidos con los que simpatizan, y no solo votantes forzados; debilita el clientelismo, los arreglos cupulares, los compromisos ominosos previos de las dinámicas grupales”.
 
La propuesta no es innovadora. Las PASO, como se conocen en Argentina, se celebran en ese país desde 2009 y tienen dos propósitos: determinar qué partidos políticos participan en las elecciones generales (los que obtienen al menos el 1.5% de los votos válidamente emitidos en la circunscripción correspondiente) y definir la lista de candidaturas que estará en la boleta.
 
En una misma jornada electoral, los aspirantes de todos los partidos políticos compiten por su postulación y se presentan a las primarias, aún aquellos precandidatos únicos. El voto obligatorio establecido para las elecciones generales también lo es para las primarias. Todos los ciudadanos están obligados a participar en la selección de candidatos, estén o no afiliados en algún partido político y pueden votar por diversas agrupaciones políticas siempre que sea para distintos cargos. La propuesta del gobernador Corral coincide con el diseño de las primarias argentinas excepto en un detalle: sólo serán obligatorias para los partidos y candidatos independientes, como condición para participar en las elecciones constitucionales y no para los ciudadanos, quienes pueden o no participar en esta etapa.
 
Eso se explica porque en Argentina existe sanción para los ciudadanos que no acuden a las urnas. Si el ciudadano no vota en las PASO, ingresa a un registro de infractores y se le aplica una multa, salvo que justifique su inasistencia ante la justicia nacional electoral. De acuerdo con el gobernador de Chihuahua, la propuesta que formula es “veneno puro contra la corrupción, las encuestas infladas, las candidaturas basadas en las estructuras del poder o la utilización de recursos públicos. Es ampliar el universo de electores y tener un piso más parejo”.
 
Javier Corral tiene la razón en al menos una cosa: en México las precampañas abiertas han sido casi una simulación. De acuerdo con el artículo 34 de la Ley General de Partidos Políticos, los procedimientos y requisitos para la selección de precandidatos y candidatos a cargos de elección popular son asuntos reservados a la vida interna de los partidos políticos. Son ellos quienes se autoregulan a través de sus Estatutos o reglamentos internos y, en la mayoría de los casos, establecen un catálogo de métodos de selección: elección directa de militantes o simpatizantes, convención de delegados, designación directa e, inclusive, por sorteo entre su militancia.
 
De conformidad con lo dispuesto por el artículo 226 de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales, los partidos políticos nacionales deben definir el procedimiento aplicable para la selección de sus candidatos, al menos treinta días antes de su inicio. Para la elección de 2018, los partidos políticos optaron, en la mayoría de los casos, por métodos de selección que relegaron la participación directa y abierta de sus militantes. La designación directa por un órgano partidista facultado o una comisión creada para tal fin fue la opción preferida de casi todas las fuerzas políticas.
 
Las precampañas están diseñadas para que los partidos realicen reuniones públicas, asambleas y, en general, todos los actos para que sus precandidatos se dirijan a los afiliados, simpatizantes o al electorado en general, con el objetivo de obtener su respaldo para ser postulados como candidatos a un cargo de elección popular. En los hechos, las precampañas han sido una simulación y, a su vez, una ampliación de las campañas mismas. En ese periodo los partidos gastan dinero y tienen acceso a la radio y televisión sin la necesidad de tener procesos internos abiertos a su militancia. Por esa razón, la propuesta del gobernador Corral es atractiva. Sin embargo, implicaría una reforma mayor que tendría que modificar no solo la Ley Electoral de Chihuahua, sino la Ley General de Partidos Políticos.
 
Además, las PASO no están exentas de críticas. En Argentina se cuestiona su costo, los incentivos para la presentación de candidaturas únicas o la confusión que generan en los votantes. Al importar recetas es importante considerar las particularidades del caso. El sistema electoral argentino tiene al menos dos elementos ajenos al mexicano: el voto obligatorio y la segunda vuelta. Sin embargo, el gobernador de Chihuahua acierta en abrir el debate sobre la democracia interna en los partidos políticos, una materia pendiente en nuestro país.
 

Especialista en asuntos electorales
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