¿Dónde estamos?

Jorge Camacho Peñaloza

Cifras y fechas sobre la pandemia bailan y oscilan al ritmo de las ocurrencias diarias duplicadas en cada intervención de López Gatell. En atención a los números, México tiene hoy aproximadamente 27 mil infectados y más de 2500 muertos. Pero esta información la desmiente, por ejemplo, el dato de que en un solo hospital de Cuernavaca fallecen diariamente por Covid-19 diez pacientes. También es sospechosa la reiteración con que se subraya que el personal médico cuenta con insumos necesarios. Todos conocemos a médicos y enfermeras a quienes ciudadanos donan material de protección porque no hay disponibilidad en hospitales, clínicas y centros de salud. Haber habilitado Los Pinos para alojar a médicos y enfermeras no es material que proteja al personal sanitario de la infección. Políticamente es un recurso, pero México no está para estas cosas si antes no se ha solventado lo imprescindible. Haber elevado la pandemia a una cuestión política se está llevando por delante muchas vidas, además de insultar a los ciudadanos con cifras que no se ajustan en ningún caso a la realidad. El temor con que la jefa de gobierno de la Ciudad de México llama a quedarse en casa, no parece resultado de los datos tranquilizadores que se comunican diariamente en las conferencias de prensa. Da la impresión de que obedecen a que ella, esta vez sí, tiene otros datos que poco se asemejan a los que publicita el Gobierno Federal.

El día pico cambia cada dos por tres, sin saberse a ciencia cierta cuándo será. Quizás el mover constantemente la fecha esté relacionado antes con el anhelo de López Gatell de ganar un premio que con un logaritmo matemático. Algo semejante al bingo. A este paso seguro que acierta. Este es el otro asunto. El logaritmo. Un logaritmo sólo puede establecerse sobre información previa. En México no se han hecho test no se sabe porqué o, mejor, se sabe que no se han hecho porque el programa Centinela no los considera útiles. Sin embargo, en los países que han combatido con eficiencia a la epidemia, los test se han aplicado rigurosa y sistemáticamente. De hecho, lo único que permite enfrentar la pandemia con eficacia es la información que generan. Si no se han hecho test, no hay algoritmo que valga. Por tanto, algo está sucediendo relacionado con un interés político en que lo menos importante es la salud de la ciudadanía. Sólo esta apreciación justifica que no se hagan test, que no se den las cifras reales de muertos, que no se atienda a los datos comprobados de los infectados. No estoy siendo tremendista. En su momento, elogié la confianza que transmitía el subsecretario de salud en sus intervenciones. Hoy, con la información que fluye, no puedo decir lo mismo. Cada vez más hay una disociación entre la información del ejecutivo y la realidad.

La indignación social cada vez es mayor. No es una conspiración de las redes sociales en contra de nadie. Ocurre que todos tenemos información parecida. Sucede que el gobierno sigue ninguneando a los ciudadanos. Acontece que el Presidente ya no tolera esas críticas porque tienen un fundamento de verdad. De otra manera no se comprenden sus últimos desaires que, en caso de ser falsas esas denuncias, no tendrían caso. No se puede gobernar siempre con medias verdades, mentiras y demagogia. En algún momento hay que decir la verdad. La vida de las personas no es política. Las cifras no cuadran. Todo indica que el gobierno no quiere enfrentar la realidad. Hablamos de vidas, no de intereses.
 

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