Se encuentra usted aquí

Instrucciones para acercarse a la obra del fotógrafo Marco Antonio Cruz

19/01/2020
06:49
-A +A
Por:  Alberto del Castillo

Dice el periodista Carlos Payán que Marco Antonio Cruz obtiene sus prodigiosas imágenes con la agilidad y la precisión del lince, y que una vez que lo ha hecho, regresa a su mirada triste y melancólica, que es una singular forma de ver la vida.

Algo de esto aplica para acercarnos a la trayectoria de este gran fotógrafo, una de las referencias claves entender la fotografía mexicana de los últimos cuarenta años.

Marco Antonio tuvo una formación inicial en el campo de las artes plásticas, dotado de una mirada muy entrenada en el campo de la composición y a lo largo de su paso por el fotoperiodismo, recreó una serie de imágenes que se han convertido en algunos de los iconos fotográficos más relevantes de nuestra historia reciente.

La trayectoria inicial del autor en los terrenos del fotoperiodismo y la fotografía documental transcurrió a fines de la década de los setentas y durante los ochentas del siglo pasado y abarcó su paso por varias publicaciones, como las revistas Sucesos e Interviú en lucha, los semanarios de la izquierda comunista Oposición, Así es y el importante diario nacional La Jornada.

En aquella época, Cruz se formó en la Escuela Popular de Arte de la Universidad Autónoma de Puebla (EPA), lo que le permitió adquirir una serie de elementos formales y estéticos que formaran parte de la impronta visual de sus trabajos. Posteriormente, combinó su trabajo profesional como caricaturista político con el oficio de reportero gráfico y fue adquiriendo tanto la destreza técnica como la pausa y el ritmo necesarios para la maduración de una mirada que se expresaría a plenitud en los reportajes y los fotoensayos realizados en etapas posteriores.
Su retiro de la caricatura política a principios de los ochenta dejó abierto el terreno para la transformación de su trabajo como reportero gráfico. En dicha labor, transitó del registro más o menos previsible de la noticia a la construcción de poderosos relatos y narraciones visuales, con una carga expresiva importante y un universo de autor muy personal, que se convirtió en referente para las siguientes generaciones de lectores y de profesionales de la lente.

A finales de los setenta, con la reforma política del Presidente José López Portillo, instrumentada por su Secretario de Gobernación, Jesús Reyes Heroles, el régimen entronizado en el Partido Revolucionario Institucional, el PRI, padeció la pérdida gradual del poder político.

1.jpg
Músicos ciegos en la ciudad de Puebla, 1977/Archivo Marco Antonio Cruz

La oposición comenzó a disputarle al partido de estado los pueblos, continuó con los municipios y las ciudades. De esta manera se crearon las condiciones para una relación distinta entre el Estado y los editores de los medios, con espacios cada vez más grandes para la expresión de la crítica y un replanteamiento en la trama de control y complicidad entre la prensa y el gobierno.

Lo anterior aplica en el caso del trabajo de algunos editores que fomentaron los distintos usos políticos de las imágenes, como Benjamin Wong, Humberto Mussachio, Manuel Becerra Acosta, Roger Bartra, Miguel Angel Granados Chapa y Carlos Payán, como las cabezas más visibles que fueron aprovechando y utilizando las nuevas fisuras y los intersticios abiertos por la nuevas coyunturas después del 68. Con ellos surgió también una nueva generación de fotógrafos, a la que pertenece Cruz, que aprovechó las nuevas coordenadas y reinventó el uso de la fotografía en aquellos años.

El contexto histórico correspondiente a este nuevo lapso presentó diversas aristas: en lo político se produjo la transición del régimen de partido de estado a un sistema político más competitivo, cuya referencia más visible se relaciona con la mencionada reforma política. Entre otras cosas, dicha reforma favoreció la construcción de nuevas relaciones entre los
partidos, la prensa y el Estado, abrió la puerta a la legalización del Partido Comunista y permitió la apertura hacia una serie de actores políticos de distinto signo que venían planteando la transformación del sistema político mexicano.

El trabajo periodístico de Marco da cuenta de una manera muy personal de estos procesos, inserto entre 1978 y 1983 en los medios editoriales de la izquierda comunista, con los semanarios Oposición y Así es y posteriormente involucrado de 1984 a 1986 en la fundación del departamento fotográfico del periódico La Jornada, un diario de centro-izquierda, que contribuyó a la renovación del ejercicio fotoperiodístico durante aquellos años y proyectó sus imágenes a nivel nacional e internacional.

2.jpg
Caricatura política publicada en el semanario Oposición, 1980/Archivo Marco Antonio Cruz

En el mes de mayo de 1986, Cruz comenzaría una nueva etapa que se concentró en la creación de Imagenlatina, una agencia fotográfica independiente que formó nuevos cuadros dentro del fotoperiodismo nacional y luchó durante un par de décadas por proteger los derechos de autoría de los fotógrafos sobre las imágenes. De manera paralela, continuó con su labor fotoperiodística trabajando como freelance para distintos medios, pero también comenzó a incursionar en el desarrollo de una serie de proyectos personales, resultado de varios años de búsquedas documentales generadas en sus primeros años de reportero fotográfico, entre los que cabe destacar: “La hija de los apaches” ( 1986-1987 ), “Contra la pared” ( 1987-1991), “Cafetaleros” (1988-1994) y “Ensayo sobre la ceguera” (1987-2003 ).

Una investigación sobre la obra de este fotógrafo debe trazar dos coordenadas para ir leyendo la trayectoria del fotógrafo: una sincrónica, que tiene que ver con el desarrollo de los trabajos periodísticos enmarcados en sus propios contextos, y la diacrónica, que se refiere a la prolongación en el tiempo de las pulsiones y las intuiciones del autor, las cuales encuentran su desarrollo ulterior y su expresión más lograda en los ensayos fotográficos realizados en décadas posteriores.

3_.jpg
Rosario Ibarra de Piedra. Protesta en la Catedral Metropolitana del Frente Nacional Contra la Represión, 1980/ Archivo Marco Antonio Cruz

En este sentido, las fotografías del autor, divulgadas en todo tipo de espacios, desde la prensa, los semanarios y las revistas ilustradas a la galería, el museo, la plaza pública, las calles, los locales de sindicatos democráticos, partidos de oposición y una multiplicidad de movimientos sociales, constituyen al mismo tiempo un testimonio documental y una creación personal que admiten distintas lecturas y forman parte de la historia visual de nuestro país.

Entre otros de los puntos a investigar sobre la obra del autor podemos preguntarnos por las aportaciones y el significado de la obra de Cruz en el contexto de la historia de la fotografía mexicana de fines de la década de los setenta y los ochenta y nos cuestionamos también en torno a sus aportaciones en el orden de la percepción pública y el imaginario visual de las transiciones políticas en el México de esos mismos años.

En los últimos años participé en la curaduría de la exposición: “Marco Antonio Cruz. Relatos y posicionamientos, 1977-2017” que realicé con los investigadores Laura González y Alfonso Morales en el Centro de la Imagen ( julio-septiembre 2017 ) y en ella pude repensar, matizar y ampliar algunos de los planteamientos desarrollados en torno a la obra de Cruz.

Para investigar a este autor cabe recuperar algunos de los momentos más relevantes de su trayectoria, al tiempo que señalar algunos de los puentes y vasos comunicantes entre el
ejercicio del fotoperiodista cotidiano de medios tan demandantes como Oposición, Así es y La Jornada y la elaboración posterior de varios de sus fotoensayos más logrados, que representan algunos de los puntos culminantes de la fotografía mexicana de la historia reciente.

Finalmente, resulta pertinente destacar los contextos históricos que permean la circulación de las imágenes y les confieren distintos sentidos y significados. En esta beve reflexión insistiremos en la importancia de ubicar y precisar distintos tipos de itinerarios para las fotografías, que en ocasiones implicaron diversos posicionamientos y reconfiguraciones, al transitar del anonimato del archivo a la publicación en las páginas de la prensa y su reiteración en diversas revistas y semanarios, o al reciclarse a través de su uso político en el cartel de propaganda y otros medios de expresión, e incluso, en ciertas ocasiones, a consagrarse en las salas de museos y galerías en México y el extranjero.

De acuerdo a los sugerentes estudios realizados por Luis Jorge Gallegos en torno a los distintas generaciones de fotoperiodistas del México del siglo XX ( Conversaciones con fotógrafos, FCE, 2010 ), Cruz se ubica en un grupo de profesionales que dicho autor ha definido como la tercera generación de fotógrafos, la cual se reconoce con el título de: “Innovadores fotográficos”, compartiendo créditos con otros importantes colegas como Elsa Medina, Francisco Mata, Frida Hartz, Raúl Ortega y Eniac Martínez, cuyo lapso de inicio laboral comprendió de 1979 a 1987 y cuyos autores, a juicio de Gallegos “tuvieron mayor fuerza y vigor en libros, revistas, publicaciones extranjeras y presentando su material u obra en exposiciones”.

Sin negar el contacto e intercambio de Cruz con dicho grupo, puede considerarse que el fotógrafo comparte también nexos importantes con la segunda generación, bautizada por Gallegos como “El grupo forjador de instituciones”, entre los que se encuentran autores como Pedro Valtierra y Christa Cowrie, a los que les tocó, como nos recuerda el propio autor: “asumir responsabilidades y vivir un cambio sustancial en los medios de comunicación y el uso de la fotografía en estos espacios”.

Dicha pertenencia alude a la labor fundacional de periódicos y semanarios, así como a la construcción de agencias fotográficas independientes, temas que se encuentran en el corazón de la propuesta personal y profesional de Marco.

Esta vocación compartida tanto con la generación “forjadora” de instituciones como con la “innovadora” en el terreno de las imágenes nos hace pensar en la conveniencia de re-pensar la obra de Cruz como parte de un movimiento más amplio que se gestó en la segunda mitad de los setenta y a lo largo de la década siguiente y que se construyó a partir del diálogo y la intervención de los propios creadores con los editores de prensa y otros personajes vinculados al mundo de la circulación y la divulgación de las imágenes.

La fotografía de prensa desempeñó un papel muy importante en la transición democrática mexicana del último cuarto del siglo pasado. En este contexto, la obra de Cruz puede ser considerada como un elemento que se convirtió en referente importante para distintos actores sociales y que puede ser objeto de variadas lecturas e interpretaciones al dar cobertura a los grupos que se apropiaron de los espacios públicos y los resignificaron con el sentido de su protesta.

Se trata de ese tipo de imágenes “ardientes” descritas por autores como Didi-Huberman, las cuales condensan una época y nos invitan a re-pensar los contextos y a tratar de descifrar desde otros ángulos el sentido de las luchas políticas y culturales de aquellos años.

Al respecto, no es exagerado plantear que una parte central de la historia del México reciente hay que consultarla en los archivos de los fotógrafos y en las planas fotoperiodísticas, no siempre reconocidas, de sus autores, no como simples recortes de la realidad, sino como pistas, indicios y huellas de la memoria colectiva generada en torno a una época.

En este concierto plural de voces e imágenes, la obra de Marco Antonio Cruz constituye, sin la menor duda, una de las referencias más importantes de la fotografía mexicana y latinoamericana de los últimos años.

4_.jpg
Ensayo visual sobre la prostitución en la ciudad de México, 1985/Archivo Marco Antonio Cruz

Instituto Mora
El Instituto Mora es un Centro Público de Investigación Conacyt reconocido nacional e internacionalmente por la excelencia en la investigación en historia y ciencias sociales, la calidad de los...