El rumor en la sociedad

Hugo Alfredo Hinojosa

I.
 

Afuera está el caos. Desde el quinto piso del edificio donde vivo advierto, a través de los ventanales, cómo la cotidianidad emprende la marcha sin esperar semáforos ni recomendaciones del gobierno. El temor a la pandemia es cosa del pasado, lo fue desde los primeros dos meses, no mintamos. Subsistir a pesar de la tragedia y el declive económico es una labor titánica por demás exasperante. Hasta la fecha, cientos de miles han muerto por la pandemia y dependerá de la religión profesada el nombre del sitio donde morarán esos muertos ahora hechos recuerdos de familias destrozadas. A pesar de la muerte ineludible el mundo gira y sin importar educación o nivel socioeconómico el uso del cubrebocas como salvavidas es despreciado. Un símbolo más que nos enseña cómo la civilidad es una utopía. La estupidez reina por encima de la razón.

Mientras escribo esto, algunos poblados de Tabasco yacen bajo el agua; la gente exige ayuda que no llega y la violencia organizada se corona a lo largo del país. Así, la política nacional indeterminada sucumbe ante su propia indefensión idealista, que no concreta las propuestas ejecutivas presumidas en campaña. Siendo justos, el combate a la corrupción es el único bastión funcional del gobierno que se agota conforme se pierde la validez del discurso oficialista que perdona a unos y condena a otros. En muchos casos el gobierno es un rumor que no forma parte del interés real de la población de a pie, sin embargo, es un mal necesario porque le imprime valor a la moneda con la cual se come.

 

II.
 

"Conferencia en la noche" (1949), obra pictórica del estadounidense Edward Hopper, retrata nuestro momento histórico de contemplación, contrastes y discusiones sociales y políticas con profunda delicadeza. La totalidad de la obra de Hopper impresiona por el manejo de la luz y las sombras apenas sugeridas que otorgan una carga de nostalgia a las escenas que plasma sobre sus lienzos. Las piezas son de una tristeza profunda bajo el contexto existencialista porque rayan en el absurdo gracias a las tareas rutinarias de sus personajes; que esperan, piensan y monologan silenciosas al contemplar el bosque, al amante, las avenidas, la sillas vacías o leen el periódico como un pasatiempo previo a la caída de la noche. Si habitáramos esos lienzos esperaríamos impacientes la consumación de la pandemia.

Los artistas de la posguerra del Teatro Europeo convergen y dialogan con el mundo asistidos por la embriaguez de su soledad. El idealismo del absurdo domina la escritura; el caos y la contemplación a las artes plásticas; y el llanto contenido, en el mejor de los casos, a la música. Vera Lynn sería el ejemplo de una voz que pacificaba las trincheras y al finalizar la guerra seducía a los miembros de la Marina Real Británica. "Conferencia en la noche" forma parte de esa herencia de recomposición espiritual y reconstrucción de la opinión del pueblo frente a su realidad. El lienzo nos presenta a tres trabajadores textiles. Una mujer y dos hombres conversan en un salón donde al fondo se observa una oficina de madera que bien podría ser un confesionario. De la reunión no podemos inferir mucho. La mujer escucha con atención al hombre sentado sobre la mesa y el tercero, que no sabemos si arriba o se marcha, se mantiene a la espera. La luz que entra por la ventana brinda el halo de misterio al hablante que bien podría estar narrando un cuento, planificando un golpe de estado o una rebelión sindicalista.

La fuerza de esta pintura, más allá de su perfección, está en su contexto histórico. En lo que significó para los espectadores culposos vivir atemorizados por llegar a ser señalados como comunistas en Estados Unidos. Los ciudadanos de la época temían al rumor insustancial que los pudiera nombrar como enemigos públicos. Stephen Clark, el mecenas de Hopper, inclusive regresó al pintor su "Conferencia en la noche" previniendo los señalamientos. No quería ser acusado por tener en su poder una pintura que pareciera invitar a la clandestinidad del comunismo. El mecenas sabía que aún en la Tierra de los libres y el hogar de los valientes bastaba el señalamiento de un fanático para llevarlo a la ruina.

Un señalamiento es un rumor público que manipula y guía el odio de la masa hacia una persona o personas. Propicia la cacería de brujas, como bien lo entendió el dramaturgo Arthur Miller con su obra "Las brujas de Salem" que denunciaba la censura ideológica del senador Joseph McCarthy, el cazador de intelectuales comunistas por excelencia en Estados Unidos en la década de los años 50. Desde esa perspectiva podemos entender al mecenas de Hopper, sin embargo, la obra en sí misma no revela más y tan sólo retrata la peligrosa soledad citadina… tal vez revoltosa. Paul Verlaine escribió que “el rumor posee centenares de voces” y hoy vivimos un momento histórico donde las palabras y los discursos tanto de los líderes del gobierno como de las iniciáticas de la Sociedad Civil es ruido puro del cual deseamos huir.

Hoy todo mundo conspira de manera franca. Este constructo de sociedad que habitamos es una edificación arquitectónica que tiene como basamento el ruido de las palabras que provienen de todas partes sin sentido ni objetivo aparente. Somos comunistas que esperan delatar a otros comunistas que nos pueden traicionar en cualquier momento. El rumor nos engaña; nos lleva consigo, nos embriaga, nos convierte en animales salvajes rabiados en constante cacería de nosotros mismos. Atacamos al espejo que opina desde su realidad lo mismo que nosotros, inclusive con nuestras propias palabras.

Cada una de las decisiones sociales y políticas por las que optamos tiene al rumor como herramienta. Así de pedestre es el razonamiento. Diariamente las hordas digitales acechan las opiniones a medias, los lances descorazonados y los errores de unos y otros bandos para lanzarse al ataque. Me parece perfecto porque es un ejercicio de democracia y libertad de expresión digno de estudiarse para que, dentro de 30 años, las generaciones declaren lo arcaico de nuestro sistema de comunicación de inicio de milenio.

Lo que me interesa del rumor es la sordera profunda sin autocrítica. ¿Para qué perder el tiempo escuchando? Si nosotros somos jueces y verdugos de la realidad. Tanto el gobierno en turno como la pseudo oposición, los comentaristas políticos y analistas permanecen desde la barrera señalando errores, articulando interpretaciones vagas por definición acerca de lo que es México.

 

III.
 

El rumor en nuestro mundo es tal que no prestamos atención a las obviedades. No abrimos los ojos más allá de lo aparente de las problemáticas que se enmarcan en los aparatos teóricos de los analistas. Pongo un ejemplo y me atengo a la crítica:

Si bien no hago una apología del crimen organizado vale la pena recordar que seguimos en las celebraciones del centenario del fin de la Revolución Mexicana, en la que participaron bandidos reformados entre ellos Francisco Villa y gran parte de su séquito. México vive una insurgencia gansteril de narcotraficantes que dominan varias partes del país con su revoluciones privadas que validan sus deseos por reformar los principios del Estado Mexicano. Cabe mencionar que, como ocurrió con las autodefensas comunitarias en Michoacán, bastantes criminales se reformaron en apariencia y se unieron a la lucha del gobierno en contra del crimen organizado que ellos mismos comandaron. El Estado purifica al criminal por su arrepentimiento justo como ocurrió hace cien años. Por otra parte, nuestro presidente enaltece y replica los ideales de Francisco I. Madero, a un siglo de su asesinato, así pues ¿hacia dónde se dirige México? Por lo pronto esperemos el sacrificio simbólico o no de un Felipe Ángeles.

No aparecerán Cristeros porque la Iglesia y el Estado eliminaron los límites laicos; la entrada en vigor del T-MEC se presta para el intervencionismo blando de Estados Unidos en México a través del aparato económico. Dentro de cinco años estaremos hablando de la refundación de la idea de Gobierno y la reconstrucción de nuestra identidad política y cultural. El resurgir de la patria a cien años de la unificación del país. Y esperamos con los brazos cruzados el renacer del conservadurismo extremo y de derecha religiosa. Esas obviedades siempre presentes son a las que no se les presta atención. ¿Cómo serán las Bellas Artes nacionalistas del siglo XXI? ¿Cuál será y cómo se dará el proceso de estabilización económica de este siglo? ¿De qué forma se creará la refundación educativa? Lo que no podemos permitirnos es repetir el error de hacer de México una vez más un país exótico que sólo ofrece colores, bailables y bordados a extranjeros. Si somos previsores es momento de generar verdaderos cambios culturales y tecnológicos.

¿Qué pasará con los ciudadanos mexicanos en extrema pobreza en este regreso al pasado? Así como en la Revolución se luchó por unos ideales que poco o nada tenían que ver con las clases campesinas hoy, una vez más, la realidad de la pobreza extrema no tiene importancia y las acciones que supuestamente ayudarán al campo, a las regiones más pobres del país surgen desde la demagogia sin importar los deseos o necesidades de ese pilar de México. Es tiempo, creo, de guardar silencio y dejar que las voces de esa gente llegue hasta nuestros oídos. Olvidemos los índices y las gráficas. No intentemos explicar su realidad desde la nuestra, eso es pecar de vanidad. ¿Cuántas veces más se les puede vender a las personas en extrema pobreza la idea de bienestar?

Es curioso cómo el rumor de la pobreza es un ruido necesario para toda sociedad y gobierno; sobre él se fincan carreras políticas, académicas y periodísticas. La mendicidad es también un rasgo cultural que nos define como país. Si no es así los reto a que demuestren lo contrario. Afuera de las grandes ciudades está el caos. Son lugares donde no reina la intelectualidad y es tiempo de quitarles las armas. Al terminar esta columna presto atención a un reportaje acerca de cómo los pobladores de ciertas regiones de Michoacán hacen zanjas en sus carreteras para intentar frenar al Cártel Jalisco Nueva Generación. Para esos pobladores el gobierno es un rumor sin eco.
 

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