El cannabis sativa, una planta con milenios de historia en diversos usos, ha resurgido en el escenario médico gracias a sus compuestos activos: el tetrahidrocannabinol (THC) y el cannabidiol (CBD). Estas sustancias, conocidas por sus propiedades terapéuticas, han llevado a la creación de extractos artesanales para el tratamiento de diversas condiciones de salud. Sin embargo, la reciente cuantificación química de THC y CBD, así como el análisis bacteriológico de estos extractos, revela la imperativa necesidad de regulación en su producción.

En un que analizó 41 extractos de Cannabis sp., 32 elaborados por asociaciones y 9 por los propios pacientes, se utilizaron avanzadas técnicas de Cromatografía Líquida de Alta Resolución (RP-HPLC) y el método de Gram para medir la concentración de cannabinoides y detectar la presencia de bacterias. Los resultados fueron reveladores y apuntan a la urgencia de establecer estándares en la producción de estos extractos.

Las concentraciones medianas de THC y CBD en las muestras estudiadas fueron 51% y 58%, respectivamente, inferiores a las concentraciones esperadas. Este hallazgo resalta la variabilidad en la calidad de los extractos disponibles en el mercado, lo que puede afectar significativamente la eficacia terapéutica y, potencialmente, la seguridad de los pacientes.

Adicionalmente, se detectó la presencia de un microorganismo Gram positivo, indicativo de Staphylococcus Aureus, en una de las muestras. Este descubrimiento subraya la importancia crítica de la higiene y la calidad microbiológica en la producción de estos extractos, especialmente cuando se utilizan para fines medicinales.

Si bien las asociaciones que elaboran estos extractos desempeñan una función social admirable al proporcionar opciones terapéuticas, es esencial reconocer la necesidad de un control de calidad riguroso. La cuantificación precisa de cannabinoides y el análisis microbiológico deben convertirse en estándares fundamentales para garantizar la seguridad y eficacia de los productos, por mencionar algunas pruebas de control de calidad, sin embargo existen mas controles que deben tomarse en cuenta, entre ellos están los límites de plaguicidas y solventes residuales.

Este llamado a la regulación no tiene como objetivo restringir el acceso a tratamientos alternativos, sino más bien garantizar que los pacientes reciban productos consistentes y confiables. La implementación de regulaciones por parte de las instituciones de salud se presenta como la solución para estandarizar la producción de extractos de cannabis, proporcionando a los usuarios la certeza de que están recibiendo productos de calidad y, sobre todo, seguros para su salud. Cabe destacar que, en muchas ocasiones, el uso de extractos de cannabis va dirigido hacia pacientes inmunocomprometidos, por lo que se deben extremar las precauciones antes de utilizar estos productos.

En México, ya se ha establecido un Reglamento de la Ley General de Salud en materia de control sanitario para la producción, investigación y uso medicinal de la cannabis y sus derivados farmacológicos. Este reglamento detalla la forma en que deben operar los laboratorios de control de calidad. Sin embargo, hasta el momento, no se ha implementado, y aún no hay ninguna entidad que esté llevando a cabo estas pruebas en el país. Asimismo, en la Farmacopea de los Estados Unidos Mexicanos no se encuentra establecida una monografía que indique las pruebas a realizar para este tipo de extractos.

La era del cannabis medicinal requiere no solo de avances científicos, sino también de responsabilidad en su producción. La regulación efectiva se convierte en la piedra angular para consolidar la legitimidad y eficacia de estos tratamientos, abriendo la puerta a un futuro donde la medicina a base de cannabis pueda desempeñar un papel crucial en la mejora de la salud de muchos.

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