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Ofendidos y ofensores

Cultura, modo, léxico, caló frente al puritanismo o simplemente siglos de diferencia en educación, tolerancia, y una sociedad incluyente que discriminó
Ofendidos y ofensores
11/10/2019
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“Disculpe usted señor, fíjese que al subirse, me empujó y me vi en la necesidad de empujarlo también, porque casi pierdo el equilibrio. He escuchado a David Faitelson y José Ramón Fernández, y he aprendido de ellos —de manera rápida— que me debo dirigir a las personas con respeto, a pesar de mi coraje, porque a mis 35 años me tuve que levantar temprano para ir a trabajar y —como se me hacía tarde— salí de mi casa sin desayunar y mis pequeños hijos de apenas dos añitos de edad estaban llorando, porque se les acabó la leche y su mamá y yo no consideramos tener un par de biberones 
de reserva por si esto nos ocurría”.

“Lo entiendo joven, espero que entienda que a mí me empujaron para entrar. No acostumbro a viajar en metro, porque ya estoy pensionado. Gracias a Dios, alcancé a pensionarme a los 65, he visto que ahora quieren que sea a los 68. Sin embargo, en el entendimiento de su circunstancia, pues no se preocupe, debe usted ser por lo menos 30 años menor que yo y a esa edad se es impulsivo”.

“Hágase pa‘llá, pinche puto; allá también hay espacio, pendejo”.

“Ojalá tuviera 30 años menos, para aventarnos un trompo. Así serás bueno, puto”.

Cultura, modo, léxico, caló frente al puritanismo o simplemente siglos de diferencia en educación, tolerancia, y una sociedad incluyente que discriminó, que vivió una Segunda Guerra Mundial por el “racismo” ario. Ese era racismo y no cuentos y golpes de pecho.

A uno, en medio de un coraje, con hambre, después de perder un partido por goleada, pero también contando chistes de Pepito, de putos, de maricones, de pendejos. Apendejados a tal grado de olvidarnos de que somos figuras públicas o que nuestros semejantes merecen respeto y hay millones de niños que aprenden de nosotros los “mayores”.

Qué putos somos todos cuando de hacerle al letrado se trata. ¿Les supo igual el inicio de esta columna que cuando los personajes se olvidaron de las recomendaciones de Joserra, Faitelson o Pietrasanta, quien —como buen chiva— ve racismo y discriminación a la hora de “juzgar” el enfado de Miguel Herrera?

No encontramos un papel y lo estamos buscando en voz alta y decimos: ¿Dónde dejé este puto papel?, dice Paco Gabriel. Cuántas veces saludamos diciendo: “Kiubo putos”, y nos despedimos igual: “Ahí se ven, putos”.

Y entonces somos homofóbicos, porque en Suiza o Europa tienen sociedades incluyentes, pero educadas y no cuentan chistes de personas de color diferente al nuestro, bebedores empedernidos, sexoservidoras o personas que viven enojadas o son ventajosas. ¿O no se dan cuenta? ¿A dónde nos va a llevar este movimiento y en cuánto tiempo?

Me despido, porque otros van a escribir en este diario ejerciendo igual que yo, su profesión.

Digamos que se me acabó este puto espacio. 

@fernando_andere

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