Dice el refrán popular que “Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”, lo que se aplica perfectamente para el caso del agua que consumimos todos los días. Lo anterior viene a colación debido a que, desde hace más de 60 días en la ciudad de Ensenada, B.C., este recurso se ha perdido para una gran cantidad de ciudadanos, que pagamos mensualmente los servicios a la Comisión Estatal de Servicios Públicos de Ensenada (CESPE); organismo estatal que ha venido funcionando deficientemente desde hace varias décadas, debido a su mala administración y al escaso mantenimiento de sus redes hídricas.

Es de entenderse que el agua escasea en todo el norte del país y que en Baja California dependemos de manera muy importante de lo que nos abastece el Río Colorado (entre otras fuentes), lo que a su vez depende de la presa Hoover (Arizona), que ahora se encuentra a una tercera parte de su capacidad. Lo que no se entiende es por qué el agua que nos llega de la ciudad es visiblemente sucia y en ocasiones con olor putrefacto; por qué los medidores digitales que la CESPE nos obligó a comprar ya no se utilizan; por qué la CESPE, en muchos casos, cobra el uso del agua sin hacer la medición correspondiente, y; por qué cuando no entrega este recurso lo sigue cobrando.

Sabiendo que en México la administración pública “hace agua” por todos lados y que su fortaleza no es precisamente la eficacia, los ciudadanos nos hemos acostumbrado a tolerar la gran deficiencia de los servicios públicos del puerto. Pero todo tiene un límite y en Ensenada esté límite ya rebasó lo tolerable, después de que en dos meses algunos de nosotros no recibimos literalmente ni gota de agua a través del sistema de tuberías de la ciudad. Tampoco, en su inicio, se nos dio alguna explicación del problema, ni se nos propuso alguna solución. En medio del caos social que ocasionó este desabasto prolongado, los ciudadanos tuvimos que acudir a empresas privadas para que en pipas nos vendieran el agua.

El tema subió de tono cuando se difundió un video que mostraba una tubería rota (Cuatro Milpas) que surte a la ciudad, desperdiciando el agua a borbotones. Ante esta situación, se le exigió al director de la CESPE que explicara la raíz del problema y su solución. Respondió que el problema venía de las administraciones pasadas (incluyendo la de Morena ), ya que no le habían dado mantenimiento a la red hidráulica y que, prácticamente, 14 kilómetros de tubería necesitaban reponerse en su totalidad. Sin embargo, no tenía dinero para hacer la reparación; las tuberías necesarias no estaban disponibles en el mercado y que, en su caso, el tiempo de reparación sería de siete meses. Provisionalmente, entregaría 1.2 metros cúbicos semanales a cada casa (cantidad por demás insuficiente), a través de pipas que la CESPE contrataría a particulares. El problema llegó a oídos de la gobernadora del estado, quien en una conferencia de prensa prometió atender el asunto de manera urgente para que Ensenada no se quedara sin agua, y reafirmó su compromiso de entregar el agua a las familias a través de pipas.

Después de algunos días con este esquema, otros problemas aparecieron. Primero, quedó claro que no hay suficientes pipas en Ensenada para surtir de manera regular a toda la población necesitada. Segundo, los choferes de las pipas (pagadas por la CESPE) no entregan el agua de manera uniforme y equitativa a los hogares, ya que la venden al mejor postor. Tercero, el precio del agua subió drásticamente debido a la gran demanda, a la desorganización en su entrega y a la falta de supervisión gubernamental. Cuarto, todas las familias nos hemos visto en la necesidad de cuidar y ahorrar el agua en grado extremo.

Esta experiencia me hace reflexionar sobre tres aspectos: 1) el agua es un recurso indispensable para la sobrevivencia, recurso que es muy escaso en el norte del país; en consecuencia, hay que hacer un esfuerzo para educar y concientizar a las personas de su valor y de la necesidad de utilizarla racionalmente, lo que se debe hacer desde los primeros años escolares, 2) el gobierno de la 4T ha demostrado su incapacidad de administrar los bienes públicos, de dar un mantenimiento preventivo a la infraestructura existente y dar un buen servicio a la ciudadanía y 3) la iniciativa privada responde inmediatamente a la oferta y la demanda pero, sin un buen ordenamiento, sus servicios se corrompen.

Agua, educación y buen gobierno es lo que nos falta en México, en el estado y en la ciudad. Ojalá y podamos aprender todos rápidamente de esta mala experiencia y, en consecuencia, a hacer los cambios públicos y privados que las condiciones lo requieran.

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