Uno de los legados del periodo económico de la vida del país, que algunos llaman neoliberal, es el de consagrar la competencia económica en la misma Constitución y fomentar la creación de empresas, preferentemente privadas que permita producir la mayoría de los bienes y servicios ofertados en el país. La fábula del equilibrio de mercado a través de la igualdad entre oferta y demanda dio pie a la liberalización de numerosos mercados, entre ellos el de trabajo, que permite ahora contratar por hora y no por jornada laboral completa. Varias empresas han hecho uso de esta opción, por ejemplo, la cadena de cines Cinemex, que en sus salas hace alarde de responsabilidad social a través del llamado “tren de la salud”, que recorre el país otorgando servicios médicos gratuitos y proyección de películas en comunidades lejanas, pero que paga a sus empleados sueldos auténticamente miserables y por hora efectivamente trabajada, no por jornada completa.

La fábula del equilibrio de mercado descrito en los libros de texto de economía, tanto básicos como avanzados, sostiene que lo mejor que puede hacer cualquier Gobierno en cualquier economía y momento del tiempo, es permitir que las fuerzas del mercado determinen lo que se producirá en la economía y quien debe consumirlo. El mercado, sostienen, encarna las preferencias de la sociedad y asigna valores monetarios a los recursos que en esta contienda entre compradores y vendedores siempre arroja como resultado el óptimo social.

Una entidad, que es una paradoja de la era neoliberal, es la creación de una entidad encargada de supervisar que efectivamente exista competencia económica: la COFECE, creada para evitar que alguien, persona física o moral o el propio Gobierno, atente contra la sacrosanta competencia económica. Dicho sea de paso, los comisionados de este organismo reciben sueldos de auténtico escándalo y, por ser autónomos, no vieron mermado su ingreso cuando se hizo Ley que ningún funcionario público podría tener una remuneración superior al presidente de la república. ¿Conoce usted algún beneficio que la COFECE haya generado entre la población en general? Yo tampoco. En caso de que existan, la entidad tiene mucho trabajo por hacer para dar a conocer los beneficios de su existencia.

Se pueden documentar varios casos donde la entidad brilla por su ausencia. En esta ocasión me referiré a uno concreto y focalizado: el servicio de transporte terrestre vía taxis en la Riviera Maya. En esta zona el sindicato de taxistas tiene un comportamiento de auténtica mafia: cada vehículo debe pagar al sindicato sumas escandalosas para poder tener la licencia de taxi. Así, el taxista cobra para primeramente pagar por el uso de la licencia para poder trabajar. El comportamiento del sindicado de taxistas no es diferente al del crimen organizado: “te cobro para que pueda trabajar”.

Hace algunos años las plataformas digitales, entre ellas la más importante, Uber, han intentado prestar el servicio de transporte en la zona. El sindicato ha reaccionado violentamente agrediendo a choferes de las plataformas y destrozando los vehículos que operan de esta manera. ¿Los funcionarios de la COFECE nunca han vacacionado en Cancún o Playa del Carmen para ignorar esto?

La mayoría de las plataformas digitales no son nacionales sino internacionales. Tal es el caso de Uber y nadie cuestionaría el poder económico que tiene en el planeta entero. El sindicato de taxistas tiene frente a sí a un enemigo al que no puede sobornar como seguramente ocurre con los Gobiernos locales, por lo tanto, tarde o temprano habrá un choque entre Uber y el sindicato de taxistas. Si los Gobiernos, en sus tres niveles, no intervienen para resolver este problema, probablemente la empresa Uber llevará el caso del comportamiento mafiosos y de colusión, anticompetitivo, del sindicato de taxistas de la Riviera Maya, a paneles internacionales en el contexto del T-MEC. Sería vergonzoso que este mercado anticompetitivo tenga que arreglarse por controversias internacionales y no porque internamente lo arreglemos. El problema no sólo es de los tres niveles de Gobierno, también lo es de la COFECE, que dice favorecer la existencia de mercados competitivos, pero que desde su creación no ha hecho algo que convierta al mercado de transporte terrestre privado en uno que realmente sea competitivo.

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