Una mujer contra el mundo criminal

Carlos Seoane

"La adicción a las drogas es el enemigo público número uno de Estados Unidos", decretó el presidente Richard Nixon en 1971 y así dio pie a la guerra antidrogas hoy vigente. Su enfoque está dirigido principalmente hacia los países productores de materia prima, a fin de erradicar el problema desde el origen. Medio siglo después, los resultados de esta política no han producido el éxito esperado.

Por el contrario, la prohibición y la persecución aumentaron el peligro para los proveedores de drogas, lo que repercutió principalmente en el incremento de precios. Con ello, aumentó exponencialmente la capacidad de sobornar a quien fuera necesario. Los precios elevados hacen más atractivo el negocio para los dealers y, sin embargo. los compradores no dejan de consumir. Lejos de desincentivar el negocio, el boom del narco es permanente y las altas cotizaciones son su fuerza motriz.

En México y EU, administración tras administración escuchamos múltiples debates de las causas y consecuencias de los efectos de la siembra, distribución, venta y consumo de narcóticos ilegales. Todos sabemos que las drogas son dañinas, pero la humanidad lleva siglos consumiéndolas y nada cambia la visión de los gobiernos sobre el fenómeno. Nuestro país ha pagado un elevado costo en vidas, mientras los políticos prefieren dejar las cosas como están y no arriesgan su imagen o la pérdida de votos en la siguiente elección.

El presidente Donald Trump ha gastado miles de millones de dólares construyendo un muro en la frontera para “impedir” la entrada de drogas ilegales a su país. Si fuese reelecto (ojalá no), la política antidrogas seguirá exactamente el mismo curso. ¿Cambiarán las cosas si Joe Biden gana la presidencia? La respuesta es no. Su perfil político y edad no dan para el cambio que exigen las circunstancias. Su principal preocupación sería controlar la pandemia para recomponer el crecimiento económico y no el combate al narco mexicano.

En el caso de México, durante los gobiernos del PRI sus operadores gestionaron un relativo control con los cárteles. Lograron una pacificación territorial a cambio de permitirles la exportación y venta de narcóticos, generando ganancias multimillonarias. El PAN perdió este control en la primera década del presente siglo y hoy en día, inclusive con un gobierno emanado de la oposición, seguimos padeciendo dantescos ejemplos de violencia criminal todas las semanas.

Hace unos días y para sorpresa de todos (parece que inclusive de ella misma), Rosa Icela Rodríguez Velázquez fue nombrada como nueva Secretaria de Seguridad y Protección Ciudadana. Tiene formación profesional como periodista y su experiencia en el campo de la seguridad es de tan solo tres años durante el gobierno de Marcelo Ebrard, cuando fue coordinadora del Gabinete de Gobierno, Seguridad y Justicia.

Al igual que muchos otros analistas, no entiendo este nombramiento para una posición tan delicada. A ella le espera una prolongada y forzosa curva de aprendizaje en un año que proyecta ser el más sangriento de la historia reciente. Sin embargo, un brillante colega del gremio de la seguridad que la conoce me dice que ella goza de una buena reputación, que conecta bien con el inframundo criminal, que conoce los códigos subterráneos que pocos intentan descifrar, que sienta límites claros cuando no deben ser traspasados y, por último, que actúa con firmeza cuando es tiempo de hacerse respetar. De ser esto cierto (seré optimista), esperaría que la Secretaría a su cargo se convierta en un enlace de estrategia e inteligencia entre el brazo operativo que son las fuerzas armadas y la Presidencia.

¿Habrá algún cambio en la relación con Estados Unidos en materia de seguridad con su llegada? La respuesta es no. ¿Le significa algo su nuevo nombramiento a la delincuencia organizada en México? Desde luego que no.

Por lo pronto todos debemos desearle mucho éxito en su gestión por el bien de México. Los retos que enfrenta son brutales. Ante la inminente militarización de la seguridad pública, su posición como mujer inexperta en el ramo será cuesta arriba, especialmente en la relación con las instituciones castrenses. Y si acaso la delincuencia organizada se enteró del nombramiento, estoy seguro de que los criminales no cederán ni un milímetro.

Especialista en seguridad corporativa
@CarlosSeoaneN

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