Antes de que el mundo lograra poner fin a la guerra en Ucrania comenzó una nueva guerra. No hay duda de que el nudo ciego en el que está atorado el Consejo de Seguridad de la ONU, el creciente rearme global y la enorme polarización son tierra fértil para que se multipliquen los enfrentamientos armados.

La creciente polarización social se refleja claramente en el conflicto entre Israel y Hamás, que exacerba los ánimos como ningún otro tema del ámbito internacional. Existen otras guerras en el mundo que nadie voltea a ver; en Siria o Yemen mueren civiles mientras escribo estas líneas; en Nagorno Karabaj, hace algunas semanas, presenciamos una limpieza étnica; en Etiopía miles de personas murieron en la reciente guerra; en Sudán, una guerra civil consume a la población. Pero esos conflictos no tienen la atención global que tiene lo que hoy sucede en Gaza.

Los ánimos encendidos por esta guerra en todo el mundo se vuelcan en al menos tres ámbitos: las redes sociales, la política y las calles.

Las redes sociales: Basta abrir “X” (antes Twitter) para darse cuenta de lo que señalo. Poco se habla en ese espacio de lo que sucede en Sudán o Yemen, pero Israel y Gaza son omnipresentes. No se trata de un debate de ideas y argumentos sino de pleitos que oscilan, de forma preocupante, entre comentarios antisemitas y comentarios islamófobos. Mi colega brasileño, Oliver Stuenkel, apunta que la polarización que genera esta guerra en las redes sociales, podría explicarse porque nos ofrece una oportunidad para reafirmar nuestras creencias y prejuicios, y nos permite ver supuestas certezas en un mundo lleno de ambigüedades. Ya sea para el antisemita que ve la influencia de los judíos en cualquier problema del mundo o para el islamófobo convencido de que el islam es una religión más violenta que las demás, el conflicto proporciona elementos para respaldar y alimentar el odio, así como para consolidar prejuicios”.

El anonimato que pueden proporcionar los espacios digitales envalentona a los racistas y xenófobos. Las fake news no solamente pululan en las redes, sino que nosotros parecemos estar en continua búsqueda de ellas para reafirmar nuestras creencias. Además, los algoritmos de las redes sociales dan resonancia a nuestras ideas, nos rodean de comentarios de personas que piensan como nosotros y alimentan la polarización.

La política: Dado al interés social, a diferencia del que reciben otros conflictos globales, los políticos en el mundo han tenido que hablar sobre su visión de lo que hoy sucede entre Israel y Hamás. Y, por tanto, sus bases electorales, con frecuencia sin el más mínimo conocimiento del tema, apoyan la visión de su líder. Entre mayor sea el culto a la persona o partido que se apoya, mayor es la alineación en todos los ámbitos, incluido el internacional.

Quienes llevamos algún tiempo dedicándonos al análisis internacional en México, hemos visto como asuntos de política internacional que antes no tenían mayor impacto en la política de nuestro país, hoy generan férreas batallas. Si se midiera con encuestas la posición de los mexicanos respecto a los temas de la agenda internacional, muy probablemente estarían directamente alineadas con el apoyo, o no, a López Obrador. Este mismo efecto se observa en diversos otros países, en donde los conflictos internacionales buscan meterse con calzador a la visión de la política nacional, o encuadrarse en el trasnochado argumento de izquierdas contra derechas, borrando todo tipo de connotaciones históricas, sociales o políticas del conflicto en cuestión.

Las calles: En Europa, en los días recientes, las calles se han llenado de manifestaciones en defensa de Palestina, cuya población civil hoy vive una tragedia de dimensiones colosales. Las voces en defensa de los civiles palestinos son loables, pero en algunas de esas marchas las manifestaciones antisemitas son verdaderamente preocupantes. Desde un cartel visto en una marcha en Varsovia con la leyenda “mantengamos el mundo limpio”, acompañado de una imagen de la estrella de David en un bote de basura, hasta el preocupante evento de este fin de semana en Makhachkala, la capital de la república rusa de mayoría musulmana, en donde un turba irrumpió por la fuerza en el aeropuerto hasta llegar a la pista y rodear un avión que recién aterrizaba de Tel Aviv, con el fin explícito de acabar con los israelíes y judíos que viajaban en dicho vuelo. Se trató de una auténtica cacería de judíos con imágenes de verificación de documentos que recordaban al Tercer Reich.

Desde el 7 de octubre, 1,400 personas han perdido la vida en Israel y 8,000 en Gaza. La ONU hace un inaudible llamado a una tregua, Israel continúa ampliando sus ataques en el norte de Gaza en donde la ayuda humanitaria llega a cuentagotas y hay cerca de 200 rehenes capturados por el grupo terrorista Hamás. Le pesadilla del ataque de Hamas en Israel y la agonía de la población civil palestina son abominables.

El debate y el disenso son bienvenidos, pero sin xenofobia y racismo. El horror no debe trasladarse a otras latitudes. Esta polarización no traerá la paz sino mayores conflictos y una sociedad autófagica.

@B_Estefan

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