Después del accidente del Metro, ¿qué toca?

Alejandro Hope

Toca deslindar responsabilidades, castigar a los que construyeron con trabes y columnas débiles, y a quienes lo permitieron

Toca mantener los esfuerzos de rescate y respuesta inmediata, hasta que no quede persona sin ubicar, hasta que no haya seres humanos desesperados buscando a los suyos de hospital en hospital y de morgue en morgue.

Toca honrar a todas las personas que murieron, garantizar una compensación digna y suficiente a sus familias, darles el respeto que merecen, ofrecerles un duelo nacional.

Toca atender a los heridos, a los muchos que se debaten entre la vida y la muerte, a los que tal vez queden lisiados de por vida, a las que enfrentarán dolorosas secuelas por meses o años.

Toca aplaudir a los rescatistas, policías y militares que hicieron hasta lo imposible, con equipo precario, para salvar vidas. Lo mismo vale para los vecinos y voluntarios que pusieron lomo y esfuerzo en beneficio de extraños.

Toca hacer una revisión urgente y detallada de la infraestructura crítica de la ciudad y del país, para determinar dónde más hay riesgos, dónde más hay construcciones frágiles, dónde hay amenaza de nuevas tragedias.

Toca dedicar recursos emergentes para atender sin demora las fallas más graves, para que no haya restricciones financieras en el mantenimiento de sistemas esenciales, para que no se caiga a pedazos la infraestructura del país.

Toca cuestionar las prioridades presupuestales vigentes, la austeridad a rajatabla, los recortes a servicios indispensables, la feroz lógica centavera que acaba llevando a un abandono de lo público.

Toca revisar con lupa cada contrato firmado y cada peso erogado en la construcción y mantenimiento de la Línea 12, para determinar quién hizo y quién no hizo, para saber quién cumplió con su deber y quién lo traicionó.

Toca deslindar responsabilidades, castigar a los que construyeron con trabes frágiles y columnas débiles, a los que quisieron ahorrarse unos pesos, a los que se embolsaron otros tantos, y a los que permitieron que ocurriera semejante barbaridad.

Toca fortalecer los mecanismos de control y auditoría en las obras públicas para que estos casos no se multipliquen, para que no se acumulen los errores y las fallas en proyectos donde no hay casi margen de error, donde un peso de menos se acaba convirtiendo en muertes de más.

Toca reflexionar sobre la inequidad de una sociedad, donde las tragedias —llámese pandemia, llámese terremoto, llámese desplome del Metro— le tocan primordialmente a los más vulnerables. En el luto, los pobres siempre van primero.

Toca preguntar por la responsabilidad política de los funcionarios de la actual coalición gobernante, por el hecho de que ninguno deje jamás el cargo —salvo que se vaya a perseguir otro hueso— sin importar lo que hagan, sin importar lo que dejen de hacer. Ejemplo obvio: la directora del Metro. Tres accidentes graves en 14 meses y allí sigue, imperturbable.

Toca cuestionar la estatura moral de alguien que se solidariza primero con el gobierno de la ciudad que con las víctimas, de alguien que mantiene su agenda intacta en medio de una tragedia, de alguien que se queja de maltrato en los periódicos cuando decenas lloran a sus muertos. Creo que saben quién es ese alguien.

Toca enojarse. Toca exigir que esto no se quede así.

 

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