El destino nos alcanzó. Una cartografía de la desigualdad digital en México

Alejandro Espinosa Yáñez

Por: Alejandro Espinosa Yáñez y Griselda Martínez Vázquez (UAM Xochimilco)

La pandemia ha sacudido al mundo. En todo el siglo XXI se aprecia una tasa de crecimiento exponencial, acelerada en 2020 por el hecho social sanitario. La disponibilidad y uso de las Tecnologías de la información y comunicaciones (TIC's) en hogares, con conexión a internet, en 2017 llegaba al 50,9%, en 2018 alcanza 52,9%. Los datos generales ocultan las diferencias regionales. Pongamos el caso específico de la diferencia de acceso en zonas rurales y urbanas, y no menor, la accesibilidad a partir de la distinción entre clases sociales, pensando específicamente en la estructura de ingresos, indicadores educativos y condiciones materiales en que se desenvuelve la vida cotidiana en las viviendas –estratos socioeconómicos-. Esta afirmación la operacionalizamos en un recorrido por la geografía mexicana, bajo la premisa de que la conexión digital no es un hecho uniforme. Presentar el mapa de conexión digital desigual, y los desafíos que implica en lo concerniente al trabajo y la educación, son dos propósitos centrales en la exposición. Así comenzamos la charla en el 3er. Foro de conferencias de Administración y Organizaciones. 2do. Coloquio virtual, organizado por la UAM Iztapalapa (mayo 2021).

En la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH), haciendo un seguimiento anual del 2001 al 2019, la presencia de la televisión se mantiene, la radio tiene una disminución (p. ej. en 2005 había una presencia en los hogares del 89,3%, llegando al 53,9% en 2019), mientras que la conexión a internet era de 6,2% en 2001, llegando al 56,4% en 2019. Una expansión similar se vive en la telefonía, sumando la básica y la móvil, en particular esta última, pasando del 40,3% en 2001, al 92,5% en 2019. Los que realizamos labores docentes asistimos con sorpresa al reconocimiento de que muchas y muchos estudiantes se conectan a las plataformas respectivas para la docencia vía sus teléfonos celulares.

Tomando como eje el año 2019, veamos los datos que proporciona la ENDUTHI. El promedio nacional en acceso a computadoras es de 44,3%, en la conexión a internet es de 56,4% y en lo que hace a telefonía, 95,7%. Pero al distinguir entre condición urbana y rural, mientras que la población urbana tiene un acceso a la computadora de 50,9% la población rural presenta un acceso de 20,6%. En la conexión a internet también hay una diferencia notable, en la que incluso puede haber un subregistro: 65,7% y 23,4% en la población urbana y rural, respectivamente. En la presencia de aparatos de telefonía, un 95,7% y 81,1%, respectivamente en población urbana y rural, hacen uso de esta tecnología. Se aprecia la brecha entre población rural y urbana, con sus consecuencias concretas en la afectación en lo educativo.

Ahora detengámonos en la desigualdad de la conexión digital por estrato socioeconómico, cuyo sustento es la información sobre los índices de marginalidad generados por el Consejo Nacional de Población (Conapo, 2015) y los resultados censales de 2020, así como la ENDUITH 2019, ambos del INEGI. Veamos primeramente la condición en los Hogares solamente en acceso a computadora, internet y telefonía (Fuente: ENDUTIH 2019).

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Casi cinco veces más acceso a la computadora en los hogares y usuarios del estrato socioeconómico alto, frente al estrato socioeconómico bajo. La conexión a internet en los hogares, de acuerdo al estrato socioeconómico, también marca importantes diferencias, ubicándose en una proporción similar. Ahora hagamos una aproximación socioeconómica con mayor detalle, poniendo atención en cuatro entidades, dos con mayor tasa de marginación (Chiapas y Guerrero), y dos con la menor tasa de marginación (Nuevo León y Ciudad de México) y, en cada entidad, los dos municipios y/o alcaldías con mayor marginación y los dos con menor marginación, como se puede apreciar en el siguiente cuadro.

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Esta diferenciación social se sustenta, para el caso de Chiapas, en tasas de analfabetismo que alcanzan el 42,77% (Sitalá) frente a Tuxtla Gutiérrez, con 4,32%, o en Guerrero donde la lejanía con la palabra escrita llega al 56,42% (Cochoapa el Grande), mientras que en Acapulco de Juárez es del 6,01%. Como se aprecia, en las dos entidades con mayor pobreza, a su vez hay diferencias sociales de municipio a municipio. Al problema del analfabetismo hay que sumar la presencia considerable de población sin primaria concluida y condiciones de hacinamiento que, como ha demostrado fehacientemente la contingencia sanitaria, dificulta los procesos de aprendizaje, así como exacerba la violencia intrafamiliar.

En las entidades con mayor fortaleza económica también se presentan diferencias sociales. En Nuevo León, en el municipio Mier y Noriega, la tasa de analfabetismo alcanza a 13.94% de la población y un 39,66% no concluyeron sus estudios primarios, en tanto en San Pedro Garza García el analfabetismo es del 0,89% y la población sin primaria concluida alcanza al 4,99%. En la Ciudad de México, en la alcaldía de Milpa Alta, 2,92% de la población es analfabeta y un 10,48% no concluyeron la educación primaria, mientras que en la alcaldía Benito Juárez el analfabetismo es del 0.67% y la gente sin estudios primarios llega al 2,49%.

En este breve recorrido podemos señalar que en la cartografía nacional destacan las diferencias de entidad (es) a entidad (es), y al interior de cada entidad, de municipio (s) a municipio (s). Las grietas en algunos casos se han cerrado un poco (en los municipios con más recursos, estrictamente en la conexión digital, el resto de las diferencias sociales están presentes), pero permanecen. Resaltan los hogares con déficit en computadoras, sin acceso a internet o con problemas ordinarios de conectividad. Sumemos a esto la alta presencia de analfabetismo, estudios primarios inconclusos y hacinamiento, lo que dificulta o impide la labor docente, ensanchando la pobreza y la anulación social. La falta de condiciones materiales y subjetivas reedita la metáfora de V. Woolf sobre El cuarto propio, realidad presente no solamente para las mujeres, en general para los pobres, excluidos y/o limitados de lo básico en lo material y del acceso a la conexión digital, en este nuestro tiempo en que la conexión digital es esencial.
 

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