La primera etapa de esta nueva aventura de Marvel explorando el formato de serie televisiva (y ahora en directo gracias a su plataforma Disney Plus) terminó el miércoles pasado con la transmisión del último episodio de Loki, la tercera de esta nueva triada (Wanda Vision, Falcon & The Winter Soldier) de series ligadas al llamado MCU.

De las tres la que sale mejor librada es Loki, y lo hace justo porque a diferencia de las otras dos, es la que más innovó en la narrativa de lo que un producto Marvel en teoría debe de ser.

Si, claro, el gimmick de WandaVision sobre el homenaje a las sitcoms clásicas de los 50's y 60’s era llamativo y hasta innovador. El problema es que el juego no daba para más de dos capítulos de repetición del mismo truco, hasta llegar al último episodio donde el guión finalmente decía algo interesante sobre el luto y la muerte, temas por demás profundos para el nivel que usualmente maneja Marvel.

Por su parte, Loki no sólo presume de un diseño de producción extraordinario, que cuida hasta el más mínimo detalle, que lo usa no solo como vil escenario para sus personajes sino que crea atmósferas ominosas, cosa también nueva en un producto de la marca.

La fórmula Marvel usualmente implica la elección de un género cinematográfico al cual se le adapta un personaje o grupo de personajes. Así, Guardians of The Galaxy es una comedia, Captain America: The Winter Soldier es un thriller político (o al menos eso intenta), Ant-Man es una buddy movie y Avengers Endgame es una película de viajes en el tiempo.

Loki desafía esta fórmula. Lo que adopta no es es propiamente un género, sino una historia. Loki es El Mago de Oz de Marvel.

Luego de la famosa batalla de Nueva York, Loki roba el teseracto en  Avengers Endgame (2019) y escapa del lugar sin que sepamos su rumbo. En esta serie nos enteramos que es capturado por la TVA (Time Variance Authority) y es juzgado por “alterar la sagrada línea del tiempo”.

La TVA es una especie de policía del tiempo -inspirada claramente en una oficina burocrática a la usanza de Brazil (Gilliam, 1985)- que cuida que no haya alteraciones a la línea temporal única. Cuando algún individuo altera esa línea, los agentes de la TVA lo capturan y usualmente terminan “podándolo”, es decir, desapareciendo de la existencia.

Ese era justo el destino de Loki pero un empleado de alto rango en la TVA, Mobius (Owen Wilson) le propone un trato al “Dios del engaño”. Resulta que hay un villano que está matando a los agentes de la TVA y no han podido capturarlo. Mobius le propone a Loki que le ayude a capturarlo y a cambio lo regresará a su línea de tiempo.

Hasta aquí, la serie parece ser un clásico buddy cop movie, pero es hasta el último episodio donde queda claro de qué se trata esta serie.

En el episodio 3, Lamentis (que es el mejor de la serie), nuestro protagonista se encuentra con la responsable de los asesinatos, se trata de Silvie, que no es sino una variante del mismo Loki, una Loki de otra línea temporal. Ellos se encuentran atrapados en un planeta a punto de perecer y la tableta con la que saltan en el tiempo se ha roto.

Desde este episodio y en adelante, la serie toma otro tono. Estamos ante una especie de live action de Rick & Morty, los personajes tratan de huir de este paraje inhóspito, se cuelan en un tren, se emborrachan y hacen algo que usualmente no sucede en el universo Marvel (o que, cuando sucede, sucede mal): hablan, platican, sostienen extensas charlas que no son aburridas sino que establecen una atmósfera particular.

“¿Qué es el amor? el amor es una daga…”

Y es aquí donde el tono de la serie se vuelve por demás oscuro. Loki, famoso por ser el embaucador, el despreocupado, el antihéroe del universo Marvel, aquí parece entrar a un estado de crisis existencial donde ser un dios deja de ser relevante, donde la muerte se presenta como una posibilidad y, lo peor, donde la vida eterna deja de tener sentido alguno.

No es común que un guión escrito a tantas manos (Bisha K. Ali, Elissa Karasik, Michael Waldron, Eric Martin y Tom Kauffman) no se convierta en un caos. Tampoco resulta común que un guión para una serie de superhéroes sea pleno en largas charlas entre los personajes: Loki con Mobius, Loki con Silvie, y ambos con el misterioso “He Who Remains”.

(Ojo, a continuación hay spoilers)

En los últimos dos episodios, el ADN de El Mago de Oz (1939, Fleming, Cukor, Leroy) se hace evidente. Cuando los protagonistas finalmente conocen a los guardianes del tiempo y estos resultan ser un engaño: animatronics avanzados, carentes de toda la mística que supuestamente los rodeaba.

La crisis existencial se agudiza. ¿Qué es entonces la TVA?, ¿quién decide que un evento es una violación a la línea de tiempo?

Las respuestas llegan en el episodio final, cuando Loki y Silvie platican con el misterioso “He Who Remains” quien resulta ser el verdadero mago de esta Oz. La escena no es sino otra larga platica, bien filmada y mejor actuada (Jonathan Majors crea un excelente personaje) que nos remite no sólo a la clásica plática entre Dorothy (Judy Garland) y el verdadero Mago de Oz (Frank Morgan), o la también extensa charla entre Neo (Keanu Reeves) y el Arquitecto (Helmut Bakaitis).

En todas estas pláticas el héroe descubre algo que cambia su entendimiento de la realidad. En este caso, no es sino la puerta del multiverso la que se abre: la posibilidad de que múltiples versiones de los héroes que ya conocemos, convivan en las mismas aventuras. Un truco viejo en el mundo del cómic, pero que en el mundo del cine era complejo por temas contractuales y de derechos, pero que ahora gracias a que Disney es dueño de medio planeta, es posible construir.

Las anteriores no son las únicas referencias a El Mago de Oz: la puerta con la cual se transportan a diferentes líneas de tiempo es de color amarillo, como el camino que llevaba a la Ciudad Esmeralda. Dicha ciudad se parece mucho a Asgard, la ciudad natal de Loki y que aparece brevemente en una ilusión óptica creada por el “Loki clásico” (enorme Richard E. Grant). Y por último, el uniforme de los agentes de la TVA (con su casco y su chaleco antibalas) guarda cierta semejanza con los monos voladores de la Oz original.

Por cierto, en El Mago de Oz, el personaje que mueve los hilos (interpretado por Frank Morgan) se llama Profesor Marvel.

Por último, es necesario mencionar el trabajo de Tom Hiddleston. De todo el universo Marvel probablemente es el que mejor se mimetiza con su personaje. Y aunque muchos dirán que eso pasa con Robert Downey Jr., lo cierto es que su personalidad fue la que terminó definiendo al personaje y no al revés.

En el caso de Hiddleston, su Loki es una construcción más personal, con matices, que ha cambiado en todo este largo trecho y que ha estado ahí, desde los inicios del famoso MCU.

El final de la serie -tengo entendido- ha provocado decepción entre los fans acérrimos de Marvel. Cierto, es un cliffhanger doloroso, pero es de notar que se trata de la única serie de esta primera triada en tener continuación.

Robando la atención de productos tan intrascendentes como Black Widow (2021), Loki es casi una anomalía en el MCU: una serie cuya manufactura se sale de la receta habitual y que gracias a la actuación de Tom Hiddleston se convierte en un producto que se antoja ver más de una vez.
 

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