Las razones de que México haya entrado a un círculo vicioso para hacer reformas legislativas necesitan un análisis. El nuevo partido dominante, Morena y su coalición, han llegado a un extremo de sacar reformas como si fueran tacos al pastor. Violentan los procedimientos legislativos y luego se empeñan en decir que todo se hizo de forma legal.

El llamado “sábado negro” del senado (28-29 de abril), cuando la coalición oficialista se cambió de sede porque la oposición había tomado la tribuna, fue una experiencia que no puede pasarse por alto. Ya se sabe que la dinámica de no negociar se ha impuesto en Morena y que la oposición no ha podido o, quizá, no ha querido, presentar un frente alternativo importante, salvo para bloquear reformas constitucionales. Así, Morena con su cerrazón y el bloque opositor con una toma de tribuna que derivó en un lamentable espectáculo de circo, llevan al país a un mayoriteo con muchas irregularidades e ilegalidades.

Si vemos el contenido de las reformas se puede apreciar un paquete de 20 aprobaciones, que ahora los opositores van a impugnar ante la SCJN. Parece que no todas, lo cual pone en duda si el procedimiento irregular fue solo para algunas aprobaciones y no para otras, ya lo sabremos pronto. En ese vendaval de reformas vimos de qué forma la Presidencia de la República estableció el poder con la agenda y la demostración de unidad en torno al líder. AMLO dejó claro quién estaba al mando. Por eso pudimos ver a una bancada que, con obediencia ciega, sin conocer una buena parte de los proyectos, los avaló y los votó como ordenó el líder. ¿Para qué queremos legisladores preparados y con pensamiento propio si se dedican a votar sin conocer qué votan? Con estas experiencias sabemos que la única forma de que el poder legislativo sea un contrapeso democrático es mediante un gobierno dividido, en donde no haya mayorías aplastantes. Ese debería ser uno de los objetivos de la oposición para 2024. Ahora la SCJN tendrá que enderezar el barco y regresarnos a la legalidad, esperemos.

Un caso cercano es lo que pasó con la ley de ciencia. Después de incumplir con los acuerdos de un parlamento abierto en siete sesiones, sólo se realizaron dos, se hizo un dictamen, que apresuradamente se aprobó por los diputados y también en el Senado. Hay una gran inconformidad de las diferentes comunidades científicas del país que han expresado sus diferencias con una legislación a la que se le califica de bipolar (Jorge Alonso): por una parte, tiene un lenguaje incluyente y supuestamente democrático y, por la otra, una serie de mecanismos verticales y controles que son los que se aplicarán para manejar la política científica del país. Hay una carta que circula en change.org, que ayer tenía ya 10 mil 950 firmas, en el cual se establecen algunos de los factores de inconformidad: “disminución y disparidad de la representación académica”; agenda de investigación dictada por el Conahcyt; conflictos laborales y contractuales; “invasión a los derechos de propiedad intelectual”; eliminación de la meta del 1% del PIB para ciencia y tecnología; “terminología sin contexto legal”; “futuro incierto para las nuevas generaciones de científicos”; “invasión a las competencias estatales, municipales y demarcaciones”. El pasado jueves 3 de mayo la directora de Conacyt hizo, en la mañanera, una exhibición de su conflicto con el CIDE y mostró un cuadro que llamó “CPI neoliberales: desvíos de funciones. Redes de intereses creados”, en donde ubica y coloca una supuesta red, con nombre propios e instituciones, para descalificarlos. Intimidante y peligroso este tipo de muestras de la autoridad, pero al mismo tiempo, con mucha claridad sobre la lucha ideológica y de poder. Muy al estilo 4T, el que no se disciplina, malo y el que piensa diferente, peor.

Sin duda, la 4T ha legislado de esta forma porque lo puede hacer, porque tienen el poder de hacerlo, así como han propiciado la parálisis del Inai, una nefasta decisión que violenta el derecho a la información y a la privacidad de datos personales. A pesar de todo, ya llegan los tiempos para corregir y reconstruir. Como vimos ayer, es el tiempo de la SCJN…

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