A las 8:15 horas, Yanet Cortés deja el Hospital Juárez de México; recién terminó su jornada laboral como enfermera encargada del turno de la noche en el servicio de Ortopedia de esta unidad médica, hoy reconvertida para atender a pacientes con

Si la joven tiene un día laboral complicado, sólo recuerda que desde niña quiso ser enfermera como su papá.

“Mi papá es enfermero. De niña siempre me llevaba a su hospital, quise ser como él, me sentía orgullosa de ayudar a muchas personas. Ahora él está en casa por su edad, que es un factor de riesgo. No está en el frente de batalla, pero yo sí, y pensar en él me da ánimo para seguir atendiendo a los que se contagiaron con el virus”, cuenta Yanet a EL UNIVERSAL.

En el área de transfer del segundo piso, Yanet se quita la bata y botas quirúrgicas y se dirige a los vestidores sin quitarse los goggles, duante el trayecto relata que la pandemia por la que atraviesa México se ha convertido en uno de sus principales retos como profesional de la salud.

“El primer día fue de pánico. Uno ve las noticias, los reportajes de otros países y ve la mortalidad acelerada. Exponerte a un virus genera pánico, más cuando manejamos un kit que incluye la bata.

“Antes el traje completo hacía que nos deshidratáramos más rápido y nos costaba respirar, me generó claustrofobia. Lo más difícil en esta pandemia es superar la muerte de los pacientes. Se deterioran casi en tres días, fallecen muy rápido”, detalla.

Yanet llega al hospital a las 19:30 horas, se pone el equipo de protección y se prepara sicológicamente para entrar a su turno.

En el vestidor se coloca la mascarilla N95 y habla con sus compañeras. Cuando atraviesa el área de transfer, se convierte en una líder: da actividades a 10 o 15 enfermeros, a tres camilleros y al personal de intendencia.

Afuera de terapia intermedia se encuentra José Antonio Castelazo Arredondo, jefe de Anestesia en la unidad médica. Antes de la pandemia, su trabajo lo desarrollaba en el área de quirófano brindando el apoyo anestésico, pero con la reconversión su labor se dirige a los pacientes graves que están en terapia intensiva.

“Nos encargamos de las intubaciones difíciles. De estos pacientes, los que más atendemos son con sobrepeso u obesidad mórbida, que son por definición vía aérea difícil.

“En otro apartado estamos en los traslados, conformamos un grupo de cuatro o cinco elementos: inhaloterapia, enfermería y camilleros. Nos encargamos de trasladar a los pacientes de la unidad de Urgencias a rayos x y de ahí a Terapia Intensiva, sin dejar de dar asistencia respiratoria”, indica.

Con la pandemia por el coronavirus, José recordó sus inicios como residente, cuando le tocó atender a pacientes con VIH.

“Nos dejó muchas enseñanzas enfocadas al cuidado personal de nosotros como médicos. Esta pandemia nos dejará más aprendizaje para evitar contagios”, señala.

En el tercer piso, el camillero Juan Manuel describe los nervios que sintió cuando recibió al primer paciente con coronavirus que ingresó en el hospital.

“Sí, estábamos nerviosos. El señor venía de Sinaloa, estaba en la frontera y vino a ver a sus familiares. [Recuerdo que] eran como las 20:00 horas, uno se pone nervioso porque no sabe cómo ponerse el equipo, pero se atiende igual que a los demás”, comenta.

En el piso en el que hasta hace unos días sólo se atendía a personas convalecientes del virus, pero que ahora, debido al aumento de contagios, hay camas ocupadas por pacientes graves, José Antonio Fernández, neurólogo de profesión y encargado de esta área, afirma que México vive una guerra y que el personal de salud es el ejército que la combate.

“Nuestros abuelos o bisabuelos tuvieron que enfrentar guerras, nosotros enfrentamos una guerra en el hospital y todos los demás enfrentan una porque no pueden salir de casa.

“Lo mejor que tienes que hacer es mantenerte tranquilo para trabajar a gusto y salir avante”.

Convencido de que el mundo no regresará a la normalidad, llama a todos los mexicanos a modificar su educación y a reforzar las medidas sanitarias.

“Nunca vamos a regresar a la normalidad, esto no se va a quitar sólo por decretar una fecha, va a tardar meses, si no es que años.

“Vamos a tener que aprender a vivir con este virus y mantener las medidas de higiene.

“Al gremio les diría que estamos en una etapa histórica. Frente a una nueva epidemia, debemos seguir preparándonos para estar en el primer frente de batalla”, concluye el especialista.

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