Bruselas.— Los científicos vienen denunciando desde hace tiempo la amenaza que representa la economía de los plásticos para el planeta. Tan sólo tres cuartas partes de los desechos marinos en los mares del mundo son de plástico y la mayoría proviene de fuentes terrestres.

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De continuar con el comportamiento actual, no sólo los residuos de plástico que acabarán en los océanos se triplicarán para 2040, sino que será imposible afrontar de manera eficaz la triple crisis que vive el planeta: la climática, pérdida de biodiversidad y por contaminación y proliferación de desechos.

En síntesis, “la economía de los plásticos es fuente de una contaminación sin límites. Asfixiando los ecosistemas. Calentando el clima. Dañando nuestra salud”, dice Inger Andersen, directora ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

Para hacer frente al desafío, con repercusiones económicas, sociales y medioambientales, la Asamblea de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, que reúne a 193 Estados, echó a andar el año pasado un Comité Internacional de Negociación con el objetivo de diseñar un instrumento jurídicamente vinculante que aborde la contaminación plástica a través de acciones urgentes e intervenciones eficaces a lo largo de todo el ciclo de vida del material.

La segunda de cinco reuniones previstas tuvo lugar en el cuartel general de la UNESCO, en París, del 29 de mayo al 2 de junio, con la participación de 2 mil delegados, incluyendo autoridades de gobierno y miembros de la sociedad civil. Se realizó en vísperas del Día Mundial del Medio Ambiente, este 5 de junio.

No basta con reciclar

Ahí, en la plenaria convocada para avanzar hacia un tratado que será histórico, Inger Andersen fue insistente en su discurso: “Para salir de este lío no basta con reciclar. La infraestructura de reciclado es incapaz de hacer frente a los volúmenes actuales. Invertir simplemente en botes más grandes y en más personal para que lo transporten no solucionará el problema”.

Afirmó que sólo eliminando con determinación el plástico innecesario, rediseñando completamente los productos que envolvemos en plástico y trasformando totalmente el mercado para reducir drásticamente el flujo de plásticos vírgenes, la comunidad internacional podrá hacer frente a esta problemática.

“Una transformación total que reduzca la excesiva dependencia de la sociedad del plástico. Una transformación que cree nuevos modelos de negocio y oportunidades de mercado, porque no se trata de luchar contra los beneficios, sino contra la contaminación”, subrayó.

Crear el instrumento que rescate el planeta no será fácil y el tiempo disponible para lograrlo es limitado. La Asamblea de la ONU fijó como objetivo elaborar un texto con el que todo el mundo esté de acuerdo para finales de 2024, un año antes de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Océanos que se celebrará en Niza.

El enfoque de mayor alcance lo defiende la Coalición de Alta Ambición para Acabar con la Contaminación por Plásticos, formada por 58 miembros, incluyendo México, Chile, Colombia, Japón, Nigeria y la Unión Europea.

El objetivo común es acabar con la contaminación por plásticos para 2040, limitando el consumo y su producción a niveles sostenibles. Apuestan por un enfoque circular y por un tratado que fije criterios y normas generales de diseño, durabilidad, reciclado y seguridad. Consideran además fundamental eliminar los plásticos problemáticos, incluso mediante prohibiciones y restricciones, así como el establecimiento de mecanismos para los compromisos, los objetivos y los controles a lo largo del tiempo.

Un acuerdo de alcance más limitado es promovido por grandes productores de plástico, como China, y exportadores de gas y petróleo, como Estados Unidos y Arabia Saudita. Dan mayor prioridad a la acción nacional. La apuesta de Washington es promover el reúso, aumentar la recolección y gestión, reducir la producción de plásticos de un solo uso y sensibilizar al público sobre la reducción de residuos en las vías fluviales.

Un planteamiento similar hace el International Council of Chemical Associations, organismo con sede en Arlington, EU. La asociación que representa 90% de las ventas globales de químicos apuesta por la optimalización, el reciclado, el rediseño, la armonización metodológica y la flexibilidad para que los países puedan adaptarse a los marcos regulatorios, aunque rechaza la adopción de controles obligatorios a escala mundial.

La producción global de plástico ha pasado del millón y medio de toneladas en 1950 a 460 millones de toneladas en 2019. Gran parte del crecimiento de los últimos 20 años estuvo impulsado por el aumento masivo de la producción de plásticos de un solo uso para envases y bienes de consumo, que representan la mitad de los residuos plásticos generados. Está previsto que la producción se duplique en las próximas dos décadas.

Océanos basureros

La invasión plástica ha terminado por convertirse en un problema a escala planetaria debido a la incapacidad de las naciones para gestionar los volúmenes generados. De las 9 mil 200 toneladas de residuos plásticos generadas desde 1950, menos de 10% se ha reciclado, 14% se ha incinerado y 76% ha parado en vertederos o en el medio ambiente. Si la comunidad de naciones se atiene exclusivamente a los compromisos actuales, se estima que la contaminación por plásticos se reducirá en sólo 8% de aquí a 2040.

Este escenario comprometerá aún más el futuro de la salud pública, así como de los océanos, hoy convertidos en importantes almacenes de basura plástica. En la Unión Europea se estima que alrededor de la mitad de los residuos marinos son plásticos de un solo uso, en tanto que por producción e incineración se emitieron alrededor de 850 millones de toneladas de gases de efecto invernadero en el mundo. Los científicos estiman que las emisiones podrían ascender a 2 mil 800 toneladas para 2050.

“El Tratado Mundial es una oportunidad única para resolver la crisis de los plásticos. Que tenga éxito o fracase depende de si los gobiernos son lo suficientemente audaces como para garantizar que el Tratado consiga lo que la ciencia dice que es necesario: limitar y reducir progresivamente la producción de plástico”, afirma Angélica Carballo Pago, responsable de la Campaña Global sobre Plásticos de Greenpeace.

La organización subraya que la salida a la crisis está en la adopción de sistemas de rellenado y de reutilización. El punto de arranque debe ser la eliminación progresiva de las aplicaciones más innecesarias y los polímeros más problemáticos.

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Toxicidad, el otro problema

Advierte que el reciclaje no debe considerarse una solución a la crisis de contaminación. El estudio “Tóxicos para siempre: La ciencia en las amenazas del reciclado de plásticos para la salud”, con fecha del 24 de mayo, alerta que la toxicidad del plástico aumenta con el reciclado.

Haciendo referencia al Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, sostiene que los plásticos contienen más de 13 mil químicos, de los cuales más de 3 mil 200 son considerados peligrosos para la salud humana. Según el informe, los plásticos reciclados suelen contener niveles más elevados de sustancias químicas, algunas tóxicas, cancerígenas o que pueden provocar cambios en los niveles hormonales naturales del organismo.

“La industria del plástico, incluyendo las empresas de combustibles fósiles, petroquímicas y de bienes de consumo, siguen presentando el reciclado de plásticos como la solución a la crisis de la contaminación por plásticos. Pero este informe demuestra que la toxicidad del plástico aumenta con el reciclado”.

“Los plásticos no tienen cabida en una economía circular y está claro que la única solución real para acabar con la contaminación por plásticos es reducir masivamente su producción”, afirma Graham Forbes, de la oficina de Greenpeace en Estados Unidos y titular de la Campaña Global sobre Plásticos.

Políticas de recogida separada, medidas para incentivar un comportamiento responsable de los consumidores, normas sobre envases, restricciones de bolsas de plástico en establecimientos, directrices específicas relativas a los 10 principales plásticos de un solo uso, entre otros, forman parte de las soluciones hasta ahora introducidas por la Unión Europea para atajar un reto que ha ido creciendo exponencialmente en las últimas décadas.

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