Bruselas.— Durante la crisis de la enfermedad por coronavirus es crucial que los jóvenes y adolescentes no se sientan solos, debido a que factores como el cierre de escuelas y el distanciamiento físico pueden estar causando estrés, angustia y ansiedad, sentimientos que podrían conducir a problemas futuros como depresión, conductas agresivas y baja participación escolar y social.

Para contener esos riesgos, especialistas consultados por EL UNIVERSAL destacan la importancia de la comunicación entre padres e hijos, la continuidad del contacto con amigos y maestros, así como el fortalecimiento de las capacidades del trabajador social y los servicios de salud mental dirigidos a brindar apoyo y protección en hogares, escuelas, y las instituciones de cuidado y de justicia.

Piden poner los reflectores particularmente en los más vulnerables, en aquellos que antes de la aparición del coronavirus eran víctimas de negligencia, violencia física, sexual y sicológica, y prácticas como el matrimonio infantil y las uniones tempranas. El reto a reponerse de la crisis a la vuelta a la normalidad será aún mayor para este grupo, debido a que el Covid-19 exacerbó los peligros que ya afrontaban.

Zeinab Hijazi, especialista en salud mental y apoyo sicosocial de UNICEF, afirma que si bien las medidas restrictivas introducidas para frenar la pandemia suponen un desafío para todos, pueden ser particularmente difíciles para los adolescentes, quienes en esta etapa de desarrollo dependen en gran medida de sus compañeros para el confort emocional y el desarrollo social.

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Sostiene que UNICEF todavía no cuenta con datos a largo plazo sobre el impacto sicológico de Covid-19 entre los adolescentes, pero décadas de investigación alertan sobre los posibles riesgos de por vida asociados con estrés interpersonal prolongado y el aislamiento social durante la adolescencia.

Un estudio preliminar arroja luz sobre el impacto infringido por el coronavirus entre jóvenes latinoamericanos. La encuesta basada en 8 mil voluntarios, muestra que una cuarta parte ha experimentado ansiedad y un 15% depresión durante la pandemia.

“Con el cierre de escuelas y las medidas de distanciamiento físico en todo el país, la vida de niños y jóvenes ha cambiado considerablemente, dejando a muchos sintiéndose ansiosos y aislados”, señala. Los impactos son más severos en los jóvenes que se encuentran en situaciones vulnerables a causa de la pobreza, la pérdida de ingresos familiares o problemas de salud mental, abunda Anne-Sophie Dybdal, quien es la principal asesora en protección infantil de Save the Children.

Muchas de estas personas reportan sentirse tristes, desesperadas, molestas y con dificultades para mantener la esperanza en el futuro, así como están expuestas a la soledad, un fenómeno que supone un grave riesgo para la salud, tanto física como mental.

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“Los estudios globales de Save the Children y otros han demostrado que a corto plazo las tensiones emocionales en los jóvenes pueden conducir a un mayor ais- lamiento y pasividad. La depresión es un riesgo real y puede llevar a decisiones irracionales, como el abuso de sustancias o al acoso en las redes sociales”, advierte Dybdal. A largo plazo, documentos de UNICEF alertan sobre las consecuencias de impactos prolongados en la salud mental.

“El precio a pagar en términos de enfermedad y discapacidad para los adolescentes por una mala salud mental es devastador, la mitad de todos los trastornos mentales se desarrollan antes de los 15 años y 75% durante la edad adulta temprana”, indica Hijazi.

“La mayoría de las 800 mil personas que mueren por suicidio cada año son jóvenes y el suicidio es la tercera causa principal de muerte entre los jóvenes de 15 a 19 años”, añade. Sostiene que la magnitud de los impactos a largo plazo en la salud mental de los padres que perdieron su empleo, los adolescentes que abandonaron para siempre la escuela y las víctimas de violencia familiar, apenas comienza a manifestarse, lo que pone a los adolescentes en un riesgo aún mayor.

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Sumando fuerzas

No hay una fórmula exacta para ayudar a los jóvenes a superar esta época en la que el mundo ya no es el mismo que conocieron. Pero lo que sí tienen en claro los expertos, es que es posible ayudarlos a mitigar los efectos.

“Es vital que los jóvenes sigan teniendo acceso a amigos y maestros, que conserven sus redes de socialización y continúen teniendo oportunidad de interactuar. El insomnio, los cambios en el apetito, las molestias físicas son otros impactos que los padres y otras personas deben tener en cuenta”, dice Dybdal. Los padres también desempeñan un papel fundamental, resalta Mathijs Euwema, director de International Child Development Initiatives (ICDI), una organización con sede en Leiden, Holanda, y especializada en el desarrollo sicosocial de niños y jóvenes que crecen en circunstancias difíciles.

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El sicólogo infantil considera que la comunicación, la interacción, las actividades de recreo conjuntas, la creación de rutinas y la paciencia ayudan a mitigar los impactos. Pero antes de todo, precisa, los padres deben primero contener el estrés que causa en ellos la pandemia.

Igualmente, los gobiernos están llamados a la acción. La experta de UNICEF señala que se requiere invertir a largo plazo en las capacidades de atención de la salud mental de niños, adolescentes y las familias.

“Los países deben dar a este tema la inversión que se merece, expandir drásticamente los servicios de salud mental y el apoyo para los jóvenes en las comunidades y escuelas, estableciendo y ampliando los programas de cuidado para garantizar que todos los niños, especialmente los más vulnerables, obtengan el apoyo y la protección que necesitan”.

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Oportunidad

Mathijs Euwema ha trabajado con niños en zonas de conflicto y en las situaciones más adversas posibles, y es con base en esa experiencia que asegura que la pandemia no tendrá como saldo una generación perdida.

“Hay informes que muestran que los jóvenes padecen hoy más problemas sicosociales, así como han aumentado las llamadas a los números telefónicos de ayuda, con testimonios de jóvenes que están teniendo dificultad. Entre más dure, particularmente el cierre de escuelas, la situación será más complicada para ellos”.

Pero también, continúa el investigador, muchos jóvenes están encontrando la manera de abrirse paso. Pone de ejemplo el caso de Holanda en donde 30% dicen estar teniendo dificultades por medidas restrictivas, como el toque de queda a partir de las 21:00 horas, mientras que el resto dice estar bien.

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“Cuando escucho a la gente decir que esta será una generación perdida, les respondo que esto se ha escuchado siempre al paso de las generaciones en muchas partes del mundo y nunca se ha hecho realidad, los niños y los jóvenes tienen una gran capacidad de recuperación y superar este tipo de dificultades”, asegura el investigador. Incluso, considera que para muchos jóvenes la emergencia sanitaria puede traducirse en una experiencia enriquecedora.

“El enfrentar situaciones difíciles nunca antes experimentadas puede tener consecuencias positivas, al aprender nuevas formas de comunicación con otros y maneras de salir adelante. Mientas las escuelas no permanezcan cerradas por años, estoy convencido de que cuando volvamos a la normalidad, los adolescentes retomarán sus actividades y lograrán superar los obstáculos que hoy enfrentan”, destaca Euwema.

“La atención debe centrarse en quienes estaban ya en una situación vulnerable, particularmente en los países en desarrollo, en donde estamos recibiendo reportes de que debido a esta pandemia los matrimonios infantiles nuevamente están al alza”, apunta.