Confesiones bajo tortura: una pandemia que va desde Bielorrusia hasta México

La reciente autoinculpación del disidente Roman Protasevich es considerada por muchos como resultado de la tortura del régimen del presidente bielorruso Alexander Lukashenko. Pero no es la única: este modelo de conseguir confesiones es un mal bastante extendido en el mundo

Confesiones bajo tortura: una pandemia que va desde Bielorrusia hasta México
Foto: EFE
Mundo 07/06/2021 13:14 Juan Diego Rodríguez/El Comercio/GDA Actualizada 18:54
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La televisión estatal de Bielorrusia se convirtió en el arma que el régimen autoritario de Alexander Lukashenko utilizó para calmar las aguas y desacreditar al periodista y bloguero opositor Roman Protasevich.

En el colmo del sinsentido, en la entrevista que duró hora y media, el muchacho de 26 años confesó haber provocado las marchas en contra del presidente Alexander Lukashenko y lo elogió.

Todo apunta a que sus palabras fueron obtenidas a través de “abusos, torturas y amenazas”. Así declaró el padre del chico: “Lo quebraron y lo obligaron a decir lo que necesitaban”.

Quien también se sumó a las quejas fue Svetlana Tijanovskaya, líder opositora recordada por tentar el sillón presidencial y actualmente exiliada.

¿Qué sucedió para que el disidente cambiara de postura de manera tan radical?

Según ella, los videos en los que se ve a Protasevich -quien fue apresado luego de que el gobierno bielorruso ordenara que el avión en el que viajaba se desviara de su ruta original y aterrizara en Minsk, capital del país-, fueron hechos “bajo presión”.

Amnistía Internacional, por su lado, ha destacado que el régimen de Lukashenko tiene un “historial de abusos contra quienes critican pacíficamente sus acciones”.

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Por ejemplo, en agosto del año pasado, 30 mil personas fueron detenidas arbitrariamente luego de participar en protestas electorales. Esos arrestos dejaron cientos de denuncias de “tortura y malos tratos”.

Además, hay quienes fueron “condenados a pasar muchos años tras las rejas, solo por manifestarse pacíficamente”.

Sobre la entrevista en cuestión, AI dice que la confesión pudo haber sido “obtenida usando la fuerza y que Sofia Sapega”,pareja de Protasevich y también opositora, pudo haber sido arrestada para presionar al disidente.

La tortura, un mal que persiste 

Cuando se habla de tortura se hace referencia a “todo acto por el cual se inflige intencionadamente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero, información, una confesión”.

Con eso en mente, la Declaración Universal de los Derechos Humanos la prohíbe, así como cualquier forma de crueldad o humillación, a lo que se le sumó la Convención contra la Tortura, firmada por 156 países.

Sin embargo, en los últimos cinco años, Amnistía Internacional la ha detectado en 141 naciones.

France 24, por ejemplo, ha compartido información de que, en China, “opositores, abogados, periodistas y activistas de derechos humanos” fueron obligados a confesar “crímenes contra el pueblo y el Estado”.

Al mismo estilo que Lukashenko, estas “falsas confesiones son grabadas en video y difundidas en horario de máxima audiencia” en la televisión del Estado.
Un caso que menciona el medio es el de un periodista inglés que, luego de ser excarcelado y regresar a su país, supo que el video seguía transmitiéndose.

“Entonces, decidió denunciar a la cadena china ante la Ofcom, autoridad reguladora del contenido emitido en Reino Unido, un caso delicado que podría traer consecuencias políticas de gran alcance pues retirarle la licencia a CGTN se consideraría un ataque directo a China”.

Pero no todos los casos se dan dentro de regímenes autoritarios.

Según Amnistía Internacional, en lugares como Filipinas y México, “la tortura es práctica generalizada y habitual en las comisarías de policía”.

Mientras que, en Marruecos, Sáhara Occidental y Uzbekistán, “los tribunales a menudo se basan en confesiones que las personas acusadas han hecho mientras las torturaban”.

“Y en Nigeria, las palizas y los simulacros de ejecución son solo algunos de los métodos de tortura a los que las personas deben enfrentarse cuando son detenidas”, agrega la ONG.

Un caso revelador en México

Una de las víctimas más recordadas de los últimos años es Claudia Medina, oriunda de Veracruz, México. En el 2012, ella y su esposo fueron “sustraídos de su domicilio” por la Secretaría de Marina, y, durante 36 horas, fueron torturados.

El portal del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez anota lo siguiente:

“[Ella] recibió amenazas, asfixia, descargas eléctricas y tortura sexual [...] Cuando la amenazaron con hacer daño a sus hijos, ella dijo que se autoinculparía de formar parte del Cártel de Jalisco Nueva Generación”.

Y firmó la autoinculpación sin saber lo que decía el papel.

Más tarde, las fuerzas del orden los presentaron junto a otras cinco personas acusadas de lo mismo, y ella fue trasladada a una dependencia en donde no se registraron las lesiones que presentaba, hasta que terminó en el Centro Federal de Readaptación Social.

“El 5 de mayo del 2014, el caso de Claudia se hace público, mediante una campaña contra la tortura sexual hacia las mujeres detenidas”, anota el Centro.
Recién en el 2015, un juez retiró los cargos contra Medina.

Según Amnistía Internacional, casi todas las personas corren riesgo de ser torturadas, pero existen grupos más vulnerables que otros.

Entre ellos están los pobres o quienes pertenecen a un “grupo sometido a discriminación”, niños y niñas, minorías étnicas o religiosas, opositores políticos. Las mujeres también son blancos frecuentes.

“La violencia sexual es una forma de tortura utilizada como arma de guerra por todas las partes del conflicto, como ocurrió en Ruanda, en los Balcanes, Colombia o la República Democrática del Congo”, escribe AI.

Y agrega: “El extremismo violento, en países como Irak, también somete a las mujeres a malos tratos, violencia y esclavitud sexual”.

agv/acmr

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