Es la doctora Tania Leticia Tello Divicino, de 43 años. Ella es internista en el Hospital General de Chilpancingo. Hace tres meses tuvo que dejar de lado su especialidad, nefrología, para dedicarse a tratar pacientes infectados por el SARS-Cov-2. Igual que a miles de doctores en todo el país, la pandemia le cambió la vida: ahora se define, al igual que otros de sus colegas, como “covitóloga”.

En una apertura emocional que no suelen compartir públicamente los médicos, la doctora narra su experiencia en el área Covid. Habla de su intimidad, de sus sentimientos, sus frustraciones, y su estrés postraumático, la misma angustia que viven todos los médicos mexicanos que están en la primera línea de combate al coronavirusa…

Quién quiere estar ahí...

-Soy médico de primera línea en Chilpancingo. Ha sido un reto muy grande, muy difícil de afrontar. Ha sido muy estresante para la mayoría de nosotros. Una situación de emergencia. El estrés al principio era por pensar que no pudiéramos enfrentarlo adecuadamente. Es enfermedad nueva. Cambió todo.

Cambió el ambiente laboral. Mucha gente se fue. Son de grupos vulnerables que se podían enfermar y morir. Los demás nos quedamos a tratar de hacer lo que podíamos con los enfermos. Hemos tenido todas las camas ocupados a partir de la segunda semana de mayo, que nos empezamos a saturar. El equipo médico nos preocupaba. Lo considerábamos insuficiente. Queríamos más gente en el área, pero no es sencillo encontrar especialistas, quién va a decir: “Yo me contrato para ir ahí”. Justamente es donde nadie quiere estar en este momento. Mucha gente de la población médica trató de no estar ahí.

Las alarmas, los pitidos incesantes, y el drama...

-¿De pronto empiezan a sonar las alarmas de uno y otro paciente, doctora?

-Sí. De pronto intubas a uno aquí y el otro ya se está poniendo grave en otra sala, y pues corres a intubar al otro y a montar otro ventilador acá, porque ya se nos terminaron los ventiladores que estaban ocupados. Afortunadamente a todos los pacientes que han necesitado ventilador les hemos puesto ventilador inmediatamente.

-¿Y los pacientes?

-Es muy dramático ver al paciente ahogarse. La tos y las falta de aire, porque el oxígeno les baja muchísimo. Es un poquito frustrante para nosotros saber que a pese a todo lo que tratemos de hacer pudiera el paciente fallecer en las próximas horas. Se ponen muy graves, la verdad, muy graves (dice con mirada de pesar).

Nosotros estamos acostumbrados de gravedad, neumonías, complicaciones de VIH, cancer pulmonar, hemorragias pulmonares, pero no es lo mismo que el Covid. El Covid es muy agresivo porque es muy rápido todo. Los pacientes de pronto te están explicando, “Doctora, llevo tantos días”, te explicando y de pronto viene una disnea, una falta de aire mayor y todos se viene abajo en un instante.

Toma un respiro la doctora y continua:

-Nosotros entramos un equipo de cinco médicos por turno con unos 30 pacientes. De pronto empiezan todos a desaturar, a bajarles la oxigenación, y: “Ahora entuba a este a acá, y entuba al otro”, y todo mundo andamos corriendo. Una sola entubación requiere aproximadamente una hora de trabajo con el paciente: oxigenarlo, entubarlo, sedarlo, verificar que quede bien acoplado al ventilador.

-Las alarmas sonando…

-Uno está atento si suenan las alarmas de los signos vitales. El problema es cuando la alarma es el mismo paciente. Cuando es el paciente el que te está gritando: “¡Doctor, doctor! ¡No puedo más, ya me cansé!” Ellos mismos son los que más estresan. Las alarmas ya sabemos cómo manejarlas, ya sabemos qué hacer. Cuando un paciente está alarmado es una situación de estrés por saber que esta persona está con esa sensación de ahogamiento y de muerte. Esa parte es la que a nosotros nos preocupa. Detectar a tiempo que ellos no lleguen a estar en esa situación, que sean ellos los que nos griten que casi ya los entubemos.

El féretro y la incertidumbre...

-Con las familias nosotros estamos muy impactados en el tema de las emociones, porque sabemos que un paciente que entra al hospital es probable que no salga más, que pueda salir en un féretro. Por eso creo que mucha gente ha evitado venir a los hospitales, porque saben que pueden quedarse solos y no quieren dejar a su familia.

-¿Y ustedes cómo lo llevan afuera?

-En esta familia tenemos dos médicos Covid: mi esposo y yo. Y tenemos hijas pequeñas. Igual no puedes tener mucho apoyo de la familia por el tema del confinamiento, como para decirles: “Te llevo a mis hijas a tu casa”. Nosotros lo que hemos hecho es no caer en pánico. Nos protegemos lo más que podemos con el equipo de protección bien colocado, con pasos adecuados, y tomando todas las medidas.

-¿Demasiada carga emocional?

-Eso sí. Eso sí. Creo que hemos tenido que aguantar muchas emociones. Yo en lo personal mucha frustración por (se detiene un instante)… Yo quisiera ver que mueren menos. Hay un porcentaje no despreciable de pacientes recuperados, pero yo quisiera que fuera más alto, que muchos más hubieran sobrevivido esta enfermedad, porque me ha tocado ver familias que pierden más de una persona: estaba el papá hace una semana y ahora llegó el hijo. O el yerno. He tenido que autoregularme, buscar la manera de ser más tranquila en el sentido de no latigarme a mí misma, de no decir: “A lo mejor lo estamos haciendo mal”, y saber que lo hacemos lo mejor que podemos hacerlo. A algún paciente le implementamos un protocolo y le va muy bien y a otro no le va nada bien.

-El estrés… -menciono.

-Yo la verdad he tenido pesadillas (dice, mientras coloca su mejilla derecha descansando sobre su puño derecho). Me sueño allá dentro del área. Con pacientes que me están hablando, así de repente, de la nada. Tengo insomnio a veces. Igual mi esposo. Estoy preocupada por qué va a pasar, por cuánto tiempo nos falta para estar en esto. Quisiera tener un poco de certeza, de saber: “Falta un mes, faltan dos meses”, pero la verdad creo que faltará más tiempo. Estoy viendo que las cosas no van a mejorar, por lo menos otras ocho semanas mas. Yo no veo el fin de esto. Creo que nos queda todo el año (calcula mejor).

-¿Cómo relajarse, desconectarse?

-Se trata también de desconectarte cuando puedes y dejar una tarde el teléfono para no destrozarte emocionalmente, pero esto sí nos ha cambiado a todos: lo veo en mis compañeros y en mí. Todos estamos actuando distinto. Todos estamos recelosos entre nosotros. Ya no te les acercas, ya no tenemos esas interlocuciones y sesiones largas. Sí considero que si esto se prolonga mucho vamos a tener muchos trastornos emocionales, que quizá ahorita no se vean, pero quizá a la larga sí.

Se toca el cuello, la nuca con la mano izquierda y retoma:

-Por ejemplo, el cansancio físico ya se nota ahorita. Ya muchos estamos cansados, llevamos tres meses y cachito en la pandemia. Ya ahorita algunos han tenido que ser separados un rato de las áreas Covid para poder tomar un respiro de siete o diez días, en lo que te vuelves a meter al rol.

-Es duro estar ahí adentro, en el área Covid… -le digo.

-El problema es que esto esa como un monstruo de siete cabezas, que cada día te muestra un reto distinto. El otro día un grupo de médicos, enfermeras, camilleros, casi entran en un golpe de calor por el equipo de protección. Tuvieron que ser evacuados del área rápido. Alguien que se iba a desmayar adentro del área, porque este equipo te lastima, te deshidratas, no puedes tomar agua, nada…

La doctora Tania Leticia Tello Divicino concluye la entrevista vía Zoom con un mensaje para los incrédulos y los temerarios, que acaso es súplica:

-Que se difunda lo que vivimos porque sí me preocupa que todavía noto que mucha gente no cree que la enfermedad exista. No necesitan que alguien se les muera para que la crean. Hay pacientes que no creían y ahí están, enfermos. Siempre hay un insensato por ahí, pero como que aquí son muchos. Quizá la campaña de los gobiernos tuvo que ser más fuerte, pero bueno…

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