Súper tortugo, al recate de la golfina

Súper Tortugo las protege desde hace 13 años; depredadores venden 12 huevos en $20, afirma

Súper tortugo, al recate de la golfina
En su campamento de El Carrizal, Manuel Gómez Galena libera cada año entre 20 y 30 mil tortugas; calcula que los depredadores se llevan unos 10 mil huevos al mes, y aclara que éstos no son afrodisiacos, como se cree. Foto: SALVADOR CISNEROS. EL UNIVERSAL
Estados 26/01/2019 05:31 Arturo de Dios Palma Actualizada 14:42
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Billy corre: mueve sus pequeñas patas a la velocidad que su cuerpo le permite. Busca el horizonte, entrar al mar. La espuma de la ola lo envuelve y lo arrastra hacia dentro. Gana apenas unos centímetros; sigue en la arena. Se repone, se enfila y otra vez vuelve a patalear. Corre. Corre. 

Es una de las 50 tortugas golfinas que fueron liberadas el penúltimo sábado de diciembre en la playa El Carrizal, en Coyuca de Benítez, en Guerrero. Un niño proveniente de la Ciudad de México le dio ese nombre.    

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Billy fue la primera que entró al mar y con eso ganó su segunda batalla. La primera la consiguió cuando se libró de las manos de los depredadores de huevos de tortuga que abundan en estas playas.

A Billy le faltan muchas batallas: sólo 2 por ciento de las tortugas liberadas sobreviven y vuelven a la playa donde nacieron; el 98 restante muere en el pico de un ave, asesinada por un cangrejo, en el estomago de un tiburón, enredada en la red de un barco pesquero.

Si logra superar todo esto continuará estando en peligro: El Carrizal, donde posiblemente regrese, es una de las playas de Coyuca de Benítez donde cada año matan unas 600 tortugas.   
 
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En 2007, Manuel Salvador Gómez Galena se convirtió en un cazador de depredadores de huevos y tortugas.  Desde entonces, recorrer de playa de El Carrizal. Lo hace en su cuatrimoto, con unas bolsas, una lámpara y de vez en cuando con su arma. Su labor no es suficiente, no se da abasto para cazar a tantos depredadores.

En la playa de El Carrizal se ven los pasos de los depredadores: entre la maleza hay caparazones sin tortugas, nidos saqueados, algunos por los perros otros por el hombre.

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Hace unos años, Manuel encontró dos casas abandonadas que fueron convertidas en mataderos. Manuel descubrió estas casas por informes de los propios vecinos, pero le informaron tarde: cuando entró por primera vez a una de esas viviendas las encontró llenas de caparazones. Ahora las visita frecuentemente, pero aún así encuentra tortugas asesinadas. 
 
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Un día, comenzó a escucharse una leyenda: los huevos de tortuga son afrodisiacos. “Muchos se fueron con la finta porque tarda horas el macho arriba de la hembra. Pensaron que comiendo huevos les iba pasar igual. Pasa todo lo contrario. El huevo de tortuga lo que tienen es mucha grasa. Cuando lo comes sientes es una pesadez. Lo único que haces es meterle una bomba a tu cuerpo”.

En El Carrizal comerse la tortuga era algo ancestral, que sólo se daba en momentos específicos. Pero nunca se comercializaban ni los huevos ni las tortugas.  

En la temporada, Manuel ha contabilizado la salida de apenas 5 mil tortugas a desovar. La comercialización y la falta de protección están incrementando la depredación de los huevos y las tortugas.

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Los depredadores llegan a las playas a las 11 de la noche y en tres horas se llevan unos 2 o 3 mil huevos. O unas una o dos tortugas.

La mayoría de los depredadores son de otros pueblos, que llegan a las playas de El Carrizal, Mitla, Los Moyotes, Playa Azul, la Barra. 

Los depredadores venden los huevos y la carne de las tortugas. Una docena de huevos la pueden vender en 20 pesos; mientras que una tortuga destazada hasta 500 pesos.

La cifra de depredación no es exacta. Manuel tiene algunos indicadores que pueden dar una idea de lo que está sucediendo en El Carrizal: en su campamento cada año libera de 20 a 25 mil tortugas. Manuel calcula que al mes se llevan unos 10 mil huevos.

Para detectar las tortugas depredadas, acude al sentido común: cuando sólo se ven las líneas de salida que dejan cuando se arrastra, eso quiere decir que un depredador se la llevó.

En las playas de Coyuca al día a veces encuentran una o dos marcas solamente de salida. Al año unas 600 tortugas son las no pueden marcar sus líneas de regreso al mar.  
 
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Cada vez recolectar huevos y proteger la tortuga es cada vez más difícil para Manuel. Es integrante de la Mesa Guerrerense para el Cuidado, Protección e Investigación de la Tortuga Marina.

El primer año que comenzó con la protección de la tortuga, lo hizo con un equipo, al siguiente decidió hacerlo solo. A su restaurante llegaron personas diciéndole que uno y después otro de los integrantes de su equipo les fueron a ofrecer huevos e, incluso, tortugas.

Este camino no ha sido fácil. Una, hay desinterés y las autoridades estorban más de lo que ayudan: no hacen un operativo para detener depredadores desde 2011 pero sí multan a los campamentos.

Desde 2015, al campamento de Manuel, Nautilius, la Profepa lo multó y perdió el permiso para recoger y anidar los huevos.

Ese día, acaba de terminar una temporada de cultivo de tortugas y además había sufrido el paso del fenómeno mar de fondo, todo estaba desordenado. Manuel no se encontraba y los inspectores le dieron la peor evaluación sin escuchar razones.

 “La protección de tortugas más que un asunto legal es de conciencia. No puedo dejar que se lleven las lleven, solo porque no tengo permiso”, dice. 

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